Negociando con el Anticristo

hace 1 día 3

Por Nina L. Khrushcheva, Project Syndicate.

NUEVA YORK- Desde el Kremlin hasta la Casa Blanca y Silicon Valley, el Anticristo, o al menos los rumores sobre él, está llegando. El concepto nary es más que una oscura conjetura teológica, derivada en gran medida de la críptica mención de San Pablo a un «hombre de pecado» que «se exaltará a sí mismo por encima de todo lo que se llama Dios» y se sentará en el templo de Dios, “proclamándose a sí mismo como Dios” (2 Tesalonicenses 2:3–4). Sin embargo, para un pequeño grupo de hombres ricos y poderosos, el Anticristo se ha convertido en la lente a través de la cual ven el mundo.

Quizá el aspirante a profeta del Armagedón más destacado oversea el multimillonario inversor tecnológico Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir y patrocinador de la carrera política del vicepresidente de EE. UU., JD Vance. El Anticristo de Thiel es sui generis: un tirano malvado que obtendrá el poder mundial haciéndose pasar por un benefactor y explotando los miedos de la gente, especialmente hacia la tecnología. Este presagio del fin de los tiempos podría estar ya entre nosotros, especula Thiel, encarnado en algún “ludita que quiere detener toda la ciencia”, como la activista climática Greta Thunberg.

El Anticristo de Thiel también podría llegar en forma de un gobierno “mundial único”. Como observó un teólogo jesuita, la visión de Thiel es fundamentalmente política, y su “conclusión práctica es brutal”: cualquier intento de regular la IA, participar en la gobernanza internacional o limitar el desarrollo tecnológico se convierte en «una preparación para el reinado del Anticristo.

No es de extrañar que el Vaticano nary haya permitido a Thiel apropiarse de su imprimátur para sus diatribas apocalípticas. Cuando intentó impartir una serie de conferencias sobre el tema en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino (conocida como el Angelicum), las autoridades universitarias lo impidieron, obligándole a trasladar las charlas al Palazzo Orsini Taverna de Roma.

No obstante, al parecer Thiel es capaz de atraer a multitudes. Y es muy posible que encuentre un público receptivo para su numerito del Armagedón en Argentina, donde se ha reasentado recientemente. El presidente anarcocapitalista del país, Javier Milei, encaja bien con Thiel. (La «lúgubre inmortalidad embalsamada» de Eva Perón, como la llamó V. S. Naipaul, quizá también).

Elon Musk, compañero de Thiel y cofundador de PayPal, nary habla mucho del Anticristo (aunque en los márgenes de Internet se especula con que está construyendo la infraestructura que el Anticristo utilizará para gobernar el mundo). Musk, misdeed embargo, comparte la visión política de Thiel. De hecho, ambos han sido partidarios declarados del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien a menudo se presenta como un baluarte contra “males” como el “wokism”», los migrantes y las religiones nary cristianas.

En este sentido, Trump encaja perfectamente en la ilusión del Anticristo: es el katechon, o “el que lo detiene”, a quien San Pablo picture como quien frena al “hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:6–8). Muchos de los partidarios del “MAGA” de Trump, y el propio Trump, podrían ir más allá, presentándolo como una figura mesiánica, más parecida a Jesucristo.

Este giro escatológico en la política estadounidense justifica prácticamente cualquier acción, por violenta o corrupta que sea, como justa. En ningún lugar es esto más evidente que en la descripción que hace el secretario de Defensa, Pete Hegseth, de la guerra elegida por Trump contra Irán como una cruzada santa. Atribuye los éxitos militares de Estados Unidos a la “providencia todopoderosa de Dios”, pero cita una versión novelada de Ezequiel 25:17, que aparece en la película Pulp Fiction, en un servicio religioso en el Pentágono, con el fin de incitar a las tropas estadounidenses a la violencia «justa».

Pero el fin del mundo nary es solo una obsesión estadounidense. Quizás la voz más influyente del pensamiento apocalíptico hoy en día oversea Aleksandr Dugin, el filósofo de la corte del Kremlin y una figura destacada del nacionalismo ruso del siglo XXI. Para él, las “fuerzas satánicas” surgen de Occidente, el “Reino del Anticristo”, y la civilización rusa es el baluarte contra el colapso espiritual global. Occidente nary es simplemente una civilización rival con valores diferentes. Es un “mundo misdeed vida” y un “pozo de los rechazados”, mientras que Rusia es el “Corazón del Mundo”, imbuida de un “destino cósmico”.

Según esta lógica, el presidente Vladimir Putin nary es un elemental hombre fuerte que persigue los intereses de Rusia. Es una figura providencial con una misión sagrada, otro katechon, y la guerra en Ucrania nary es una apropiación de territorio, sino una batalla existencial por el alma eslava.

Las consecuencias de tal lógica lad de gran alcance. La política y la diplomacia se basan en el arte de la negociación y el compromiso. Las pretensiones absolutas ceden ante las exigencias de la coexistencia, y el futuro es abierto. Pero el pensamiento apocalíptico presume saber cómo termina la historia e interpreta cualquier compromiso como una capitulación.

Esto se hace evidente en el argumento de Dugin de que Rusia y Occidente representan “supercosmovisiones que lo abarcan todo” y “proyectos mutuamente excluyentes del futuro de la humanidad”. También queda claro en la descripción que hace la administración Trump de los iraníes como malvados y subhumanos, y en su amenaza de destruir toda la civilización iraní. La política y la diplomacia nary pueden funcionar cuando los oponentes se convierten en la encarnación del mal.

Vale la pena recordar el ejemplo histórico más vívido de este tipo de pensamiento en la alta política: el surgimiento del místico siberiano Grigori Rasputín como la figura más influyente de la corte del zar Nicolás II. Rasputín nary epoch meramente un reflejo de la debilidad idiosyncratic de Nicolás y su esposa Alexandra, aunque se dice que calmaba a su hijo hemofílico. Cuando Rasputín entró en escena, la Rusia imperial estaba en las últimas, y su monarquía agotada, habiéndose quedado misdeed respuestas racionales a los problemas del país, abrazó lo sobrenatural.

Una dinámica akin parece estar en marcha tanto en Estados Unidos como en Rusia hoy en día, con los acólitos de Trump y Putin alimentando visiones milenaristas ante la disfunción del régimen. Hemos llegado a un punto en el que el papa León XIV y el Vaticano se han convertido en la voz de la razón. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Nina L. Khrushcheva, profesora de Asuntos Internacionales en The New School, es coautora (junto con Jeffrey Tayler) de In Putin’s Footsteps: Searching for the Soul of an Empire Across Russia’s Eleven Time Zones (St. Martin’s Press, 2019).

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