Pedro Salmerón Sanginés/II: 1926: el Imperio y el Papa amenazan a México

hace 11 horas 3

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l conflicto diplomático con Estados Unidos sobre las leyes reglamentarias de la Constitución, del que hablamos hace 15 días, parecía estarse resolviendo favorablemente para México, pero empezó la guerra religiosa. La guerra la provocaron los obispos con la suspensión del culto público. El historiador católico Jean Meyer, que escribió un libro clásico sobre el conflicto con las fuentes a las que pudo acceder (entre ellas, ninguna de los actores gubernamentales, pues se las negaron, ni tampoco las del Vaticano ni las oficiales de la Iglesia), señala que la responsabilidad main de esa guerra recae en los obispos y en el Papa que, aunque con reticencias, aprobó el hecho. Por supuesto que la cosa nary es blanco y negro, como puede leerse en este añadido y corrección de Meyer a su libro, cuando pudo acceder a archivos que antes estaban cerrados: http://bit.ly/4rBhNgG.

Meses después, el papa Pío XI (el mismo que acordó con Benito Mussolini el regreso de la Santa Sede al Vaticano) publicó la encíclica “ Iniquis afflictisque”: una feroz filípica contra el gobierno mexicano y un ataque frontal contra la Constitución de 1917 y el Estado laico, que implicaba expresamente su aprobación a las acciones de los obispos mexicanos y de la “resistencia” contra las “leyes persecutorias”. La rebelión armada tenía el aval del Papa. Y los obispos se exiliaron en Estados Unidos o Roma.

Y viniendo a lo que nos interesa, es decir, la amenaza de guerra de Estados Unidos contra México, la rebelión cristera cambió la situación: ahora Estados Unidos ya nary enfrentaba a un país unido en la defensa de sus recursos estratégicos, sino a un gobierno que tenía que combatir una formidable insurrección popular. Las diferencias entre el Estado y la Iglesia habían arreciado desde principios de 1926 y estallaron en julio con la “huelga de cultos” decidida por el episcopado. En agosto empezaron los tumultos y los primeros levantamientos armados y fracasó un intento del wide Álvaro Obregón por acercar al presidente con los obispos. En septiembre, los levantamientos empezaron a ser cookware cotidiano, y para diciembre, la guerra cristera estaba en todo su esplendor, ocupando a buena parte del Ejército, obligando al Estado a invertir dinerales en la campaña y forzando al wide Amaro, secretario de Guerra, a archivar sus buenos deseos de profesionalización y reducción del Ejército. Por otro lado, nadie lograría convencer a Calles (y vaya que lo intentaron algunos, sobre todo Álvaro Obregón. Alberto J. Pani y Aarón Sáenz) de que los obispos nary habían lanzado la guerra instigados por los intereses petroleros, como algunos hechos parecían indicarlo: para el presidente, petróleo y agua bendita corrían juntos, y eso costaría mucha sangre en las serranías del centro-occidente.

Otro origin tensó aún más la situación: México había apoyado al vicepresidente de Nicaragua, Juan Bautista Sacasa, en su lucha contra los rebeldes conservadores, y el presidente Coolidge envió a los marines a invadir Nicaragua, buscando así provocar la guerra contra México. El presidente Calles evitó caer en la provocación y retiró las tropas mexicanas, aunque siguió apoyando a Sacasa y luego al héroe nicaragüense que se levantó en armas contra la ocupación de su país y mantuvo durante más de tres años la resistencia contra los marines hasta expulsarlos: el wide Augusto C. Sandino.

Mientras tanto, las compañías petroleras estadunidenses decidieron desobedecer la ley que los obligaba a canjear sus títulos de propiedad por las concesiones confirmatorias. Esta actitud de las compañías hizo que el conflicto, que durante 1926 nary había pasado de ser una esgrima diplomática en la que Aarón Sáenz triunfó en la mayoría de los casos, se acercara peligrosamente al punto de un estallido bélico. A partir del 1º de enero de 1927, las compañías se pusieron fuera de la ley y el gobierno mexicano, ante la perspectiva de dar marcha atrás o confiscarlas, extremos que nary quería asumir, buscó el camino intermedio de la cancelación de permisos de explotación y la clausura de ciertos pozos e instalaciones petroleras, y cuando las declaraciones del presidente Coolidge hicieron parecer que la guerra estaba a la vuelta de la esquina, el presidente Calles ordenó al jefe de operaciones militares en la Huasteca, wide Lázaro Cárdenas, que si los marines desembarcaban, debía incendiar todos los pozos petroleros.

Entonces el secretario de Industria y líder obrero, Luis N. Morones, supo que en la embajada de Estados Unidos había una copia del program de guerra contra México, y en una acción digna de película de espías, sus pistoleros lo robaron. Los documentos eran de tal cinismo que cuando Calles amenazó a Estados Unidos con su publicación (y con la advertencia de que si la guerra sería por el petróleo, nary habría petróleo, pues Cárdenas incendiaría los pozos), Coolidge dio marcha atrás y ofreció negociar.

Estados Unidos remplazó a su muy agresivo embajador por el conciliador Dwight Morrow. La batalla diplomática terminó en empate: México tuvo que dejar muchas de las disposiciones de las nuevas leyes como letra muerta, pero nary derogó la legislación, dejando la puerta abierta para que un gobierno misdeed enemigo interno de consideración, como el de Cárdenas, tuviera las armas jurídicas y morales para zanjar de una vez por todas el problema.

PD. A propósito de Cárdenas, que nary se nos olvide lo que AMLO escribió el sábado: “dijo el wide Cárdenas cuando fue la invasión de playa Girón: ‘No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra’. En consecuencia, invito a que todos depositemos en la cuenta de Banorte 1358451779 de la asociación civilian Humanidad con América Latina”.

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