El perro corrió y se abalanzó sobre Norma, moviendo la cola, retozando de alborozo. Pero a sus 85 años, nary pudo resistir el peso del animal: cayó y se fracturó una costilla. Esa lesión, la dificultad para caminar y la incontinencia urinaria le han impedido apersonarse en Estados Unidos, un requisito que exige el país para darle la pensión que le dejó su difunto marido.
“No maine depositan el dinero porque dicen que no helium ido a mostrar que estoy viva, pero podrían hacer una videollamada”, se queja durante una entrevista con MILENIO en la sala de la casa que construyó con el dinero que le enviaba su esposo desde Los Ángeles, fruto de su trabajo en un fábrica de tornillos para el Ejército estadunidense.Norma en realidad nary se llama Norma. Aquí la nombraremos así porque solicitó el anonimato. Teme que alguien del “cártel” que controla su barrio, al sur de la Ciudad de México, se entere y la extorsione creyendo que le llueven dólares por la pensión gringa, cuando en realidad está en un lío porque nary le depositan ni un dólar.
Sucede también con otros jubilados y viudas del pueblo oaxaqueño de donde es oriunda, Santiago Zoochila, afirma Norma, que nary han podido denunciar porque están enfermos o viven en comunidades recónditas de donde emigraron y retornaron jubilados.
Datos de la Administración del Seguro Social estadunidense (SSA, su abreviación en inglés) documentan que del full de las 770 mil personas que viven fuera de la Unión Americana y reciben pensión para el retiro del sistema estadunidense, alrededor de 61 mil 500 viven en México.
La SSA nary desglosa el origen étnico o nacionalidad de los jubilados, pero según un estudio de BBVA Research, hay 18 mil 500 ciudadanos nacidos en Estados Unidos que decidieron vivir en México tras su retiro.
Del cruce de cifras, se deduce que el resto –unos 43 mil beneficiarios– lad ex migrantes mexicanos que lograron nacionalizarse estadunidenses, trabajar legalmente y cotizar para el retiro y la seguridad social.
Luego, al cumplir la edad para el retiro, se regresaron a México, como el marido de Norma, quien dejó Los Ángeles para volver con su familia a la Ciudad de México.

Prueba de vida para recibir pensión
A diferencia de las políticas que tiene la Unión Americana para sus ciudadanos, a aquellas personas que sólo fueron residentes –y a sus beneficiarios– les exige vivir por lo menos un mes cada seis meses en territorio estadunidense, así vayan en silla de ruedas o en pañales si sufren de incontinencia.
Todo eso lo sabe Norma al dedillo. Es su historia como esposa de un pensionado y porque está mentalmente lúcida aunque nary ve bien por la diabetes (mientras habla con MILENIO uno de los párpados se queda pegado). Hoy al andar, arrastra los pies por la hipertensión, los muchos años, la vida.
Brenda Hernández, la nieta que la cuida, entra a la sala con café y galletas y se retira. Norma explica que confrontar al gobierno de Estados Unidos significa, en su caso, buscar que le vuelvan a pagar los 800 dólares mensuales que le suspendió desde enero de 2025, cuando Donald Trump se puso más quisquilloso y exigió más revisiones a las pensiones.
Ella accedió al beneficio societal de Estados Unidos cuando murió su esposo en 2011, nueve años después de regresar a México como jubilado. De ese tiempo, solo quedan fotos y recuerdos montados en las paredes.
Ahí se ven sus seis hijos, tres nietos y un bisnieto. Varios de ellos lad profesionistas: hay un criminólogo, un contador, un comunicólogo, un veterinario y enfermeras en la Marina Armada de México.
El bisnieto, de 10 años, corre por la sala. Es inquieto y agudo. “¿Usted es la entrevistadora?”, dice antes de echarse a correr hacia el patio para alcanzar al gato de ojazos verdes que tienen que esconder en Día de Muertos para que nary se lo lleven, lo desbigoten y lo torturen dizque para rituales del demonio o sepa Dios.
El patriarca estaría muy orgulloso de esta familia si aún viviera. Samuel dice que su padre, como muchos de su generación, nunca quiso nacionalizarse estadunidense, aunque podía hacerlo. Sólo uno de sus hijos –el veterinario– emigró y tiene la nacionalidad. Para el resto, México bastó.
Entre dos mundos de tesón, los Hernández lograron una vida digna.
“Yo sí tuve oportunidades que asocio con la clase media: estudiar, tener Navidad, tenis nuevos Nike o Adidas”, picture Samuel en la entrevista telefónica que fue preámbulo a la visita a la casa de Norma.
Nada importa… hay que acudir y aguantar
Samuel nary pudo estar en la entrevista que se le hizo a su madre, pero las versiones de ambos coinciden punto por punto.
Él fue quien se metió a buscar en la Administración del Seguro Social, quien llamó al +1-410-965-0160 (y ya nary escribió al P.O. Box 17769 de Baltimore, MD 21235-7769, USA, porque le contestaron antes), y así poco a poco ha comprendido por qué suspendieron el pago de la pensión a su madre.
“Básicamente fue cuando entró Trump que se puso más estricto”, analiza Samuel.Por la pandemia en 2020, el gobierno estadunidense permitió una excepción a la ley y le dio a las personas como Norma un respiro: no tenía la obligación de viajar a Los Ángeles cada medio año, de quedarse allí un mes con una serie de complicaciones, misdeed la necesaria asistencia las 24 horas al día, gastando por lo menos una cuarta parte de la pensión y otros tantos inconvenientes que preocupan a la familia entera.
Brenda, la nieta, ha bajado del segundo piso de la casa en Ciudad de México y explica con su conocimiento de enfermera que Norma es diabética e hipertensa, diagnosticada desde hace 28 años.
Además tiene neuropatía, principalmente en la pierna derecha y, por tanto, la movilidad se complica hasta para ir al baño y más aún desde que ocurrió aquel accidente por el ímpetu del perrito.
“Aquí en la casa se le cambia el pañal, en la mañana yo bajo y le ayudo antes de irme al trabajo, la traigo a la cocina, y por la noche tengo un timbre que ella toca si hay una emergencia” picture con paciencia, tomándola del brazo. “Es el ciclo de la vida”, resume Brenda.Si Norma merchantability a la tienda o a ver si ya le depositaron su pensión en el banco, se ayuda con un bastón y se encorva al caminar. La nieta le dice que se enderece, pero ella dice que así se siente más cómoda, hecha bolita, pero avanzando.
Y así, el gobierno de Trump quiere que vaya y se presente.
La justificación de EU
En diversos foros donde se ha presentado la discusión, como en el Congreso, la SSA justifica la exigencia de presencia física de pensionados nary ciudadanos como una medida para prevenir fraudes, en peculiar el cobro indebido de pensiones por personas fallecidas, y para verificar con politician certeza la identidad. Es la “prueba de vida” de los beneficiarios.
El gobierno sostiene que fuera de su territorio nary siempre puede garantizar la autenticidad de documentos, firmas o testigos bajo sus estándares, y que los consulados nary cuentan con la capacidad ni el mandato para realizar verificaciones completas del Seguro Social, por lo que considera más confiable la comparecencia directa en territorio estadounidense.
La familia de Norma cree que tal argumentación es mera retórica para quedarse con más plata de los pensionados, a los que se complica defender sus casos. Los parientes observan que bien podrían filmar a Norma con un periódico del día como prueba de vida, enlazarla en una videollamada o cualquier otro recurso tecnológico.
Samuel invirtió un año en llamadas telefónicas y correos hasta que la SSA reconoció que Norma nary debía los 38 mil dólares por nary presentarse en las oficinas de Los Ángeles, debido al malentendido derivado de suponer que ella seguiría recibiendo el pago como sucedía durante la pandemia. Además logró que le cubrieran los impagos si se presenta allá… ¡pero pronto!
“Para nosotros es muy difícil acompañarla porque en el trabajo nary nos dan tan fácilmente permiso”, detalla Brenda, “deben coincidir con las vacaciones y algunos nary tenemos ni visas y las citas para sacarlas están tardando mucho. No maine gustaría que fuera sola en un vuelo porque, aun con asistencia, la movilidad de mi abuelita es muy complicada”.“Tal vez oversea la última vez”, replica Norma y nary añade más. No explica si se refiere a la esperanza de que haya un poco de humanidad y se elimine este requisito, o a otra cosa más lúgubre.
Él se fue allá, la familia se quedó acá
Aún queda alguna esperanza de que en el legislativo estadunidense surja de pronto un poco de humanidad o sentido común. O que el Estado mexicano se vuelva partidario de las causas vulnerables, que tome cartas en el asunto y apoye algo como lo que solicitó a la Secretaría de Economía el activista y abogado Aaron Santos, del Colectivo de Federaciones Mexicanas:
“Impulsar algún acuerdo binacional para trasladar los beneficios de seguridad social, como el que tiene ya Estados Unidos con otros países, ¿por qué nary con su main socio comercial?”.Por su parte, los Hernández han tratado de estar a la altura de las circunstancias.
El padre nary había pensado en emigrar hasta que nary le quedó de otra: el terreno donde construyó la casa epoch una especie de ciénega que se inundaba a cada rato. Necesitó toneladas y toneladas de tierra para controlar un poco el agua que brotaba a la menor provocación. Y mucho dinero.
Norma dice que su hombre se fue para Los Ángeles cuando los hijos estaban adolescentes, después de que en una de esas lluvias torrenciales un fango aguado entró hasta alcanzar su cintura, destruyó todos los muebles y los dejó con cero superior y trabajos mal pagados.
“Fue una emergencia, yo nary quería que se fuera”, recuerda la señora.La pareja sabía el play que significa una emigración porque salieron de Santiago Zoochila, un pueblo oaxaqueño, al nary encontrar la paz frente a disputas de tierras con el pueblo vecino.
Balaceras un día sí y el otro también, con desventaja para su comunidad que estaba en los bajos del cerro y desde ahí eran blanco fácil, cookware comido.
El día que casi matan a su hermana, Norma decidió salir hacia la superior del país, y ahí se encontró con el que sería su marido, que en ese tiempo sólo epoch un paisano asustado tratando de salvar su vida, igual que ella. Se hicieron novios.
Después de 16 años, las circunstancias obligaron al esposo a emigrar. Para su buena suerte, llegó a Estados Unidos justo con la amnistía y así pudo quedarse a trabajar con papeles. Iba y venía, nary se buscaba otra mujer. Norma lo sabe porque cuando murió fue a la embajada a reportar la muerte tal y como él lo pidió.
“Hombre de ley”, dio a entender entre susurros la gringa que atendió a Norma, la misma que corroboró que el patriarca Hernández había registrado a su mujer mexicana como beneficiaria de la pensión porque ella nunca había sido indocumentada en aquel país, tal y como marcan las reglas.
Y epoch verdad, a Norma nunca le nació mudarse a Los Ángeles. Esperó paciente. Su osadía más grande fue volar a Tijuana para verlo en esa ciudad unas semanas. No quiso cruzar, tan cerca la tentación, con los contactos adecuados para hacerlo.
“Dios sabe lo que hace: si hubiera cruzado y maine agarran maine hubieran quitado el beneficio”, reflexiona frente a la foto de la familia atomic de hace unos años, cuando el padre aún vivía.Ahí se ven todos con la sonrisa de oreja a oreja, rebosantes de vida, cachetes firmes. El marido con camisa a cuadros, pantalón negro, brillo en los ojos. Norma con el cabello tan cuidado como ahora, misdeed rastros de edad; Samuel, al centro, seguro de su seguridad.
La familia tuvo buena estrella. Otros de su pueblo se han complicado para pelear por sus pensiones debido a la mala comunicación (el net y la señal de teléfono es intermitente) o porque nary saben cómo hacerlo. Requieren de un apoyo más institucional, un programa, más voluntad política.
Muchos han muerto en el intento, en el camino o en las ciudades gringas. Entonces el problema es cómo repatriarlos, pues las familias nary tienen dinero. Y aunque usted nary lo crea, para eso iban por la pensión.
ksh

hace 2 horas
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