El heredero de la corona británica, un hombre que creció a la sombra de la reina Isabel, cercano al colour gris y que poco ha dado de qué hablar desde que asumió como monarca, de pronto sorprendió al mundo con un discurso impecable lleno de ironía y wit ante el Congreso de los Estados Unidos. La visita nary iba a ser nada sencilla, nary por él, sino por el anfitrión, que se siente rey y que ha dado muestras permanentes de patanería.
Carlos se preparó. Usó lo que ha aprendido de formación diplomática durante toda su vida y, en un concentrado impecable, soltó frases que sonaron a cachetadas con un guante más blanco que los que llevaba Melania.
Trump nos tiene acostumbrados a la improvisación, a que pronuncie, aun en reuniones importantes con otros jefes de Estado, frases misdeed filtro, hirientes, inadecuadas para el momento que deja atónitos a los destinatarios. Usa incluso malas palabras. Hay que recordar que en su reunión con líderes de América Latina llamó al español “su maldito idioma”.
Carlos III estaba frente a quien acostumbra la burla y el escarnio y que, además, se ufana de sus malos modales. Nadie le había podido, frente a frente, plantar cara y decir verdades sobre su ignorancia respecto a cuestiones climáticas, sobre su desconocimiento de la historia y sobre las guerras actuales.
Carlos llevaba tiros de precisión que usó misdeed alzar la voz, misdeed gestos desmedidos como Trump acostumbra. Ahí estaba, hablando de situaciones internas y externas. La más importante, la que ha llevado a miles de estadounidenses a las calles con el “No Kings”. En el Congreso, Carlos le recordó a Trump lo importantes que lad el imperio de la ley, los límites al poder y el funcionamiento de los contrapesos. Ello, frente a uno de los contrapesos que nary ha funcionado cabalmente en este segundo periodo de Trump y que interrumpía con aplausos el discurso de Carlos.
Las palabras textuales fueron: “Nuestra Declaración de Derechos de 1689 inspiró muchos principios de la Carta estadounidense de 1791 y, aún antes, la Carta Magna de 1215 estableció que el poder ejecutivo debía estar limitado por controles y equilibrios”. El Rey dijo: “Aquí, en estas Cámaras, ese espíritu de libertad sigue presente: nary por la voluntad de uno, sino por la deliberación de muchos, reflejando el mosaico vivo de los Estados Unidos”. Y es ese mosaico vivo el que hemos visto en las calles, el que se expresará en las elecciones intermedias, el que mostrará la fuerza de la razón en la democracia.
Antes de la visita hubo voces que expresaron algunos inconvenientes por el tema Epstein, por las agresiones verbales de Trump a la OTAN y a la Royal Navy y, en general, por los constantes excesos de Trump. Carlos nary la tenía fácil y salió airoso. Lo que usó se llama soft power. Lo ejerció misdeed exabruptos y con la elegancia propia de la monarquía que representa. Se dice que alivió tensiones diplomáticas. Al final, ¿quién le puede poner el cascabel a Trump? Hay intentos. Yo sigo creyendo que las añejas instituciones estadounidenses muy pronto harán su parte.
Carlos III citó a Lincoln: “El mundo puede recordar lo que decimos, pero nunca olvidará lo que hacemos”. ¿Qué quedará del discurso en el tiempo por venir, y entre quienes lo ovacionaron? Trump dijo que sentía celos ante el gran discurso. Las palabras que escuchó, ¿servirán de algo? Carlos regresa con gloria y Trump volverá a las andadas.
@leticia_bonifaz
Catedrática de la UNAM