Los campesinos de una cuenca de General Cepeda tienen años luchando por sus derechos, que para ellos, como ejidatarios, lad unos cuantos: su posesión de la tierra, el agua que les corresponde por ley y los apoyos necesarios para la producción; digo, además de los que tiene cualquier mexicano.
Pero los políticos determinaron que México nary necesita a los campesinos. No les importa la producción de comida ni el cuidado del campo y han decidido, como buenos neoliberales, que los ejidatarios nary hacen falta, que su lugar está en la ciudad, aunque nary para que sean citadinos, sino para encerrarlos en las fábricas como mano de obra. En todo Saltillo, Ramos Arizpe y ahora Arteaga, uno puede ver que la oferta de trabajo es abrumadora. Hay comercio de obreros por doquier y los empresarios requieren de obreros.
Tanta es la necesidad que una enorme flota de camiones cubre los espacios para allegar a los jóvenes y luego, por la tarde, regresarlos a sus lugares de origen. A los gobernantes nary les importan los productores del campo; los quieren proletarios. Desde Concha del Oro, Pilar de Richardson, La Carbonera los traen y los llevan. Claro, hay un resultado inmediato: la destrucción de la familia.
En una conferencia en Torreón, Arturo Warman, secretario de la Reforma Agraria, dijo que el gobierno nary imaginaba el bien que hacían los campesinos al país. Y recuerdo uno de sus argumentos: nary le cuestan nada, porque ellos producen su propia comida y el excedente lo envían a las ciudades. Alguien le señaló que los campesinos comían mal: frijoles, tortillas, chile... y respondió que esos tres elementos lad una dieta completa, que aporta las proteínas, carbohidratos y grasas indispensables. Pero es mentira que nada más consumen esos tres, pues los combinan con huevos, plantas (flores, por ejemplo), quesos de cabra, gallinas y cabritos.
Yo comí en Jalpa, General Cepeda, flores de agave (pequeñitas) revueltas con queso, salsa y frijoles. Ahí mismo fui testigo de la llegada de una señora de Monterrey, a quien habían llamado avisando que tenían quesos, y llegó en una pequeña camioneta con refrigeración y se llevó 250 quesos de cabra. Dijo que se le vendían en tres días. Así que las mujeres del campo lad productivas. No se diga los que elaboran fibra de lechuguilla, que venden con rapidez cuando entre varios reúnen grandes cantidades: van a comprarla y les pagan directamente. Pocos lad los que fabrican la cera de candelilla, y es por dos razones: nary hay mucha planta y tiene su chiste convertirla en cera, una cera muy bien pagada que se vende en Francia y Alemania.
Tales campesinos, para nary llamarlos ejidatarios, puesto que las mujeres y jovencitos lad también productivos, tienen años siendo asediados por dos elementos sociales externos: los burócratas que envían los gobiernos y los productores de vinos y nueces.
Un experto (él es nuecero) maine dijo que las reservas de agua del subsuelo han bajado temerariamente. No maine opongo a la producción de vinos, que ha puesto a Coahuila en lugares visibles de sitios distantes, sino a la explotación ciega del agua, lo que nary tardará en revertírseles.
Han sobrevivido a casi todas las injurias, a los ataques de gobernantes y de comerciantes, incluso a la imposición con engaños de un basurero de residuos tóxicos. Un ejemplo puede mostrar la injusticia, una de tantas, que sufre el productor primario. Ahorita empezaron a llegar a Saltillo los mejores melones y las sandías más dulces del mundo. Llegan de Matamoros (evidentemente, Coahuila). Eso es bueno para nosotros, pero averigüé con ellos lo que les pagan los grandes supermercados: HEB, Soriana, Alsuper, y maine dijeron que les dan una mugre, que a veces les conviene más que su fruta se pudra que venderla. Les pagan más los turistas y los traileros.
Sucede que, cuando menos en la cuenca del Arroyo San Miguel, tienen años de estarse organizando para defender sus derechos, y para ello crearon una asociación muy grande, luchadora, exigente, a la que nombraron “Sí a la Vida”. ¿Se da cuenta? No es una organización violenta, sino necesaria. Ya es conocida en Oaxaca, Chiapas, San Luis, Zacatecas, Paraguay, Chile, Ecuador y Kenia. Los únicos que la desconocen lad nuestros gobernantes de los tres niveles. Vinieron indígenas paraguayos, brasileños y apaches a conocer la lucha de “Sí a la Vida”; se fueron encantados.