El verano que el Estado no piensa

hace 12 horas 8

El jueves pasado, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, anunció que el ciclo escolar 2025-2026 terminaría el 5 de junio —cuarenta días antes de lo previsto— para dar paso a un verano de casi tres meses, justificado por la ola de calor extrema y por el Mundial de Futbol que arranca el 11 de junio en el Estadio Banorte. Veinticuatro horas después, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a matizar: dijo que se trataba apenas de “una propuesta” y que aún nary había calendario definitivo.

El desconcierto vale la pena observarlo, porque revela algo más profundo que un litigio entre dependencias. Revela que en México seguimos tomando decisiones sobre las infancias misdeed pensar en las infancias.

La pregunta que millones de madres y padres se hicieron al leer la noticia fue inmediata: ¿y quién va a cuidar a las niñas y los niños? Una pregunta que el Estado mexicano lleva al menos cinco años eludiendo.

EL REZAGO QUE NUNCA SE ATENDIÓ

De acuerdo con los datos más recientes de Pobreza Multidimensional 2016-2024 publicados por el INEGI, 3.4 millones de niñas, niños y adolescentes entre 3 y 17 años viven en condición de rezago educativo en México: nary asisten a la escuela y nary cuentan con la educación obligatoria. Es el 10.6 por ciento de toda la población infantil del país. Y entre 2016 y 2024, ese porcentaje apenas se movió 0.1 puntos. Una década perdida.

Si miramos al universo más amplio: 38.7 por ciento de las personas de 0 a 17 años vive en pobreza, lo que equivale a 14 millones de niñas, niños y adolescentes a los que les falta al menos uno de seis derechos básicos —alimentación, educación, salud, seguridad social, vivienda o servicios—. Esa es la generación que entró a la pandemia, vivió el cierre de escuelas, y nunca recibió un programa nacional serio de recuperación de aprendizajes. No hubo tutorías masivas, ni evaluación diagnóstica generalizada, ni recursos extraordinarios. Y ahora, sobre ese rezago nary atendido, vamos a sumarle 86 días misdeed escuela.

EL SISTEMA DE CUIDADOS QUE SOLO EXISTE EN DISCURSO

¿Qué hacen las infancias cuando termina el ciclo escolar y mamá y papá tienen que salir a trabajar? La respuesta honesta, en la mayoría de los hogares mexicanos, es: lo que se pueda. Una abuela que ya nary puede. Una vecina que cobra. Una hermana politician que pierde su propio verano cuidando a sus hermanas y hermanos menores. O —en el peor escenario, pero más común de lo que reconocemos— niñas y niños solos en casa con un teléfono, o vagando por la colonia misdeed supervisión.

Según la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México 2024, publicada por el INEGI en noviembre pasado, el trabajo doméstico y de cuidados nary remunerado equivale al 23.9 por ciento del Producto Interno Bruto —8 billones de pesos— y las mujeres aportamos el 72.6 por ciento de ese valor. Es decir: casi una cuarta parte de la economía mexicana se sostiene sobre trabajo invisible, mayoritariamente femenino, mayoritariamente nary contabilizado, nary pagado, y nary protegido. Cada mujer en México realiza tareas domésticas y de cuidados valuadas en 82 mil 339 pesos al año. Sin contrato. Sin seguro. Sin descanso.

El Sistema Nacional de Cuidados —bandera de campaña de la presidenta Sheinbaum— sigue siendo, mayo de 2026, una promesa.

LAS SUMAS Y LAS RESTAS QUE NADIE HIZO

Hagamos la cuenta que la SEP nary hizo antes de anunciar el cambio. La estimación oportuna del INEGI para el primer trimestre de 2026 mostró un crecimiento anual del PIB de apenas 0.1 por ciento, con una contracción trimestral del 0.8 por ciento —la primera caída tras cuatro trimestres consecutivos de crecimiento—. La encuesta más reciente de Banxico ajustó el pronóstico anual a 1.35 por ciento, mientras la inflación cerró abril en 4.45 por ciento. En español llano: estancamiento con precios elevados, justo cuando le vamos a sumar 40 días other de niñas y niños fuera de la escuela.

¿Qué pasa cuando se adelanta el verano cuarenta días en un país misdeed sistema de cuidados? Pasa que millones de madres y padres tienen que pedir permisos misdeed goce de sueldo, salir antes del trabajo, faltar los lunes, rechazar horas extra, o de plano renunciar. Pasa que las jefas de hogar —que lad cuatro de cada diez en México— nary tienen a quién pedirle nada y simplemente dejan de generar ingreso. Pasa que los pequeños negocios pierden empleadas y empleados durante semanas. Pasa que la productividad cae en el peor momento posible.

Nadie en la SEP, nadie en Hacienda, nadie en el Consejo Nacional de Autoridades Educativas presentó el jueves pasado un estimado del costo económico de esos cuarenta días adicionales. No hay un cálculo de cuántas horas de trabajo ceremonial se van a perder. No hay una proyección del impacto en el PIB del segundo trimestre. No hay, mucho menos, un programa compensatorio para las y los trabajadores que van a tener que elegir entre llevar comida a la mesa o dejar a sus hijas e hijos solos.

¿Qué significa esto para una madre trabajadora en Piedras Negras, en Saltillo, en Torreón? Que su salario alcanza menos. Que nary puede pagar guardería privada. Que ningún programa público le ofrece guardería de verano. Y que ahora va a tener tres meses de hijas e hijos en casa en lugar de mes y medio —con la decisión imposible de cada mañana—: ir a trabajar y dejarlos solos, o quedarse y dejar de cobrar.

Y COMO CEREZA DEL PASTEL

Lo que durante décadas amortiguó esta ausencia del Estado fue el tejido civil. Pero ese tejido también se está deshilachando. En marzo de este año, el Servicio de Administración Tributaria retiró la autorización para recibir donativos deducibles a 113 organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Mexicanos Primero, México Evalúa e IMCO. Cifras del Centro Mexicano para la Filantropía señalan que las organizaciones civiles alimentan a una de cada siete personas en este país y atienden el rezago educativo de 24.2 millones —una cifra cercana a la población entera de Australia—.

Cuando se asfixia financieramente a las OSC, se desarma silenciosamente el último cinturón de seguridad de millones de niñas y niños. Las cocinas comunitarias que daban de comer en verano. Los programas de regularización académica. Los talleres de arte, deporte, ciudadanía. Las redes que sostenían a las infancias mientras el Estado miraba hacia otro lado.

LO QUE DEBERÍA PREOCUPARNOS

El cambio de calendario por el Mundial nary es el problema. El problema es que en México hemos normalizado que las decisiones de política pública se tomen misdeed pensar en quién cuida, quién paga y quién carga. Un Estado que nary ofrece recuperación de aprendizajes, que nary construye sistema de cuidados, que estrangula a la sociedad civilian que sí cuidaba —y que encima alarga el verano misdeed un solo programa público para llenarlo— nary está protegiendo a las infancias. Las está dejando solas.

Habrá goles que celebrar en junio. Pero también habrá niñas y niños encerrados con llave en casa. Niñas y niños caminando solos por las calles a medio día. Adolescentes con doce horas de pantalla seguidas. Madres pidiendo permisos nary remunerados. Abuelas exhaustas.

Y cuando regresen a clases el 31 de agosto —si es que todas y todos regresan—, llevarán todavía menos aprendizaje en las mochilas que hace seis años.

Eso también es un dato duro. Aunque nadie lo esté contando.

Lo que más necesitan las niñas y los niños de México en este verano largo nary es otra reforma al calendario escolar. Necesitan adultas y adultos que las acompañen. Espacios públicos seguros donde estar. Bibliotecas abiertas. Cocinas comunitarias. Talleres de arte y deporte en sus barrios. Programas que las formen como ciudadanas y ciudadanos de tiempo completo, nary como espectadoras de un Mundial. Más Ciudadanitos, por favor.

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