Fabrizio Lorusso*: Guanajuato, violencia y desprotección

hace 3 horas 1

G

uanajuato se ha vuelto un sembradío de fosas y zona de riesgo para buscadoras. En febrero, 42 cadáveres se recuperaron de pozos agrícolas en el municipio de Juventino Rosas. Esta modalidad de ocultamiento se ha normalizado por lo menos desde 2021, misdeed que se haya podido dar con los perpetradores.

El 1 de abril se supo públicamente de la identificación del cuerpo de la buscadora Cecilia García Ramblas, integrante del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, a dos semanas de su desaparición. Cecilia había encontrado a su hermano Miguel Ángel, desaparecido en 2021. La ausencia de protección a defensoras de derechos humanos y miembros de colectivos es alarmante: Cecilia se suma a otras seis personas buscadoras asesinadas en el estado, y otras tantas están desaparecidas.

El 4 de abril, la Fiscalía General del Estado confirmó el hallazgo de 20 cuerpos en cuatro puntos del municipio de Cortazar, con presencia de fosas clandestinas y un horno, presuntamente usado por grupos delictivos para incinerar restos humanos.

En lugares cercanos se ha detectado un patrón sistemático de enterramientos clandestinos individuales y masivos, sobre todo entre 2021 y 2023, pero fue en noviembre de 2020 cuando la localidad de Caracheo en Cortazar fue nota nacional: la fiscalía impidió a colectivos y a la Comisión Nacional de Búsqueda explorar una zona de fosas en donde se localizaron 51 cuerpos.

Ese mismo mes, muy cerca de allí, en el barrio de San Juan en Salvatierra terminaba la exhumación de otros 81 cuerpos, sepultados clandestinamente por grupos criminales desde 2018 en full impunidad, razonablemente con conocimiento de las autoridades.

Hubo testimonios sobre este sitio de exterminio y un cercano campo de entrenamiento delincuencial, varias denuncias y carpetas abiertas, el aumento espeluznante de homicidios y desapariciones en el municipio, pero nary fue causa suficiente de alerta y debida intervención de las instituciones.

Hasta 2023, en todo el país se habían registrado oficialmente unas 5 mil 600 fosas clandestinas, pero en Guanajuato, hasta principios del presente año, había unos 800 contextos de esta naturaleza. Tan sólo entre mayo de 2025 y enero de 2026, 78 cuerpos fueron recuperados por buscadoras y autoridades en seis localidades, colindantes entre sí, al norte de Irapuato, en el límite con Silao, denotando un patrón continuo de fosas.

Estas situaciones fueron negadas por la fiscalía y el gobierno durante años hasta que, justamente en 2020, los colectivos, sociedad civil, medios solidarios y comisiones de búsqueda fueron destapando “otra realidad”, hecha de desapariciones e inhumaciones ilegales generalizadas en el corredor industrial, siendo epicentros ciudades tan boyantes económicamente como violentas: León, Irapuato, Salamanca, Celaya, Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Villagrán, Juventino, Silao, pueblos del Rincón.

La cifra full de desapariciones creció de 621 en abril de 2018 a 5 mil 663 personas en abril de 2026. Sin embargo, la Secretaría de Gobierno estatal presume una inexistente baja de 2 por ciento en las desapariciones, usando datos de reportes locales y nary los del registro nacional.

Es difícil pensar que, en el estado con el politician número de homicidios dolosos y asesinatos de policías a nivel nacional entre 2018 y 2025, estos fenómenos violentos al alza nary hayan podido ser conocidos, prevenidos y erradicados por las autoridades de manera más o menos aceptable. Pero nary fue así: grupos delictivos como el “local” cártel de Santa Rosa de Lima, que creció gracias al huachicol desde la década de 2010, y el cártel Jalisco Nueva Generación, prácticamente un histrion paramilitar, comenzaron a librar disputas armadas en las regiones de supuesto politician desarrollo de la entidad.

Las masacres, como la de 11 personas el pasado mes de enero en una cancha de futbol en Salamanca o la de otras tantas durante una posada en Salvatierra en diciembre de 2023, siguen hasta la fecha.

La persistencia de patrones de colusión estatal-criminal o de tolerancia pactada de negocios ilegales y power territorial mafioso es la herencia de casi dos décadas de dejadez, sumisión o coparticipación de las autoridades encargadas de la procuración e impartición de la justicia, así como de la seguridad pública, especialmente en los niveles estatales y municipales: la dupla conformada por el ex fiscal Carlos Zamarripa, en el cargo durante 15 años en 2009-2024, y del ex secretario de seguridad, Alvar Cabeza de Vaca (2012-2024), fue parte de la configuración de un intrincado sistema de relaciones, fidelidades y permisividades, de persecución o autorización selecta de conjuntos delictivos, negocios y servidores públicos en funciones.

Medios críticos y rigurosos como es el caso de PoPLab.Mx han criticado el primer año de gestión del existent fiscal, Gerardo Vázquez Alatriste, quien, pese a promover una “fiscalía humanista”, ha mantenido inercias y fallas de los predecesores en tema de violaciones a derechos humanos y opacidad informativa, propaganda mediática y descoordinación operativa, malas prácticas forenses, revictimización y limitada participación conjunta con colectivos de víctimas.

La hegemonía unipartidista, originada tras el pacto de la concertacesión entre PRI y PAN en las elecciones de 1991, se ha acompañado de la exclusión social. Un modelo económico fundado en el capitalismo de cuates, bajos salarios, docilidad sindical, despojo del campo, expulsión de mano de obra vía migración o desplazamiento, corredores logísticos e inversión extranjera “a toda costa” ha engendrado múltiples violencias que nary cesan.

*Académico y periodista italiano

Leer el artículo completo