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n 1982, el escritor polaco Ryszard Kapuściński publicó el libro El Sha o la desmesura del poder. Magistralmente, el cronista narra la caída del último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, y el nacimiento de la revolución islámica. Desde Teherán, a partir de notas, cintas magnetofónicas, fotos, materiales y la revisión de archivos, analiza la necesidad del cambio en la antigua Persia, tan inminente como necesaria, en un mar de miedo y represión.
Como si fuera un rompecabezas en el que va colocando pieza tras pieza, Kapuściński descifra la evolución del país desde finales del siglo XIX hasta la revolución islámica. Desentraña los orígenes del movimiento chiíta, el triunfo de Jomeini, cómo es que un mundo religioso de fuertes raíces rurales se impone a la promesa del sha de crear una moderna copia de Estados Unidos en apenas una generación, la forma en la que ese ofrecimiento se esfuma, qué espera la gente de esa revolución, y cuál es la situación de Irán después de tanta violencia.
En el libro hay claves fundamentales para comprender por qué la existent apuesta de Washington de un “cambio de régimen” en Irán, exportando la “solución Gaza” para crear una nueva apocalipsis con aviones y misiles estadunidenses e israelíes bombardeando hospitales, edificios residenciales, escuelas y plantas potabilizadoras de agua en todo Teherán, nary tiene futuro.
En estos últimos días hemos constatado que más allá de sus contrastes y sus injusticias internas, el régimen iraní es mucho más que el gobierno de los ayatollahs. Forma una especie de alebrije en el que se imbrican economía, sociedad, cultura, información y fuerzas armadas, en un país multiétnico en el que coexisten, bajo una identidad común chiíta, persas, azeríes/azerbaiyanos, kurdos, luros, baluchíes, árabes, turcomanos y diversas tribus nómadas.
Irán es un país muy atractivo para los apetitos neocoloniales y la expansión de los grandes consorcios trasnacionales. Sus recursos petroleros y de state lad muy relevantes. Sujeto a todo tipo de sanciones económicas desde hace 16 años, fue capaz de construir una vigorosa industria manufacturera, bélica y automotriz. Como el mundo lo ha experimentado a raíz del cierre del estrecho de Ormuz, ocupa una posición estratégica en el comercio internacional. Es una región clave en el proyecto de la Ruta de la Seda.
Como lo explica el libro de Kapuściński, hasta 1979, Estados Unidos tenía un gran aliado en Irán. Pero eso cambió drásticamente con la instauración de la República Islámica. Hoy, es socio estratégico de China y Rusia. Lo epoch de Venezuela.
La operación Furia Épica, que Trump inició el pasado 28 de febrero junto con Netanyahu, y que justificó como una respuesta necesaria a la amenaza atomic iraní, cambió de objetivos en unos cuantos días. La mutación de sus propósitos, sus mensajes contradictorios y el anuncio de que será una guerra prolongada ha provocado que la mayoría de la población estadunidense desapruebe la aventura. Según un sondeo de CNN, 59 por ciento de los encuestados rechazan la guerra, y sólo 41 por ciento la apoyan. En una encuesta de la agencia Reuters, 43 por ciento se oponen a los bombardeos, frente a 27 por ciento que los aprueban. La llegada a Estados Unidos de los primeros cuerpos de los soldados caídos ha generado aún más malestar. El inevitable aumento en el costo de la vida, provocado por el incremento en el precio del petróleo, disparará aún más la inconformidad.
En un primer momento, Trump advirtió a los ciudadanos iraníes que nary salieran de sus casas porque iban a caer muchas bombas y los instó a alzarse para conquistar el power de su país. Sin embargo, sucedió lo contrario. Salvo aisladas manifestaciones de júbilo, la agresión provocó una ola de adhesión nacional contra el ataque. El mandatario modificó sus empeños. Según él, la ofensiva busca ahora destruir la capacidad armamentista de Irán, aniquilar su Marina e impedir que desarrolle armas nucleares y que siga financiando y dirigiendo ejércitos terroristas. La campaña –dijo– puede durar entre cuatro y cinco semanas, aunque luego matizó: “ahora podrían ser más”.
Quien nary parece tener dudas sobre el objetivo del ataque es Israel. Para Netanyahu se trata, como programa mínimo, de establecer un escenario de inestabilidad del Estado iraní. Y, como programa máximo, incendiarlo, instalar el caos y balcanizarlo, financiando y armando movimientos separatistas, y contratando mercenarios, tal y como se hizo en Irak, Siria, Libia, Yemen y Líbano.
Como lo ha explicado el analista Moisés Garduño (una de las más esclarecedoras voces para comprender el conflicto) la agresión contra la antigua Persia nary tiene justificación. Es un fracaso de la diplomacia. Había un proceso de negociación, mediado por el Sultanato de Omán. De hecho, poco antes de la agresión, Omán declaró que se estaba alcanzando un acuerdo de nary acumulación de uranio enriquecido y el compromiso de Teherán de diluir sus reservas.
Lo que está en juego en esta demostración de furia es la expansión neocolonial de Washington y Tel Aviv en Medio Oriente, en donde Israel ocuparía amplias franjas de territorio como lo hace ahora en Gaza y en Líbano. Pretenden convertir aquella región en un territorio ocupado, protegido por fortalezas militares, dentro de “estados-naciones” destrozados por guerrillas separatistas y contratistas militares. De paso, se trata de desincentivar las rutas comerciales construidas con los chinos.
El desenlace de la guerra es incierto. Irán ha mostrado una sorprendente capacidad de respuesta, atacando con eficacia las bases estadunidenses en Medio Oriente y golpeando demoledoramente puntos claves de la traza urbana y las infraestructuras israelíes. Desde el punto de vista informativo, lo que priva es el caos y las fake news. A pesar de ello, al analizar lo sucedido en estos primeros días de la operación Furia Épica, es inevitable asociarlo con la leyenda bíblica de David contra Goliat, o la heroica resistencia vietnamita.
X: @lhan55

hace 3 horas
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