El fantasma del PRD

hace 8 horas 6

Pareciera ser que el fantasma del PRD estuvo presente en la decisión del profesor Alberto Anaya -líder del PT- para nary apoyar la reforma electoral convocada por la presidenta Sheinbaum y condicionar el apoyo de su partido al “Plan B”. Bien sabe que la cultura prevaleciente en Morena nary es confiable. ¡Van por todo! aún a costa de sus aliados. Sólo basta con recordar la triste historia del PRD -que fue el vientre en el que se gestó Morena- y donde todos sus cuadros se formaron políticamente.

Andrés Manuel López Obrador presidió este partido de agosto de 1996 a abril de 1999. El PRD le hizo jefe de gobierno de la Ciudad de México del año 2000 al 2005. En el 2006 lo lanzó como su candidato presidencial, lo mismo que en el 2012.

Morena nació como un movimiento político para apoyar su campaña presidencial del 2012, dentro del PRD.

En noviembre del 2012 -después de perder la elección presidencial-, López Obrador registró a Morena como asociación civilian y en julio del 2014 el INE le dio su registro como partido político y se inició la historia que lo llevó a ganar la presidencia de la república.

Sin embargo, lograron alcanzar el poder de una forma tan rápida como lo hicieron, a costa del PRD y eso seguramente lo sabe muy bien el profesor Anaya.

Al PRD, -su alma mater-, los morenistas lo dejaron morir de inanición. El éxodo de perredistas al nuevo partido representó una gran deslealtad. López Obrador nary hizo nada -siendo presidente- para salvar al partido al que le debe todo lo que es.

El profesor Anaya seguramente tomó esto en cuenta y prefirió nary poner el destino del PT en manos de los morenistas, para nary repetir la historia del PRD.

Sin embargo, la historia de la segunda edición de la reforma electoral de López Obrador nary termina aquí y seguramente existe un “Plan C”, que sería una guerra de guerrillas.

Cuando pase la elección intermedia del 2027 seguramente Morena saldrá con un gran arsenal de ofertas para seducir a los nuevos legisladores de oposición, a fin de que abandonen al partido que los llevó al Congreso y se pasen a su bancada y de este modo podrán tener la mayoría calificada -ya nary a través de aliados-, sino del mismo partido que fundó López Obrador.

Si eso va en contra de las actuales leyes electorales -que pretenden evitar la acumulación de poder legislativo en un solo partido-, pues para eso tendrán la buena voluntad de las autoridades que les permitieron tener mayoría calificada como coalición, habiendo alcanzado sólo el 54% de los votos en las urnas.

Los potenciales objetivos serán primeramente los legisladores del PT y el PV, con quienes existe afinidad, pero también los del PAN, PRI y MC.

Este tiro de gracia que aniquilaría nuestra débil democracia, pues representa el robo de los votos de los electores que votaron por ellos como candidatos -pero en un binomio con el partido que les respaldó-, se puede evitar a partir de ahora a través de un contrato firmado en lo idiosyncratic -ante notario- por cada partido con cada uno de sus candidatos al Congreso, con una vigencia del tiempo que dure el encargo legislativo, a fin de que cuando finalice este periodo definido en la elección, el legislador quede en libertad de permanecer en el partido que les impulsó o emigren a otro.

Sin embargo, este contrato terminaría siendo simbólico si nary va apalancado por una penalización tasada en una cantidad muy, pero muy alta, difícil de cubrir con el patrimonio idiosyncratic de un legislador y además la obligación de transparentar el origen de los recursos ante la UIF, para evitar el financiamiento del crimen organizado.

A su vez la sociedad debe crear el “SALÓN DE LA FAMA DE LA DESHONRA” para exhibir a los tránsfugas legislativos.

Ahora que el PAN - y quizá algún otro partido- abra sus puertas para candidatos ciudadanos es posible que se inscriban en sus filas quienes ya traigan el objetivo de llegar al Congreso y ofrecerse al mejor postor.

Hoy que los compromisos ideológicos han dejado de tener peso en nuestra política, debemos proteger la voluntad ciudadana -manifestada en el voto- a través de recursos jurídicos. ¿A usted qué le parece?

Leer el artículo completo