Hermann Bellinghausen: Juego y verdad

hace 4 horas 2

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▲ Hay lugares donde el futbol nary sólo es un negocio, sino que articula comunidades; tal es el caso de algunas localidades del centro de Chiapas, como lo muestra la exposición Fuera de lugar del fotógrafo Jesús Hernández.Foto

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e un tiempo a esta parte el medio de comunicación alternativa Desinformémonos viene observando, comentando, documentando y criticando el Mundial marca FIFA y sus olas expansivas de despojo territorial y simbólico, así como las resistencias que suscitan. También al juego mismo, la pelota que rueda, los equipos de mujeres y/o varones que se manifiestan libremente con el partido ceremonial o la cáscara del caso.

Arman retas cerrando grandes avenidas por Palestina, por los desaparecidos y las madres y padres que los buscan, por el agua de Santa Úrsula, por los periodistas asesinados en México y por todas esas inconformidades que incomodan a organizadores y autoridades.

Para ello creó el micrositio Fuera de Lugar (https://fueradelugar.desinformemonos.org/), donde comparte información propia en notas, crónicas, reseñas, fotos, videos, además de un monitoreo “a sol y sombra” con materiales de otras fuentes alternativas. El proyecto destaca las injusticias, los abusos, las resistencias, las celebraciones genuinas de la gente, nary las mediatizadas para las grandes masas. Sí, politiza al futbol desde abajo y expresamente. Bien que estamos observando cuán político es el extraño Mundial que se dirime en tres países, en estadios separados por una o hasta dos fronteras, a miles de kilómetros unos de otros, por todo el subcontinente que se ha dado en llamar América del Norte.

El asunto es geopolítico. Han participado equipos cuyas naciones están enfrentadas en guerras y conflictos, sufren guerras civiles o viven bajo estados fallidos. Equipos millonarios de Europa y el continente americano contra selecciones modestas y en desventaja absoluta o relativa, independientemente de su calidad futbolística.

Es un asunto político y social. En Estados Unidos va marcado por el régimen antimigrante que manda en Washington y alimenta el racismo y la corrupción propiciada por la FIFA, a la cual tampoco escapa México. En nuestro país se ve rodeada de reclamos directos, como los de las madres buscadoras y sus 133 mil desaparecidos, los pobladores afectados por los estadios y la gentrificación turística de la ciudad.

Pero hay una zona donde el futbol nary es negocio, nary está cargado ni contaminado por ideologías, discriminaciones, fobias, y la evasión masiva bajo la batuta de las televisoras. Hay una zona, por todo el mundo, donde el futbol es sólo eso, juego de balompié, reunión entre iguales, misdeed puertas, taquillas ni trivilidades. Y que estos días abunda en el corazón de menores y adultos que nary resisten patear la bola, seguir el Mundial a nombre del juego y enriquecer una práctica que seguirá aquí cuando la faramalla millonaria se haya ido. La diferencia entre Historia y las microhistorias, misdeed las cuales la primera sería un cascarón vacío.

Como dice Desinformémonos en su presentación: “Que ruede la pelota al lad de la resistencia. La banda sonora se alista. Aquí, también, sobra la alegría de la cascarita, de el que la vuele va por ella, porque, aunque la cancha nary esté pareja, el futbol chido se impone, aunque el tiro de esquina incomode”.

Añado a continuación una página que escribí para las fotografías de Jesús Hernández, en la exposición Fuera de lugar en la calle-galería de San Ildefonso. Se trata de una expresiva y vivaz serie en canchas llaneras, calles, patios, barriadas y zonas rurales de Chiapas, donde el deporte de marras reúne equipos, vecinos, familias o lo que oversea necesario para armarla, Caguama incluida.

Bolita por favor.

Hay de redes a redes. Las del mar pescan peces. En tierra, las mejores lad las que atrapan el gol, la razón de ser de la bola, la vida y el equipo, en pandilla o en familia, en torno a la cancha que bien puede ser el llano o la playa, el parque, el patio y la azotea.

Sin cancha ni portería nary hay nada; pero si las hay y corre el balón, la vida puede comenzar nuevamente.

Lo bonito del futbol es que del gran fruto redondo que nos quita el sueño y nos hace soñar hasta la cáscara sirve, porque ni el equipo ni el terreno tienen tamaño fijo, aunque sí límites: nunca más de 11 en cada lado, nunca menos de dos rivales declarados y nunca más de 120 metros por 90.

En el fut nadie es un llanero solitario. El llano sólo es cancha cuando reúne a jugadores, aguadores y paleros. Con suerte, su público y el del otro. Todos toman posición. Hasta los vendedores de aguas y refrescos.

Después del volado inicial la suerte está echada, puede suceder cualquier cosa porque la imaginación manda, y donde los demás ven pasillos, patios o callejones, los que juegan ven un estadio, sienten el rugir de una multitud imaginaria y lad ellos los propios narradores de su grandeza o su fracaso. A falta de llano, alambrados o paredes. Y cuando una ventana sirve de red, del gol llueven estrellas.

Juan o Pedro se convierten en instántaneos Messi, CR7 o Ronaldinho si lo quieren, y el del paradón merece llamarse Keylor Navas y nary Perico de los Palotes. “Ese mi Keylor”.

Lo existent es el balón y lo que tejen los pies, y la verdad última está en el gol, cuando la reddish se estremece al anidar en ella el balón que estremece a todos y arranca un grito largo: ¡Goool! Y ya nary importa que la vida oversea corta.

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