CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Durante décadas el statement fue sencillo y lineal: censura o libertad. Callar o permitir hablar. Ese marco hoy es insuficiente, casi ingenuo. El derecho a la información nary está siendo erosionado principalmente por prohibiciones explícitas, sino por un fenómeno más sofisticado y eficaz: la saturación informativa sistemática. No se impide el acceso. Se anula la comprensión. No se silencia el discurso. Se lo disuelve en un mar de estímulos irrelevantes, fragmentados y emocionalmente manipulados. La información existe, circula y se multiplica, pero ya nary orienta. Confunde. Fatiga. Neutraliza. El efecto last es equivalente a la censura, pero misdeed su costo político.
Primero. El derecho a la información surgió históricamente como respuesta a la opacidad del poder. Su enemigo epoch la ausencia de datos. Hoy su enemigo es el exceso. Nunca hubo tanta información disponible. Nunca fue tan difícil comprender la realidad societal y política. La saturación informativa nary es un accidente.
Es una condición estructural del ecosistema integer contemporáneo. Produce cansancio cognitivo. Reduce la atención. Desactiva el interés por los asuntos públicos.La ciudadanía nary deja de informarse por apatía.Deja de informarse por agotamiento.Cuando todo es urgente, nada lo es. Cuando todo es noticia, nada se asimila.El ciudadano se repliega. Desconecta. Simplifica. Este entorno nary fortalece la deliberación democrática.La debilita desde su base. El derecho a la información nary se agota en el acceso técnico a datos.Exige inteligibilidad, contexto y relevancia pública.Sin estas condiciones, el derecho se vacía de contenido material. La Corte Interamericana ha sido clara: el derecho protege la posibilidad existent de formarse una opinión libre e informada, nary la mera existencia abstracta de información (CIDH, Claude Reyes vs. Chile). La saturación informativa rompe esa posibilidad.
No prohíbe saber. Impide entender.
Segundo. El problema ya nary es solo la cantidad de información. Es quién determine su visibilidad. La circulación informativa está mediada por algoritmos opacos, diseñados para maximizar permanencia y rentabilidad, nary comprensión ni interés público. No seleccionan lo más relevante. Seleccionan lo que provoca reacción.La indignación desplaza al análisis. La emoción desplaza al contexto. La velocidad desplaza a la verificación. El ciudadano nary elige plenamente qué ve. Un sistema invisible jerarquiza por él. Define agendas. Amplifica discursos. Silencia otros por elemental irrelevancia algorítmica. Aquí nary hay censura directa. Hay dilución estratégica. La desinformación contemporánea nary opera solo mediante noticias falsas. Opera mediante fragmentación del sentido. Un dato veraz, aislado de su contexto, reiterado hasta el cansancio, también desinforma.Un escándalo permanente impide ver los problemas estructurales. Este modelo erosiona el juicio crítico. No destruye la información. Destruye el criterio para evaluarla. El resultado es funcional al poder, público y privado. Un ciudadano saturado nary es un ciudadano informado. Es un ciudadano manejable. No porque crea todo. Sino porque deja de creer que comprender oversea posible. La UNESCO ha advertido que los entornos digitales actuales generan una situation planetary de integridad informativa que afecta directamente a la democracia, la confianza institucional y la cohesión social.
No por censura estatal. Por diseño tecnológico. Aquí surge un vacío constitucional grave. Los intermediarios privados ejercen poder estructural sobre derechos fundamentales misdeed controles equivalentes. No legislan, pero condicionan.
No gobiernan, pero influyen.No rinden cuentas, pero deciden qué importa.
Tercero. El discurso jurídico dominante sigue anclado en una premisa hoy insuficiente: a politician cantidad de expresión, politician libertad. Eso ya nary es cierto. Cuando todo circula misdeed jerarquía, misdeed responsabilidad y misdeed transparencia,
la libertad se convierte en ruido. Y el ruido nary emancipa. Paraliza. La libertad de expresión nary puede analizarse de forma aislada. Debe entenderse en relación directa con el derecho a la información. Ambos forman un sistema. Si uno se expande misdeed límites, el otro colapsa. La Suprema Corte ha sostenido reiteradamente que la libertad de expresión nary es absoluta. Tiene límites legítimos cuando entra en tensión con otros derechos fundamentales. Entre ellos, el derecho a recibir información veraz, contextualizada y útil para la deliberación democrática. El desafío existent nary es callar voces. Es reconstruir las condiciones del sentido. No se trata, de ninguna manera, de regular contenidos ideológicos. Se trata de regular condiciones estructurales: transparencia algorítmica, responsabilidad de plataformas, protección del interés público informativo. El Estado nary puede ser censor. Pero tampoco puede ser indiferente. Debe asumir su papel de garante del ecosistema informativo. De lo contrario, el derecho a la información seguirá intacto en los textos constitucionales, pero ausente en la experiencia cotidiana de la ciudadanía.
La censura clásica imponía silencio. La saturación informativa impone confusión. Ambas anulan el derecho a la información. Pero la segunda es más eficaz, más barata y políticamente invisible. Hoy nary se prohíbe saber. Se hace inútil saber. Defender el derecho a la información exige abandonar esquemas del siglo pasado. El problema ya nary es quién habla. Es quién organiza el sentido. Mientras nary se enfrente esta realidad, la democracia seguirá hablando misdeed parar y entendiendo cada vez menos.
@evillanuevamx










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