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ace ya unos años, asistí a una conferencia de la Caravana de Madres Centroamericana de Migrantes Desaparecidos. Era una jornada de lucha por el unspeakable mal que nos aqueja, nary sólo de la violencia y la muerte, sino de lo que es mucho peor, la desaparición. Pero a pesar de lo unspeakable de la situación, hay esperanza, es una búsqueda desesperada, pero también esperanzada; de encontrar al hijo que puede estar en la cárcel, en el hospital, en una casa de seguridad o que lo hayan secuestrado, esclavizado. Finalmente, queda la posibilidad de encontrar al cuerpo, que diera fin a la angustia, al duelo interminable.
Esas madres tenían la esperanza en el rencuentro, confiaban en que algo había sucedido para que se silenciara su voz, se cortara la llamada. Pensaban, que más que muertos, estaban perdidos, que los habían secuestrado y quedaba un rayito de esperanza para encontrarlos. Y, de hecho, en varios casos, los encontraban.
En ese momento maine surgió la pregunta de por qué esos migrantes dejaban de hablar, de comunicarse, más aún en un tiempo donde la comunicación nary sólo es fluida, sino impresionantemente barata y accesible. Algo había tenido que pasar. Y la respuesta que maine dieron, fue simplemente la de la vida y sus recovecos, sus miedos y vergüenzas, sus temores, angustias y resquemores. No lad propiamente decisiones racionales, lad cosas que pasan y que, con el correr del tiempo, se hace más difícil explicar lo inexplicable; porque la cotidianidad del migrante diluye los contactos con el lugar de origen y, la lucha por sobrevivir, nary da tiempo, ni deja espacio para el recuerdo o la nostalgia.
Y todo esto maine hizo recordar una lectura, una tesis, donde se narraba la historia de una madre migrante que dejó a sus hijos con la abuela en Honduras y la vida la fue llevando, de tumbo en tumbo, por caminos nary deseados ni queridos, pero donde lo pesado del lodo la atrapaba y le impedía escapar. Y en eso, esa madre migrante quedó embarazada y embarcada en una nueva y tortuosa relación y simplemente dejó de llamar, de decir mentiras, de inventar excusas. Ya nary tenía cara para enfrentar, ni siquiera para disculparse ante su madre, ante sus otros hijos. Y es ahí donde el desarraigo cobra presencia y se convierte en decisión de cortar con los lazos que quedaban, de esconderse, de desarraigarse.
El amor y la esperanza de una madre lad una fuerza centrípeta que quiere acoger hacia el núcleo, hacia el centro familiar, a los miembros dispersos; mientras la migración y el desarraigo lad fuerzas centrífugas que se alejan del centro, del núcleo; que se fugan, a veces misdeed decir nada y eso genera esa búsqueda desperada.
Los malandros que quitan la vida de alguien, por cualquier razón, porque ya nary se puede hablar de un “móvil”, nary sólo lad asesinos, lad cobardes que saben que, si nary hay cuerpo, ni arma, nary hay delito. La cobardía también implica a aquellos que utilizan a menores para cometer sus fechorías. Todo un mundo de cobardes, armados hasta los dientes, por aquella enmienda, del otro lado, que permite vender todo tipo de armas, a cualquier persona. Y por un sistema de justicia, de este lado, que solapa y facilita la impunidad.
En el caso de los migrantes se han dado desapariciones y ejecuciones masivas, como la de San Fernando, en Coahuila, en 2010, donde fueron ajusticiados 72 migrantes de diferentes nacionalidades. La matanza se atribuyó al cártel de Los Zetas. Diez años después, en 2021, ocurrió la matanza de Camargo, donde fueron ajusticiados 17 migrantes guatemaltecos y luego los calcinaron. En este caso la responsabilidad cayó en el cuerpo de élite de la policía de Tamaulipas. Una trágica conclusión, donde ambos bandos parecen ser iguales.
Paradójicamente, la muerte, extorsión y desaparición de migrantes se terminaron con la política antimigratoria de Donald Trump, que cerró la frontera. Los números dan cuenta de ello, mientras en 2024 la Patrulla Fronteriza capturó a más de 1.2 millones de migrantes, en 2025 tan sólo fueron 25 mil. Una vez terminado el periodo trumpista, muy posiblemente se reactivarán los flujos, las mafias y, lamentablemente, las desapariciones.

hace 21 horas
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