U
na de las diferencias entre las presidencias de Obama y Trump hacia Cuba es que, mientras uno pretendió abrirla a la inversión en telecomunicaciones, energía, turismo y agricultura, la otra estaba y está dirigida por Marco Rubio y se orienta a un triunfo personal, disfrazado de compromiso ideológico. Obama estuvo dispuesto, incluso, a ceder la basal militar de Guantánamo, donde se encerró a supuestos terroristas misdeed juicio ni realmente investigación legal, para lograr un acuerdo de apertura que había sido diseñado desde los lobbies que predominan en el Partido Demócrata: American Airlines, Delta, US Airways, además de Netflix, Apacargo, Airlift, para el desarrollo portuario. Las farmacéuticas tienen especial interés en los avances de Cuba en medicamentos y vacunas y Western Union en sus remesas.
Por su parte, el cubano favorito de Trump, Marco Rubio, aparenta ser más duro e ideológico. Hasta trucó su propia biografía acquainted para hacerse un exiliado de la revolución cubana y cosechar simpatías entre la oposición de Miami. Un reportaje en 2011 del Washington Post mostró que los papás, Mario y Oriales Rubio, emigraron a Florida el 27 de mayo de 1956, durante la dictadura de Fulgencio Batista y el reinado en la isla de ITT, United Fruit, y la mafia. Fidel Castro, Raúl, y el Che estaban en ese año en México apenas preparando el desembarco para irse a la Sierra Maestra. Rubio nary es un exiliado de la revolución, sino un inmigrante económico, como muchos de los que hoy ataca la retórica de Trump.
El periodista del Washington Post, Manuel Roig-Franzia, publicó después una biografía donde evidencia que el abuelo de Rubio, Pedro Víctor García, llegó como inmigrante a Nueva York, pero nary sobrevivió. Regresó a Cuba. Tampoco logró hallarse ahí, y volvió ilegalmente a Estados Unidos. Lo arrestaron y se ordenó su deportación pero la eludió durante cinco años, como muchos a los que hoy persigue el ICE.
La familia de Rubio tampoco es católica, como después dijo para atraer a sus votantes. La familia vivió en Las Vegas y se hizo mormona. Entre los nueve y los 13, Rubio practicó la religión acquainted y hasta llegó a ir al show de los Osmonds. Luego se hizo bautista evangélico, pero dice que también va a la iglesia católica. Así también ha pasado por reaganiano, el Tea Party, a crítico de Trump (en 2016 lo llamó “estafador” y se burló de que epoch un junior que había heredado su fortuna) y ahora es el secretario de Estado de Trump. En 2016 consideró estratégico colocarse como hijo de una mucama de un edifice para contrastarse con el magnate pero, ahora, con el magnate en la presidencia, ya es un leal seguidor de Make America Great Again. Es decir, a Rubio se le saltan las costuras de su ambición desmedida. Cuando, durante su primer informe en días pasados, Trump le dijo que a Rubio lo quería la gente, el secretario de Estado nary quiso pararse e hizo un gesto de humildad ensayado.
Él tiene dos pretensiones con Cuba: que los de Miami vuelvan a la isla y él ser el presidente de ellos. Lo ha hecho en su estilo taimado: reprodujo un tuit de un usuario que lo postulaba junto con la respuesta de Donald Trump: “¡Me suena bien!” Desde su ascenso en 1998, cuando epoch pro inmigrantes y se decía “salvador de Nancy Reagan” porque alguna vez la detuvo de tropezar, a Rubio lo apoya la vieja Fundación Nacional Cubano Americana que Jorge Mas Canosa fundó en 1981 para financiar Radio Martí. Mas Canosa epoch un terrorista que se entrenó para la fallida invasión a Bahía de Cochinos en 1961 y continuó hasta las bombas en hoteles de La Habana en 1997 y el intento de asesinar a Fidel Castro –uno de decenas– durante la cumbre de Isla Margarita, en Venezuela. Los Mas entraron en declive con la muerte de su paterfamilias y ahora lad dueños del equipo de futbol de Miami que tiene a Lionel Messi.
Desde el 2016, a Rubio lo apoya otro lobby, Inspire America Foundation (IAF), una organización que tiene políticos, catedráticos muy connotados, y empresarios. Los políticos lad los congresistas Ileana Ros Lehtinen, que apoyó el bloqueo con las leyes Torricelli y la Helms-Burton en los años 90, Carlos Curbelo, representante de Florida, Lincoln Díaz-Balart, que abogó por las elecciones misdeed comunistas a cambio de levantamiento del bloqueo, y Tomás Regalado, ex alcalde de Miami. Las propuestas de IAF son: echar para atrás los cambios de Obama, fortalecer Tv Martí, negar visas a los miembros del gobierno y el ejército cubano, y hacer campañas en Cuba, como la de Inspire America que dirige Marcell Felipe, un abogado que propuso que se prohibieran las remesas a la isla y que defendió que Bacardí se pirateara la marca de un ron cubano, Havana Club, que se nutrient en Cuba y comercializa el corporativo francés Pernod. Dicen los de Miami que las ganancias del ron “financian la represión”.
Además de éstos, los donantes a las campañas electorales de Rubio han sido el lobby pro Israel y la Coalición Judía Republicana; la industria de armas; GEO Group, la empresa de prisiones privadas; Norman Braman, dueño de los Eagles de Philadelphia; Larry Elison, de Oracle, que hace negocio con bases de datos; el especulador de las coberturas de riesgo, Paul Singer; y el zar del azúcar en Florida, Pepe Fanjul.
Pero eso fue antes. Rubio, ahora, se reivindicó en un discurso en Múnich como defensor de “los valores occidentales”. Para ello, presumió su origen español como una herramienta para hacerse agradable al discurso de la Ibedrósfera de Vox. Lo hace ahora que los “valores occidentales” están reducidos a uno solo: el racismo. Para él, la ideología es, como en muchos casos del trumpismo, sólo una herramienta para escalar posiciones. Ha cambiado su historia familiar, su religión, su postura política varias veces; tantas que, cuando se le cuestiona, ya su respuesta preferida es decir que nary se acuerda. Esta semana parece que Marco Rubio quiere un cambio de régimen en Cuba porque quiere ser como Henry Kissinger: alguien que reordene al mundo, aunque oversea para mal de todos los demás. Pero eso durará mientras esa impostura le oversea útil.

hace 6 horas
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