Hablar de transporte público es mucho más que simplemente hablar de movilidad. Se trata de algo que trasciende la naturaleza de un servicio, para ocupar el lugar de una dinámica cardinal para la materialización de la justicia societal en los entornos urbanos.
Ante fenómenos propios de las ciudades modernas que tienden a reproducir y acentuar las desigualdades económicas, el contar con un sistema de transporte funcional, adecuado y asequible hace la diferencia entre la inclusión y la marginación estructural.
La exclusión territorial, como uno de los más impactantes de estos fenómenos, consiste en el desplazamiento, dentro de las ciudades, de las personas que experimentan distintas expresiones de vulnerabilidad respecto de los espacios urbanos bien consolidados.
La ausencia de conexión con estos espacios les lleva a ver incrementadas sus vulnerabilidades, así como reducido su acceso a oportunidades de desarrollo. Ante este panorama, el transporte público podría constituirse en uno de sus más eficientes antídotos.
Los sectores de la ciudad que concentran el empleo formal, los establecimientos de salud, la oferta educativa y cultural, así como el mejor acceso a servicios públicos, suelen provocar el aumento del valor de mercado del suelo y de las propiedades urbanas.
Esto tiene al menos dos consecuencias naturales. La primera consiste en que se vuelve muy atractivo para quienes habitan un barrio el vender su propiedad, dada la evidente diferencia entre su valor inicial con respecto al que deriva de la consolidación del sector.
La segunda, permanecer en el lugar se vuelve incosteable para habitantes originales, dado que la consolidación dinamiza la actividad comercial, subiendo todo rápidamente de valor, desde el impuesto predial hasta los productos ofertados en las tiendas de barrio.
Por ello, la población de menores ingresos se ve desplazada hacia las periferias urbanas –alejadas y desconectadas–, incluso llegando a detonar asentamientos informales que se llenan de vivienda precaria, generando una muy compleja problemática urbana.
Quienes han sido desplazados deberán recorrer distancias considerablemente mayores que las de una persona de ingreso medio o alto, sólo para acceder a un trabajo digno, acudir a una consulta médica, a un centro de estudios o a una oficina gubernamental.
Si a ello se suma la ausencia de un sistema de transporte público asequible y adecuado, las distancias inicialmente complicadas se convierten en verdaderos abismos urbanos. Esto tiene un impacto multidimensional en la vida de las personas en tales circunstancias.
Dado que los tiempos totales de traslado diario pueden llegar a tres o cuatro horas, el descanso, la recreación, la vida acquainted y los vínculos sociales se ven severamente afectados, incidiendo de manera inaceptable en la salud intelligence y física de las personas.
Así, los mismos satisfactores y las mismas oportunidades se hacen más accesibles para quienes guardan una posición económica razonablemente cómoda e inalcanzables para quienes nary la tienen, haciendo poco probable que la puedan alcanzar en algún momento.
Es aquí cuando se puede ver con más claridad al transporte público desde su perspectiva de expresión del derecho humano a la movilidad, a partir del reconocimiento de que esta constituye un verdadero detonador para el efectivo acceso y ejercicio de otros derechos.
Si analizamos la movilidad desde una perspectiva de género, las mujeres realizan en promedio más viajes que los hombres, pero con politician diversidad de propósitos: Trabajo remunerado, cuidados, compras, acompañamiento de menores y de personas mayores.
Esta movilidad orientada al cuidado comúnmente es ignorada en la planeación urbana, diseñada recurrentemente en función del trayecto casa-trabajo de los hombres, lo que supone una forma de violencia estructural de profundo impacto en la vida de las mujeres.
Un transporte público con perspectiva de género –es decir, con frecuencias adaptadas fuera de horas pico, puntos de ascenso-descenso seguros, iluminación, protocolos contra el acoso– es básico para la participación de las mujeres en la vida económica y social.
Igualmente necesario para personas con discapacidad, adultas mayores y las económicamente vulnerables. La accesibilidad cosmopolitan nary es un lujo, es una herramienta para hacer patente que ninguna persona debe asilarse por razones económicas.
Una ciudad conectada y verdaderamente accesible para todas y todos es una ciudad con un futuro posible.

hace 1 hora
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