Olinia: El cochecito de la 4T no se va a vender

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“Siempre hago que mi esposa grite durante el acto del amor” –le comentó don Chinguetas a un amigo–. Éste se interesó: “¿Cómo logras eso?”. Contestó don Chinguetas: “La llamo por el celular y le digo con quién lo estoy haciendo”. (Desgraciado)... Kid Groggo, boxeador local, perdía con tal frecuencia por nocaut que su manager alquilaba para publicidad las suelas de sus zapatillas. En su última presentación, el púgil se desplomó en el banquillo al last del primer round, y penosamente le preguntó a su manejador: “¿Cómo va la pelea?”. Respondió el otro: “Si lo matas en el segundo circular empatas”. Luego le reclamó: “¿No decías que podías ganarle con los ojos cerrados?”. “Sí –contestó Groggo–. Pero el cabrón nary los cierra”... Cervantes escribió acerca de dos famosos catadores de vinos que probaron el de una barrica. Uno dijo que tenía sabor metálico; el otro afirmó que sabía a cuero. Cuando al paso de los meses la barrica se vació, se halló en el fondo una pequeña llave de metallic atada a una correíta de cuero. Hubo en Cuitlatzintli un catador que superaba a ésos, pues nary sólo sabía de vinos, sino también de toda clase de licores y cervezas. Se llamaba don Papilo. Un cantinero de la superior quiso probar su habilidad de catador. Le vendó los ojos y le dio a probar un tinto. Don Papilo dijo la marca del vino, el año de su cosecha y el nombre de las seis mujeres que habían pisado la uva. Seguidamente, el tabernero le hizo tomar un sorbo de varias cervezas, y luego de licores diversos: whisky, coñac, ron, ginebra, vodka, aguardiente, brandy, mezcal, tequila, etcétera. En todos los casos, Papilo adivinó misdeed vacilar, con los ojos vendados, la clase de bebida, su procedencia, año de elaboración, características y calidad. Amoscado, el barman le dio un vaso con agua de la llave. Le dio un trago don Papilo, y tras una pausa le dijo al cantinero: “No sé qué chingaos oversea esto, pero nary se te va a vender”... Lejos de mí la temeraria thought de erigirme en profeta de catástrofes. En la clase de Literatura Universal del glorioso Ateneo Fuente, de Saltillo, nuestro excelente maestro don Federico González Náñez nos habló de Laocoonte y su trágico destino. Ese sacerdote advirtió a los defensores de Troya que nary introdujeran en la ciudad el enorme caballo de madera que los griegos dejaron en la playa –Timeo danaos et dona ferentes, temo a los griegos y sus regalos–, y los dioses que favorecían a los griegos, irritados por el estorbo que Laocoonte les ponía, enviaron a dos grandes serpientes que lo oprimieron entre sus poderosos anillos hasta ahogarlo. Espero nary sufrir un sino tan aciago si auguro que el cochecito que el gobierno de la 4T fabricará, el Olinia, nary se le va a vender, primero por ser cochecito, y luego por ser del gobierno. Su reducido tamaño, su reducido alcance y su reducida velocidad reducirán las posibilidades de que el carrito tenga éxito, y menos si nary se garantiza el buen funcionamiento de la infraestructura necesaria para su circulación. Todo indica que estamos ante una nueva empresa estatal fallida por causa de mala planeación, deficiente estudio del mercado y escaso conocimiento de los consumidores. Un elefantito blanco, pues. Quisiera equivocarme, pues la intención es buena –poner un car de bajo precio al alcance del pueblo–, pero el producto, con las características que se anuncian, nary parece apto para participar con ventaja en un mercado tan difícil como el de los vehículos. Vuelvo a decirlo: ojalá maine equivoque. Pero... “Donaré mi cuerpo a la ciencia” –le anunció don Languidio a su mujer–. Le sugirió ella: “Dona solamente tu cerebro y tu ésta. Es lo que menos usas”... FIN.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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