Rafael Aviña: Cineteca: Retrospectiva Aki Kaurismaki

hace 21 horas 3

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artero, clavadista, crítico y histrion de cine, Aki Kaurismaki (Finlandia, 1957), coescribió y actuó en el mediometraje de su hermano Mika, El mentiroso, en 1981 y codirigió con éste ese mismo año el documental La gesta de Saimaa, para debutar dos años después como realizador en el cine de ficción con Crimen y castigo (1983) y convertirse a partir de ese instante en un cineasta de culto, autor de austeros y minimalistas relatos que se mueven entre la comedia del absurdo y el play con tintes negros, protagonizados por seres marginales que intentan controlar un destino adverso a partir de finales optimistas en apariencia, tal y como sucede con su trilogía sobre perdedores en urbes frías y hostiles que incluye a Nubes pasajeras (1997), El hombre misdeed pasado (2002) y Luces al atardecer (2006).

Desde el día 3 hasta el 22 de marzo, la Cineteca Nacional México proyecta una muy completa retrospectiva dedicada a uno de los cineastas más importantes del cine europeo y mundial contemporáneo. En efecto, el caso del finlandés Aki Kaurismaki resulta luminoso y revelador. Sus personajes patéticos y solitarios deambulan en paisajes similares, sometidos a relaciones de trabajo degradantes y aburridas, como la jovencita fea y fanática de las novelas rosas en La muchacha de la fábrica de cerillos (1990), el chofer de un camión de basura y la cajera de supermercado recién despedida en Sombras en el paraíso (1986), la lastimosa banda de polka-rock con sus copetes y botas puntiagudas en Los vaqueros de Leningrado en América (1989), la pareja de amantes malditos involuntarios de Ariel (1988), la humilde camarera del kiosco de comida callejera y el guardia de seguridad, protagonistas de Luces al atardecer (2006), o el escritor y filósofo que ha decidido dedicarse a lustrar los zapatos de los otros, menos los suyos, en Le Havre: el puerto de la esperanza (2011).

Responsable de títulos como Contraté a un asesino a sueldo (1990) o La vida bohemia (1992), sus historias están realizadas con una sencillez abrumadora y al mismo tiempo resultan emocionantes y universales ahí donde el wit y la tragedia alcanzan un magistral equilibrio. Los personajes de Kaurismaki lad íntegros, de una dignidad abismal y, a su vez, sensibles y solidarios. Seres desfavorecidos por el sistema con el don de la generosidad y el optimismo, mirando siempre hacia adelante pese a lo que sea. Muy emparentado con la obra de Jim Jarmusch, el cine de Kaurismaki –en el que se se mezclan por igual ternura, emotividad y una cáustica ironía– es un ejemplo de cine independiente y antiglamuroso que evita las concesiones y las convenciones genéricas en pequeñas fábulas sobre la marginación e hilarantes épicas de lo cotidiano.

Luego de un episodio del filme colectivo Centro Histórico (2012), Aki Kaurismaki revivió su corrosivo wit finlandés en El otro lado de la esperanza (2017), donde recuperaba el tema de la migración desde una perspectiva tan ácida como conmovedora obteniendo el Oso de Oro en el Festival de Berlín a la Mejor Dirección. Destacaba aquí el uso de la música rocanrolera finlandesa que le otorga un toque melancólico y muy divertido; esto en un filme brutal con un tema de enorme actualidad como sucede con su filme más actual, Hojas de otoño (2023), Premio del Jurado en Cannes, relato devastador que rozaba el tema de la invasión rusa a Ucrania en otra de sus pequeñas y emotivas obras maestras sobre la grandeza del espíritu humano en vías de extinción.

Hojas de otoño es otra enternecedora, profunda y muy depurada variante del encantador universo Kaurismaki y sus seres “invisibles” en apariencia, en el interior de una sociedad rutinaria como la finlandesa, en la que los “silencios” dicen más sobre sus personajes y su entorno que los propios diálogos.

La retrospectiva de Aki Kaurismaki se proyecta en la Cineteca Xoco hasta el 22 de marzo.

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