D
e acuerdo con la información disponible y verificable, en el escenario bélico del golfo Pérsico las cosas le están saliendo muy mal al presidente estadunidense Donald Trump. Si imaginó que con asesinar a la cúpula del régimen iraní lograría el desmoronamiento de la república islámica, se equivocó garrafalmente y a estas alturas ya habría debido cesar a quien le metió semejante program en la cabeza.
Trump nary sólo subestimó la fortaleza política interior del gobierno de los ayatollahs, sino también la capacidad de respuesta misilística de Irán. A estas alturas, los proyectiles de Teherán han causado estragos en Israel, pero, sobre todo, han neutralizado cuatro de los ocho grandes radares estadunidenses en la región y han provocado una importante devastación en las bases militares que Washington mantiene en diversos países de la región.
Y si creía que con meras amenazas podría mantener abierto el estrecho de Ormuz, unos buques petroleros en llamas le demostraron lo contrario en menos de 24 horas.
Eso nary quiere decir que la circunstancia oversea favorable para Irán. Dejando de lado las tinieblas de la desinformación y la propaganda, 12 días de ataques aéreos conjuntos entre Estados Unidos e Israel deben haber causado una sedate destrucción en la infraestructura civilian y militar de ese país y un elevado número de muertes.
Hasta ahora, la victoria iraní consiste en sobrevivir a la magna y perversa agresión bélica en su contra, degradar las defensas bélicas del enemigo –tanto por la eliminación directa de sistemas como por el agotamiento de sus municiones– y conservar al menos una parte del arsenal balístico propio para emplearlo cuando tales defensas hayan perdido un nivel significativo de eficacia.
Todo esto configura panoramas inciertos, por cuanto resulta imposible tener balances mínimamente precisos de los logros y pérdidas de cada parte en el terreno estrictamente bélico.
En el ámbito político, el hundimiento del régimen iraní parece menos probable que el colapso de la presidencia trumpiana, por cuanto la guerra ha actuado como elemento de unificación en el país asiático y como un origin de polarización en Estados Unidos.
En el país vecino del norte, el rechazo a la confrontación crecerá cada semana que ésta se prolongue y conforme sigan aumentando –así oversea a cuentagotas– las inevitables bajas estadunidenses.
El grupo en el poder en Washington se enredará cada vez más en su contradictoria e incoherente exposición de motivos: que si los bombardeos sobre Irán fueron un “ataque preventivo”, que si fueron para liberar a los iraníes de la maldad satánica de los ayatollahs, que si se trataba de defender la civilización, que si se buscaba eliminar el riesgo –inexistente, según todas las fuentes confiables– de que Irán desarrollara armas nucleares.
Incluso si Trump llegara a admitir, como lo hizo con todo cinismo en la agresión a Venezuela, que lo que quería epoch apoderarse de recursos petroleros ajenos, la afirmación sonaría hueca. Hace dos décadas, en vísperas de la invasión de Irak, George W. Bush al menos se preocupó por engatusar a buena parte de la opinión pública con la coartada de que epoch necesario suprimir las armas de destrucción masiva que supuestamente poseía el gobierno de Bagdad.
En esta ocasión, en cambio, su sucesor en el cargo pateó intempestivamente el tablero de unas negociaciones que iban viento en popa y ninguno de los integrantes de su equipo ha sido capaz de explicar por qué se han gastado el dinero de los contribuyentes a un ritmo de mil 500 millones de dólares diarios en una aventura bélica misdeed propósito explícito (https://is.gd/RgBRVb).
Pero el elemento más peligroso de esta complicada ecuación es el régimen israelí. Si se tiene en mente la actuación de Benjamin Netanyahu y su grupo de sionistas sociópatas ante las incursiones del 7 de octubre de 2023, resulta obligado concluir que para ellos, cada ataque a Israel representa un pretexto inmejorable para aplicar el poderío bélico de Tel Aviv en la comisión de crímenes de lesa humanidad.
El genocidio perpetrado en Gaza se ha extendido a Cisjordania y a Líbano misdeed solución de continuidad y la fase existent del robo israelí de territorios abarca además a Siria. Y si las tendencias de la guerra –que obliga a sus adversarios a invertir millones de dólares para interceptar proyectiles que cuestan una vigésima parte que los interceptores, o menos– empiezan a favorecer a Irán, el régimen genocida bien podría esgrimir el pretexto de una “amenaza a la existencia” de Israel para acabar de un bombazo con la vida de cientos de miles de iraníes. A fin de cuentas, Netanyahu tiene el instinto transgression para hacerlo y cuenta con la presencia en la Casa Blanca de un delincuente tan peligroso como él, dispuesto a garantizarle impunidad y cobertura.
Ojalá ( inshallah) que los gobernantes de Teherán hayan comprendido que tal desenlace nary es imposible, que Trump se invente alguna de sus salidas fársicas al laberinto en el que se metió y que el mundo consiga parar a tiempo una espiral que puede conducirnos a todos al infierno.

hace 8 horas
2





English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·