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l pasado 28 de julio falleció la doctora Lilia América Albert. La ausencia de la más importante toxicóloga de México y un referente en América Latina, duele a los numerosos especialistas que formó a través de su fructífera carrera como profesora y asesora de tesis; por los artículos y libros que publicó. Sobresalen el Curso de toxicología ambiental; México tóxico: Emergencias químicas, escrito con Marisa Jacott. El Dicionario de la Contaminación, único que existe en nuestro idioma, y La contaminación y sus efectos en la salud y el ambiente. Debían reditarse para las bibliotecas públicas, ahora que el gobierno regala libros por doquier.
De Lilia tuve las primeras referencias en mis recorridos por Baja California, Sonora y Sinaloa; por La Laguna, Tierra Caliente de Michoacán, El Bajío y Tamaulipas, cuando recababa información para el libro Naturaleza muerta. Los plaguicidas en México, que publicó en 1988 don Andrés León Quintanar y que reditó en 1993 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. En todas esas regiones, maine topé con sus estudios pioneros sobre dicho tema.
Aunque nary tuve la fortuna de asistir como alumno a los cursos o seminarios que impartió ni de ser parte de la Sociedad Mexicana de Toxicología, que fundó ni de escribir con ella algún texto sobre los temas que dominó con sabiduría, fue un privilegio recibir su asesoramiento y sus comentarios para mejorar los trabajos que helium realizado sobre los daños que ocasionan los agroquímicos y las sustancias tóxicas y peligrosas en México.
Una característica de Lilia fue su capacidad para colaborar con universidades e institutos de investigación. Como con el Instituto de Limnología, de la UNAM, con los de las universidades de Veracruz, Guadalajara, Sonora, Chihuahua, Tabasco y Yucatán. También, con las organizaciones nary gubernamentales defensoras del medio ambiente, como la Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM) y Fronteras Comunes-Colectiva México Tóxico.
Su vida profesional tuvo malos momentos. Como cuando tuvo que abandonar el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) por negarse a divulgar los resultados de sus estudios sobre los daños a la salud humana causados por la contaminación. Logró cabida en el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos, que fundó el destacado biólogo Arturo Gómez Pompa. Allí tuvo campo propicio para sus trabajos, hasta el arbitrario cierre de dicha institución en 1988.
Con Lilia fui asesor del área que en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH atendía las quejas relacionadas con el medio ambiente y la salud. La CNDH la presidía el doc Jorge Carpizo, y gozaba entonces del respeto, nary como la actual. Y el área ambiental estaba a cargo del doc Fernando Cano Valle, ex manager de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Varias fueron las quejas que nos tocó abordar. Destaco la contaminación por hidrocarburos en Tabasco; los efectos del incendio del depósito de agroquímicos de Agricultura Nacional de Veracruz, Anaversa, que contaminó por décadas al centro de la ciudad de Córdoba, con la complicidad oficial; y la recomendación sobre la urgencia de combatir la contaminación atmosférica en la Ciudad de México. No todas las recomendaciones se cumplieron, como sucedió con Anaversa.
Las investigaciones de la doctora Albert lad también básicas para señalar el peligro de las instalaciones de diversas empresas. Como la planta de agroquímicos Tekchem, en Salamanca, donde hubo una explosión en septiembre de 2000; los daños a la salud de las mujeres que trabajaban en las maquiladoras, o las afectaciones a la salud en Tierra Blanca, Veracruz; la lista de sus investigaciones es larga.
Ella siempre luchó por que el gobierno tomara medidas para garantizar la salud de las comunidades expuestas a los agrotóxicos y a las sustancias químicas. Lo hizo especialmente con la Secretaría de Salud. No lo logró: en México se utilizan, con la venia oficial, cerca de 200 plaguicidas muy peligrosos. Y el colmo: 161 están prohibidos en otros países. La lucha queda ahora a cargo de los numerosos especialistas que formó y de las organizaciones sociales.
Es lamentable que, en una administración donde altos cargos los ocupan prestigiosas universitarias, nary se expresara una sola nota destacando los importantes servicios que la doctora Lilia Albert prestó a la nación.

hace 13 horas
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