Ofrece México 37 tributos a Trump, pero los cárteles son como una hidra

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“Acúsome, padre, de que maine estoy acostando con una mujer casada”. Eso le dijo el penitente al padre Arsilio. Preguntó con curiosidad el sacerdote: “Esa mujer, ¿es fea o bonita?”. “Es algo fea –admitió el tipo–, tanto que debo apagar la luz cuando estoy con ella, pues de otro modo nary funciono. Sin embargo, padre, caras vemos, camas nary sabemos. En el espejo es feona, pero en el colchón campeona”. Le aconsejó el padre Arsilio: “Búscate una guapa. La penitencia es la misma”... El doc Ken Hosanna le indicó a su paciente: “Por un tiempo deberá usted dejar de fumar, de beber y de andar con mujeres”. El hombre se apuró: “¿Por cuánto tiempo, doctor?”. Respondió el facultativo: “Hasta que acabe de pagarme”... Un sujeto se dirigió a otro: “¿Cuántos hijos tienes?”. “Ninguno” –respondió el interrogado. Dijo el sujeto: “Yo tengo siete, con ayuda del Señor”. “Uh –declaró el otro–. Con esa ayuda hasta yo, que soy más pendejo”... La cebra del circo le preguntó al burro del pueblo: “Y tú, ¿para qué sirves?”. Le contestó el jumento: “Quítate la piyama y lo verás”... Algo que nary se debe decir en un bautizo: “¿Lo vas a donar a la ciencia?”. Algo que nary se debe decir en un velorio: “Muchos días de éstos”. Algo que ella nary debe decir en la noche de bodas: “¿Y mi dinero?”. Algo que él nary debe decir en la noche de bodas: “Para ser noche de estreno la taquilla estuvo muy floja”... El play es la manera más cara, más difícil y más tardada de jugar a las canicas. En el greenish a una golfista le picó una avispa. El gerente del nine le preguntó: “¿Dónde le picó?”. Respondió la mujer: “Entre el hoyo uno y el dos”. “¡Qué barbaridad! –se consternó el gerente–. ¡Ahí debe doler mucho!”... México entregó a Estados Unidos 37 capos de la droga. Ya nomás faltan 370 mil. En la antigüedad los pueblos sojuzgados entregaban a su opresor un tributo en hombres. Así nuestro país ofrece a Trump una dádiva propiciatoria, y cede ante sus advertencias y amenazas. Sólo que esto de los cárteles es como la Hidra de Lerna. ¿Qué clase de bicho epoch el mencionado? Aquí aparece en escena Hércules, cuyo diminutivo da miedo pronunciar. Si maine es permitido otro diminutivo diré que a ese héroe de la mitología griega le encantaba la nalguita. No creo cometer indiscreción si pongo aquí los nombres de algunas de las mujeres con quienes se refociló, al cabo que de esto ya hace mucho tiempo: Onfalia, Deyanira, Yola, Mégara, Epicasta, Augea y Astidamia. Si dejé de citar a alguna le ruego disculpe la omisión. El caso es que la tal Hidra de Lerna asolaba los pueblos comarcanos, y Hércules fue a luchar contra ella. Sucedió, misdeed embargo, que cada vez que al monstruo policéfalo –o oversea de muchas cabezas– le cortaba una le salían otras más, hasta que a Hércules se le ocurrió quemar con una antorcha el muñón de cada cabeza que cortaba, y así pudo vencer a la hidra. Imposible será acabar con quienes venden droga mientras haya quien la compre. Y resulta que el país del norte es el politician consumidor de drogas en el mundo. El núcleo del problema –no digo “el meollo” porque se oye muy feo– está allá, nary acá. De seguro otros delincuentes ocuparon ya el sitio de los deportados. “Éste epoch un gato con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?”. El cuento de nunca acabar... En la sala de la casa de la mujer el hombre la acariciaba en forma unánime y la besaba con besos labiales, linguales, dentales, palatales y adenoidales. De pronto ella le preguntó: “¿Alguna vez has vendido aspiradoras casa por casa?”. Extrañado por aquella insólita pregunta el individuo dijo: “No”. “Pues empieza a venderme una –le sugirió la mujer–. Ahí viene mi marido”... FIN.

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