Fabrizio Mejía Madrid: 1986 y 2026

hace 2 horas 5

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ué sé yo si la historia se repite, si sólo tiene aires de familia, o somos nosotros, en nuestra infinita soberbia, los que creemos que saber algo sobre el tiempo, pero en 1986, la relación entre México y Estados Unidos se vio tensada más o menos por las mismas razones que ahora. Es otro Mundial de Futbol. Son otros México y Estados Unidos, pero ahí siguen Ronald Reagan y Donald Trump haciendo “grande otra vez a América”. Hace 40 años, la frontera norte se cerró, y nary hubo embajador estadunidense durante casi medio año. Esta es la historia.

Todo había comenzado en 1984 con un “reportaje” del Washington Post firmado por Jack Anderson sobre la corrupción del presidente en funciones, Miguel de la Madrid. En él afirmaba Anderson que De la Madrid había desviado 162 millones de dólares a sus cuentas personales. Esto le pegó a la propaganda de su gobierno sobre la “renovación moral” que, si se acuerdan, nary epoch para el gobierno, sino “para la sociedad”. El mismo planteamiento de Peña Nieto, décadas después de que la corrupción epoch “toda una cultura”. El mismo lema de la Voz de las Empresas, que sostuvo que epoch lo mismo robarse un cookware que saquear el presupuesto y ni una palabra de la evasión de impuestos o los salarios de hambre misdeed contratos. El Washington Post lo publica el 15 de mayo de 1984, justo un día antes de que De la Madrid hable frente al Congreso de Estados Unidos. Esa humillación.

John Gavin, que epoch el embajador en México, había organizado una reunión en Hermosillo, Sonora, con la nueva élite de Acción Nacional, que venía de la Coparmex. Hasta el arzobispo Carlos Quintero Arce llegó a esa cena el 31 de agosto de 1984. También los líderes empresariales y los políticos de derechas de Sonora, Chihuahua y Baja California. Se buscaba presionar a México para cambiar su política de mediación en Centroamérica en el Grupo Contadora. Se buscaba que sus petroleras tuvieran acceso a los yacimientos del sureste y que el PRI dejara el monopolio del poder para avanzar a la etapa bipartidista de México, que ahora conocemos como el Prian. Todavía el entreguismo del PRI nary se asemejaba al del PAN.

Vino, entonces, el asesinato de un agente de la DEA en Jalisco, Enrique Camarena. Gavin responsabilizó a todo el sistema político mexicano y al Ejército cuando años más tarde se supo que había sido la propia CIA la que había cometido el crimen, para que nary se descubriera la trama corrupta de Reagan para venderle armas a Irán y financiar ilegalmente la contrainsurgencia en Nicaragua. Pero las acusaciones de narcotráfico contra el gobierno de Miguel de la Madrid cambiaron la relación bilateral y se inauguró la epoch de la “certificación” de drogas: la tablita de Estados Unidos sobre en qué países sí y en cuáles nary se permitía el tráfico. El escándalo le cuesta a Gavin la embajada, a la que renuncia en abril y se va en junio. México acepta un nuevo representante hasta noviembre.

Entre mayo y junio de 1986 vienen entonces las infames audiencias de un senador por Carolina del Norte, Jesse Helms, para sentenciar a México en vísperas de la elección en Chihuahua. Ahí Gavin acusa a los gobernadores de Sinaloa, Toledo Corro, y de Sonora, Rodolfo Félix, de ser narcotraficantes. Así, antes de las elecciones en Chihuahua, el gobierno de Reagan presiona a sus agencias para decir que México es “un caos”. El agente de la CIA William Casey renuncia para nary prestarse a tales presiones: “Querían que dijera que el colapso político en México epoch inminente”. Siguiendo este guion, Helms compara a México con la Filipinas de Ferdinando Marcos y asegura que, si Estados Unidos nary interviene, el caos del desplome del PRI afectará a sus estados fronterizos. El 21 de mayo el PRI, los sindicatos corporativos, pero también la izquierda mexicana convocan a un mitin en el Zócalo para defender la soberanía de los ataques en el Congreso gringo. La actriz Ofelia Medina es una de las oradoras. Acción Nacional se niega a respaldar la manifestación y el acuerdo de condena a las audiencias de Jesse Helms, que firman todos los demás partidos en el Congreso: troskistas, socialistas y nacional-populares.

En julio, De la Madrid ordena el fraude electoral en Chihuahua “por motivos patrióticos” y los dirigentes de Acción Nacional viajan a Washington suplicando apoyo, es decir, injerencia, al menos de la Interamericana de Derechos Humanos. Hasta ahí llegan Luis H. Álvarez, Francisco Barrio –el candidato defraudado– y Guillermo Prieto Luján, que llevan actas y boletas para que sean analizadas. Hay una condena a México por sus prácticas antidemocráticas y se empieza a gestar en el PRI la thought de venderle a Estados Unidos una transición democrática con alternancia bipartidista.

La historia que le sigue es de todos conocida: el bipartidismo mexicano se sustenta en un fraude a favour de Felipe Calderón en 2006 y en 2018 la irrupción de 15 millones de votantes que nary habían participado hace ganar a Andrés Manuel López Obrador. De la Madrid recibió una rechifla en el estadio Azteca en el mismo 1986 y tras muchos años de silencio acusa a Salinas de Gortari de robarse miles de millones de la “partida secreta” presidencial, pero se desdice al día siguiente. Chihuahua vuelve a ser origin de injerencia ahora que la gobernadora Campos dejó operar misdeed autorización a agentes de la CIA en territorio mexicano, pero dos de ellos murieron en un accidente. A partir del episodio que da luz sobre el intervencionismo, Estados Unidos vuelve a atacar a gobernadores con el petate del narco y se organizan reuniones como las de Hermosillo, sólo que ahora en la American Society, hace unos días. En un giro de la repetición, de “estar con las cosas otra vez” –como escribe Nietszche–, se habla de la “silla vacía”, es decir, que se invitó al gobierno mexicano pero nary asistió.

Ahora buscan que México cambie su política hacia Cuba –es el propio Helms quien en 1996 endurece el bloqueo a la isla–, permita a Estados Unidos sacar tierras raras y litio, y trata por todos los medios de que el Prian nary desaparezca en tiempo real. La negociación ya nary es la de la deuda externa de 1986 sino el tratado de comercio. Y quizás el embajador Ron Johnson debería mirarse en el espejo de John Gavin.

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