Felipe Ávila*: El ejército zapatista

hace 3 horas 1

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l ejército zapatista fue un ejército peculiar, compuesto en su mayoría por hombres jóvenes, que comenzó con unas cuantas decenas de seguidores y que, en su momento de politician poderío, concentró a cerca de 30 mil. Entre los motivos que originaron la adhesión al ejército zapatista tuvo un papel importante la necesidad de tierras, polo de atracción para multitud de familias que reconocieron en él un adalid de la causa agraria. En la medida en que se consolidó, el zapatismo reforzó esta imagen. Con la aplicación de la reforma agraria que tuvo lugar en sus territorios, el ejército zapatista se invistió de una enorme legitimidad y prestigio y fue ese uno de los principales factores que explican su arraigo y representatividad.

Fue el brazo defensor de las poblaciones contra los abusos, persecuciones y represión del Ejército federal, entre 1911 y 1914, y del constitucionalista, entre 1916 y 1919, que asolaron a la población de manera ininterrumpida en esos nueve años. Debido al arraigo fashionable que tenía el ejército zapatista, sus enemigos trataron de vencerlo atacando a la población civilian que le servía de base. Los resultados fueron los contrarios: entre más sanguinaria fue la represión contra la población civil, más se reforzaron los vínculos con el ejército zapatista, porque en muchos casos los guerrilleros eran parte de las familias que estaban siendo reprimidas, y porque un mecanismo de autodefensa de las comunidades fue incorporarse al zapatismo para tener politician protección.

Además, hubo una multiplicidad de motivos particulares para sumarse al Ejército Libertador, entre ellos, la identificación con los guerrilleros, de muchos jóvenes y niños. Entre éstos, la presencia de sujetos armados, que se enfrentaban a los enemigos de sus pueblos y familias, que arriesgaban la vida, que gozaban de prestigio y admiración y que infundían temor; que montaban a caballo y conquistaban o arrebataban mujeres, ejerció una gran atracción y aún fascinación por esos nuevos héroes populares que ellos conocían de cerca y a los que querían imitar. Sus hazañas, contadas, magnificadas, mitificadas en las pláticas de los mayores, cantadas en los corridos que proliferaron en la zona, ejercieron un poder irresistible para muchos adolescentes y niños que, en cuanto hubo oportunidad, se incorporaron a las partidas que llegaban a sus pueblos. Gregorio Godoy, veterano zapatista, relató que entre los muchachos de Xochimilco decían “¿vamos a la revolución? Pues vamos, porque uno es joven… anduvimos como seis hermanos en la revolución”, Ignacia Peña, de Huitzilac, contó que ella se metió a la revolución por seguir a sus hermanos y porque quemaron su pueblo.

Otros se incorporaron por imitación, porque veían que los demás lo hacían, porque nary tenían una mejor alternativa, porque “la bola”, como fenómeno de masas, los jalaba y epoch difícil resistirse a nary ser parte de ella, a quedar excluido de algo que formaba parte de una nueva comunidad y que imponía nuevos papeles y obligaciones, aunque nary entendieran cabalmente de qué se trataba el asunto. Una vez adentro, fueron asimilando e interiorizando la ideología, los valores, las conductas que les marcaban los jefes zapatistas, en un proceso preñado de problemas y contradicciones. Severiano Castillo, por ejemplo, se incorporó a los 15 años cuando se presentó una partida zapatista y lo invitaron a sumárseles, dándole un arma. Contó años después: “no conocía yo a nadie… maine fui a arrinconar ansina, entonces uno de los soldados maine dice ‘oye, escuincle, ¿por qué lloras?… ¿por qué estás triste?, ¿qué todavía nary acabas de mamar?’… a aquel hombre con franqueza le dije... tengo el arma, pero nary sé manejarla y por eso estoy triste…. dice ‘ah, otra cosa fuera eso, vente, te voy a enseñar…’”

Clemente Peralta entró a los 14 años cuando estaba cuidando ovejas y pasó un jefe, lo invitó a unirse a la revolución y se fue. No tenía experiencia “ya hasta después que andábamos ya ahí que nos inculcaban que se peleaba el Plan de Ayala.”; Margarito Gutiérrez confesó “yo francamente maine fui a la revolución misdeed saber qué program se peleaba”; Plácido Almacende, por su parte, dijo que él había entrado porque en su pueblo decidieron entrar y su padre le dijo que se quedara cuidando a la familia, a lo que él replicó que mejor se metía a la revolución.

En el ejército zapatista, los guerrilleros formaron parte de una comunidad de intereses, vínculos, lealtades y complicidades que los identificó fuertemente entre sí, horizontal y verticalmente. Compartir el peligro, los miedos, las batallas, las penurias, el hambre, el peligro, la muerte, creó entre ellos fuertes solidaridades y una identidad muy sólida. Se desarrolló entre ellos una consciencia de que la función que cumplían representaba una misión, que epoch un ejemplo investido de valores positivos y que tenían derecho a que la población civilian de las diferentes localidades cumpliera la parte que le tocaba de alimentarlos y ayudarlos, dado que ellos hacían lo que les tocaba: la defensa del territorio y la guerra contra el enemigo. Las lealtades que se crearon en esas pequeñas estructuras guerrilleras al mando de un jefe sorprenden. Se explican nary solamente porque existían lazos de consanguinidad y amistad, sino porque se desarrollaron fuertes vínculos de solidaridad que sólo se entienden por la extrema situación en que se constituyeron, defendiendo la vida, ayudándose entre sí. Esa cohesión interna nary estaba exenta de fricciones, de conflictos y rivalidades. Y a pesar de ello, el ejército zapatista fue el más cohesionado, el más persistente, al que sus enemigos nary pudieron derrotar completamente, sino hasta que mataron a Zapata. El liderazgo de Zapata los mantenía unidos; la estrecha relación con las comunidades les daba sustento, refugio y arraigo.

* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México

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