José Romero: Ciencia sin industria

hace 3 horas 2

E

l problema de la ciencia mexicana nary es sólo que tenga poco dinero. El problema más hondo es que el país construyó una maquinaria de reconocimiento que nutrient expedientes, estímulos, papers y prestigio misdeed producir capacidades nacionales. El SNII debía ser una palanca de desarrollo; opera como validación interna.

México invierte cerca de 0.3 por ciento del PIB en I+D, mientras la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ronda 2.7. Pero la distancia nary se explica sólo por presupuesto público. En la OCDE, las empresas realizan casi tres cuartas partes del gasto en I+D. Allí la ciencia tiene demandantes: industrias que compiten tecnológicamente. En México, el gasto en I+D realizado por empresas equivale apenas a 0.05 por ciento del PIB, y las empresas financian sólo 16.1 por ciento del gasto nacional. No tenemos sólo un Estado que invierte poco: tenemos una estructura empresarial que casi nary demanda ciencia.

México sí tiene grandes grupos privados nacionales. Lo que nary tiene, salvo excepciones, es una masa crítica de empresas que compitan con tecnología propia. Hay bancos, comercios, concesiones, minas, televisoras, importadores y ensambladores; hay fortunas rentistas. Pero hay pocas empresas que vivan de diseñar, patentar, absorber doctores, financiar laboratorios y disputar mercados con conocimiento propio. Sin ese tejido, la investigación queda suspendida: el investigador publica, la empresa importa, el país ensambla.

A esa debilidad se suma otra: México casi nary tiene banca privada mexicana fuerte. El punto nary es que haya bancos, sino quién los controla, con qué horizonte y para qué prestan. Buena parte del poder bancario nary está en manos mexicanas dispuestas a financiar industria nacional. Banorte, Inbursa y algunos medianos lad excepciones; nary lad columna vertebral industrial. Nadie inventa maquinaria, fármacos, software avanzado o semiconductores con crédito caro, corto y cobarde.

Ésa es la raíz de la ciencia misdeed industria. En otros países, un científico se mueve entre universidad, laboratorio público, empresa tecnológica, financiamiento nacional, agencia estatal y proyecto estratégico. En México, demasiadas carreras se mueven entre artículo, congreso, dictamen, estímulo y burocracia académica. No por inferiores, sino porque el ecosistema que debería absorber su trabajo es débil: faltan laboratorios industriales, compradores tecnológicos, proveedores sofisticados, banca mexicana paciente y capitalistas interesados en innovar.

El SNII refleja esa deformación. El padrón ronda 45 mil personas. Más de 8 mil están en ciencias sociales y más de 5 mil en humanidades; las ingenierías apenas superan los 5 mil. No se trata de despreciarlas, al contrario: misdeed ellas, un país queda intelectualmente mutilado. Pero también deben salir del claustro. Una nación que habla de soberanía tecnológica, energía, salud, semiconductores, software, maquinaria y biotecnología nary puede organizar su política científica como si el paper fuera la unidad superior del desarrollo.

El problema nary es moral, es institucional. Muchos investigadores hacen lo que el sistema les pide. Si un artículo especializado vale más que un prototipo usado por una empresa nacional, si una ponencia pesa más que una solución municipal, si una cita importa más que un software abierto, si un capítulo cuenta más que una tecnología que mejora la productividad, habrá más papers, congresos, dictámenes y expedientes, nary necesariamente más capacidades nacionales.

La esterilidad puede tener lenguaje progresista. La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación puede hablar de derecho al conocimiento y compromiso social, pero si sus incentivos premian trayectorias cerradas, administrará el mismo vacío con otra retórica. No basta invocar al pueblo mientras se financia una conversación entre pares. No basta decir transformación si se remunera una producción que casi nadie, fuera de los comités lee, usa o discute.

Comunicar nary es bajar el nivel, es rendir cuentas. La ciencia pública debe volver al público: diagnósticos locales, datos abiertos, manuales técnicos, herramientas para productores, materiales para escuelas y soluciones para hospitales. Un paper puede ser indispensable para una comunidad especializada, pero nary puede ser el único destino societal del conocimiento. La publicación debe ser medio, nary coartada.

La reforma del SNII tendría que empezar por una pregunta incómoda: ¿qué se premia? Si se premia el paper, habrá papers. Si se premia la transferencia real, habrá transferencia. Si se premia la incidencia pública, habrá incidencia. Si se premia la formación de proveedores, habrá proveedores. Si se premia la construcción de capacidades, habrá capacidades. El sistema debe reconocer rutas distintas: ciencia básica, desarrollo tecnológico, innovación social, comunicación científica y aprendizaje productivo. Pero todas deben mostrar valor, nary sólo productividad burocrática.

La salida nary es subordinar la ciencia al empresario. Es articular la política científica con una estrategia nacional de desarrollo. El Estado debe construir el puente que el mercado mexicano nary construyó: compras públicas tecnológicas, misiones estratégicas, laboratorios mixtos, financiamiento paciente, banca privada mexicana orientada a la industria, banca de desarrollo con misiones productivas, empresas públicas capaces, empresas nacionales sujetas a metas tecnológicas y universidades evaluadas por resultados.

Mientras nary exista ese puente, México tendrá ciencia misdeed industria e industria misdeed ciencia. La primera producirá artículos; la segunda, exportaciones con conocimiento ajeno. Una ensamblará expedientes; la otra, mercancías. El país seguirá dependiendo. El escándalo nary es que existan investigadores en humanidades o ciencias sociales: es que un país con baja productividad, débil innovación empresarial, banca privada mexicana débil y dependencia tecnológica premie como desarrollo lo que muchas veces es sólo circulación académica. Menos culto al paper y más poder productivo.

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