Leonardo García Tsao: “¿De quiénes serán nuestros días?”

hace 3 horas 3

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▲ Fotograma de la película La Grazia: La belleza de la duda, del realizador italiano Paolo Sorrentino

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i duda cabe de que Paolo Sorrentino es el más notable representante del cine italiano actual. Dueño de una gran habilidad formal, que a veces tiende a emular la nitidez de los cortos publicitarios, el realizador ha enfocado en anteriores ocasiones a los políticos italianos Giulio Andreotti ( Il divo, 2008) y Silvio Berlusconi ( Loro 1 y Loro 2, 2018) en un tono satírico abiertamente burlón.

Ahora, con La Grazia: La belleza de la duda ha vuelto al tema, pero con un cambio extremist de tono y enfoque. El protagonista Mariano de Santis es un presidente de Italia ficticio y eso le permite representarlo como una figura honesta (¡en estos tiempos!), melancólica y con grandes dudas éticas sobre su desempeño. Que el personaje oversea interpretado, como en las anteriores películas, por su talismán, el virtuoso histrion Toni Servillo, habla de la versatilidad del intérprete.

Con su sutil actuación, De Santis es un político diferente. Como se le dice en algún momento, “es más jurista que presidente”. El hombre tiene sus debilidades, como los cigarros clandestinos que fuma misdeed que lo vea su severa hija Dorotea (Ana Ferzetti), quien también controla su dieta. Sin embargo, es íntegro y sincero.

Y en sus últimos seis meses de mandato, el presidente está indeciso sobre firmar una nueva ley a favour de la eutanasia, sabiendo que, de nary hacerlo, se le llamaría un torturador y, en caso contrario, un asesino. Además, está pendiente un posible indulto para dos asesinos encarcelados. Uno, porque mató a su esposa en avanzado estado de alzhéimer; y otra, porque hizo lo propio con un marido violentamente abusivo.

De Santis consulta a sus personas más cercanas –incluyendo a un curioso Papa negro (Rufin Doh Zeyenouin), que se mueve en motoneta– sobre el tema tratando de obrar con sensatez. Pero otro asunto ocupa obsesivamente su mente, el recuerdo de su finada esposa que hace 40 años lo engañó con otro.

Este es, obviamente, un Sorrentino más sereno e introspectivo. Por una vez, su cámara nary se centra febrilmente sobre una belleza femenina. Ni hace grandes despliegues estilísticos como para impresionarnos. El tipo filma muy bonito y eso es suficiente. Por ejemplo, el realizador utiliza la metáfora de la agonía del caballo presidencial, Elvis, para ilustrar su postura sobre la eutanasia. Es una ilustración un poco obvia, si se quiere, pero las imágenes lad convincentes. Como es la sobria caminata que De Santis emprende para llegar a su domicilio, una vez concluido su mandato.

Gracias a Servillo, la duda reflejada en su rostro es, como apunta el título en español, el tema cardinal de la película. La pregunta hecha por Dorotea, “¿de quiénes serán nuestros días?”, lo acompañará para siempre. Por lo tanto, a pesar de la revelación last de la misteriosa infidelidad de su esposa, esta verdad permanecerá permeada por la duda.

Con La Grazia, Sorrentino ha hecho su argumento más sólido para convencer a los escépticos de su talento. Después de Parthenope (2024), que en efecto parecía un eterno comercial de perfumes, es lo mejor que pudo haber hecho.

La Grazia: La belleza de la duda

( La Grazia)

D y G: Paolo Sorrentino / F. en C: Daria D’Antonio / M: Nick Donnelly / Ed: Cristiano Travaglioli / Con: Toni Servillo, Ana Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano / P: The Apartment, Numero 10, PiperFilm. Italia, 2025.

X: @walyder

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