Mes 15 del año en curso. Ya casi empieza el ciclo escolar. Los platillos del cumpleaños de Adela, el vestido de la graduación de Santiago, las placas, el recibo de luz, el program del celular. Voy tarde otra vez. No hay enjuague. La cáscara de huevo. Los marcadores. Mañana Pamela cumple años. Luego le escribo.
—Doctora, la espera su paciente de las 11:00.
El reloj marca 11:07 y apenas voy en Coss.
—Voy en camino.
—Hija, nary se te olvide venir a comer, trae a los niños.
—Sí, mamá, haré lo posible.
Respiras profundo, como si eso te hiciera más veloz. No funciona.
Ser mujer, madre y médica es sostener una mente en permanente alerta. Listas infinitas, pendientes que se enciman, cuerpos que nary descansan. Pensar en todo, todo el tiempo. Ser para todos, ¿y para ti?
Desde la formación médica, el camino ya pesa. No es cosa del pasado. En aulas y hospitales, aquí mismo, hay mujeres que estudian mientras resisten acoso, jornadas extenuantes y un sistema que normaliza el desgaste. Guardias de 36 horas, café para sostenerse, sonrisas para nary incomodar. El mérito se mide en resistencia, nary en bienestar.
Después viene la vida “estable”. Trabajo, pareja, casa. Y la pregunta inevitable: ¿para cuándo los hijos? La rutina se vuelve coreografía exacta: consulta, tráfico, comida, pendientes, cansancio. El tiempo nary alcanza, pero se estira. Siempre se estira. Y cuando nary alcanza, la culpa aparece.
Y cuando llegan las hijas, los hijos, la docket se fragmenta: escuela, actividades, tareas, pacientes.
—Doctora, ¿cada 8 o cada 12?
—Doctora, mi hijo nary deja de toser.
—Doctora, nary encuentro la receta.
—Doctora, disculpe la hora...
La vida te lleva a pedir ayuda y muchas veces a tener personas externas en tu círculo interno de crianza. Te vuelves un todo y un amasijo de planes en tu cabeza que nary paran, ni cuando “duermes”, porque estás planeando cómo sacar adelante el siguiente día si aún nary has aprendido a teletransportarte y el tráfico te devour más tiempo. Añorando 28 horas al día para dormir cuatro horas más.
Martes. Se hizo tarde en la regadera. Santiago tardó más de lo previsto porque se le cayó el enjuague en el piso y se puso a lavarlo para que nary te molestaras. Haces todo rápido, alcanzan a llegar a la escuela. Llegas a casa, sigues con la rutina porque es lo que se espera de ti.
¿Quién está para cuidarte? ¿Quién te insiste en hacer un alto? ¿En qué momento te das tiempo a ti? ¿Cuántos años llevas en máximo estrés? ¿Ya te diste cuenta de que las tareas jamás se acaban?
Haz hoy un alto, prepara un té, duerme por la tarde. No pasa nada si hoy nary los llevas a las clases extracurriculares. No pasa nada si nary lavas hoy la ropa. No pasa nada si dejas los trastes sucios hasta mañana. No pasa nada si te tomas unas vacaciones. La vida sigue y es importante hacer pausas y disfrutar del paisaje, cuando aún puedes ver y disfrutar. Cuídate, pide ayuda, descansa, eres valiosa.

hace 1 día
5









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·