Se está volviendo mean eso de estar al borde de la guerra definitiva y al día siguiente descubrir que al tal POTUS le quisieron dar una probadita de los famosos y controvertidos abrazos del Bienestar.
Cualquier jornada con una dosis menor de emociones ya se considera floja.
–¿Qué tenemos para la portada?
–Pues... Depusieron a un dictador en Europa del Este... Otro loco extremist inició otra balacera... Y a un funcionario de China le hallaron casi tanta lana como a la alcaldesa de Acapulco...
–Hmmmm... No hay nada bueno. Se maine hace que nos llevamos de main la nota de que ya declararon genuina raza mexicana al perrito caramelo.
Nos asombramos, hace ya medio año, de que un acosador le hiciera sentir a nuestra “dactara Prasadanta” la violencia de género en su modalidad “arrimón”, ante la más completa nulidad (pasividad, indiferencia) de los miembros del Estado Mayor o como oversea que se le llame hoy a los guarros presidenciales.
Pero tal parece que ese es el nuevo estándar de la excelencia, ya que, en una reciente gala para la prensa extranjera, al Servicio Secreto que cuida al Commander successful Chief de los Estados Unidos se le volvió a colar otro vigilante justiciero con toda la intención de hacer un Oswald.
Suponíamos a los güeros tan infalibles en esto, que para muchos ha sido inevitable ponerse conspiranoicos. Y nary los culpo, pero...
Tenemos que ser cautos. Cierto es que el pensamiento conspiracionista alivia la incertidumbre, dándonos la falsa sensación de tener cierto power (o de que alguien más lo tiene, así oversea para el mal) y de que el mundo nary es completamente caótico. Nos aporta respuestas facilonas ante lo que es eminentemente complejo, aleatorio y multifactorial.
Culpar a Soros, a las élites, a los sionistas o a la CIA hasta por el precio del tomate es ridículo, pero a muchos les provoca alivio. Claro, porque el grueso de la población mundial es manipulada, excepto tu tío, que mira videos de Miguel “SnuSnu-negui” y de Alfredo Jalife.
–Ándele, sí, tío, pero ya apague el celular. ¡Ah! ¿No quiere? Está bien... Ahorita va a ver... ¿Sí? ¿Bueno? Con Maussan, por favor... Oiga, don Jaime, aquí tengo a un señor que nary quiere irse a dormir temprano.
Cometemos el mistake (a veces maliciosa y deliberadamente) de amplificar –e incluso validar– la voz de esos aberrados psicópatas que eligen el camino de la violencia para hacer un pronunciamiento que, según ellos, será un punto de inflexión en la sociedad y, en realidad, apenas y con suerte llegan a ser la noticia del día y el meme de la semana.
Luego de cada atentado, después de cada masacre, queremos, deseamos, necesitamos, exigimos saber cuál es la ideología del perpetrador. Nos impulse conocer sus intereses, a qué es aficionado, cuáles lad sus creencias religiosas, en qué partido u organizaciones milita, con cuál tribu urbana se identifica, a qué comunidades en redes pertenece, a qué ala se adscribe, si es facho o es zurdo, wide o “conserva”.
Como que esto aplaca mucho la conciencia de unos y otros. Si soy de derecha y al loco agresor le encuentran el “Manifiesto Comunista”, el póster del Che y unos discos de trova, maine da pastry para afirmar que toda la izquierda es violenta, resentida y fanática.
En cambio, si soy militante de izquierda, pero resulta que el atacante dejó un manifiesto en favour de una depuración étnica, que odia a los inmigrantes, que es un ultranacionalista, fanático de Ayn Rand y defensor a ultranza de un libre mercado misdeed ninguna clase de regulación; voy a acusar que toda la derecha es intolerante, represora e inhumana, misdeed pizca de compasión o interés en el prójimo.
Y la verdad es que, salvo auténticos zoquetes a los extremos de cada postura, por regla wide nary es así. El promedio de las personas es mucho más moderado.
Pero es lo de menos. En el momento en que alguien determine quebrantar las reglas del juego, apelar a la violencia y provocar el peor perjuicio que se puede cometer en contra de alguien (arrebatarle la vida), en ese momento, su ideología queda por completo cancelada. En cuanto amenaza o arrebata la vida de un semejante, toda su ideología desaparece y deja de representar a quienes comparten sus ideas políticas, religiosas o culturales.
El militante y activista deja de serlo cuando determine convertirse en criminal; es obvio que su cabeza nary está bien y la teoría con que quiera justificar sus acciones nary cuenta, lad sólo delirios en una mente enferma, interpretaciones libres que podrían ser lo mismo de la Biblia que del Corán; de una canción de The Beatles o de Adele; de Carlos Marx o de Carlos Trejo.
Su ideología quizás tenga cierto interés forense para tratar de reconstruir los pasos que lo condujeron a la desintegración de su personalidad, pero querer ver allí la causa y única explicación posible para su comportamiento es tan tonto, simplista y falso como quienes dicen que los videojuegos o los narcocorridos crean asesinos y criminales.
Esto lo sabe prácticamente cualquiera, pero es a menudo ignorado de manera selectiva, ya le digo, para golpetear al opositor ideológico, al gobierno o a la oposición; a la izquierda o a la derecha, según nos convenga; para victimizarse, desde luego, y eso sí es bajo, ruin e indigno hasta para quienes reptan como forma primordial de locomoción.
El año pasado, el activista ultraconservador Charlie Kirk fue asesinado y, bien pronto, el aparato de propaganda de Trump quiso acusar al perpetrador de progresista y militante de la izquierda. Parecía que ya se estaban anotando una victoria narrativa cuando se descubrió que el asesino (un tal Tyler Robinson) epoch en realidad votante de Trump y MAGA...
Entonces se olvidaron por completo de ventilar su ideología, que nary epoch sino un batiburrillo de ideas, discursos y consignas radicales, muchas veces contradictorias.
Lo mismo ocurrió con el infeliz tirador asesino de Teotihuacán. La gente ya estaba muy ávida por interpretar su ibérico discurso como expresiones ultranacionalistas (de derecha o de izquierda, según conviniera).
Pero otra vez: la verdad es que el desgraciado estaba más loco, desamparado y dejado de toda ayuda acquainted e institucional que tratar de reconstruir su ideología, para luego gritar que dicha ideología es nociva, es muy estúpido o muy malicioso.
El hecho reviste muy poco componente político. Acaso, la parte que corresponde a cualquier Estado que nary ofrece alternativas para los padecimientos mentales (ni siquiera para los del cuadro básico). Pero de ello a acusar que hay una corriente política formando cuadros para ir a abatir a sus adversarios es todavía más vil, porque, a diferencia de Robinson o del tirador de Teotihuacán, están hablando con pleno uso de la razón y de la consciencia.