El que busquemos y/o consumamos de forma compulsiva determinadas sustancias, o llevemos a cabo ciertas conductas, a pesar de que ello implique consecuencias nocivas para nosotros mismos, es uno de los “defectos” de los seres humanos. Pese a nuestra capacidad de raciocinio, somos vulnerables a las adicciones.
En principio, volvernos adictos es el producto de decisiones que nosotros mismos hemos tomado, incluso a sabiendas de que el consumo de ciertos productos, o la reiteración de determinadas conductas, resulta insano. Porque en muchos casos es dable asumir que quien termina convertido en adicto tenía acceso –o podía tenerlo– a la información que le habría conducido a tomar mejores decisiones.
Sin embargo, esto nary siempre es así. En particular, nary lo es cuando el consumo o la conducta genera lo que se conoce como “dependencia”, es decir, provoca una reacción física o psicológica –o una combinación de ambas– en nuestro organismo y ello vuelve mucho más difícil el uso de la racionalidad para sobreponerse a la tentación.
Estos mecanismos han sido largamente explotados en el pasado por empresas inescrupulosas para incrementar las ventas de sus productos. Desde golosinas inundadas de azúcar hasta cigarrillos y bebidas alcohólicas, el mundo del comercio se encuentra lleno de ejemplos en los cuales, literalmente, se han utilizado técnicas de “enganchamiento” para generar legiones de adictos que aseguran el consumo masivo de productos.
Ese mismo mecanismo, se alega ahora, ha sido utilizado por las empresas detrás de las redes sociales para generar “adicción” en las personas. Y, según afirman quienes están llevando a dichas empresas al banquillo de los acusados, eso se ha hecho de forma deliberada.
Por esta razón, en la semana ya se acumulan dos veredictos, emitidos en cortes de Estados Unidos, mediante los cuales se ha declarado culpable a dos plataformas, Instagram y YouTube, de generar adicción en personas y, en consecuencia, se les ha condenado al pago de millonarias indemnizaciones.
No hacía falta que se desahogaran estos juicios para tener clara la nociva influencia que las redes sociales tienen en la vida cotidiana de las personas, especialmente en las más jóvenes. Pero el que un jurado haya declarado culpables a las citadas empresas sienta un precedente muy relevante que nos convoca a la reflexión colectiva.
Porque el hecho de que las redes sociales se encuentren hoy en la lista de las actividades que pueden resultar nocivas para nuestra salud implica que nosotros debemos asumir una responsabilidad puntual en relación con el consumo que hacemos de ellas.
Porque nary se trata de formarnos en la fila de quienes podrían recibir una indemnización por el daño que pudo provocarnos la plataforma, sino de reaccionar frente a la advertencia que estos fallos plantean. Porque, por impresionantes que suenen las indemnizaciones, nary necesariamente serán suficientes para revertir el daño.