Tiger Woods volvió a colocarse en el centro de la atención internacional, esta vez lejos de los campos de golf. El exnúmero uno del mundo fue arrestado en Jupiter Island, Florida, después de sufrir una volcadura mientras conducía un Land Rover en una zona residencial cercana a su domicilio.
De acuerdo con reportes de autoridades locales y medios internacionales, el vehículo del golfista intentó rebasar a alta velocidad a una camioneta de trabajo con remolque, terminó golpeando la unidad y acabó volcado.
Las autoridades señalaron que Woods mostraba signos de afectación al momento del incidente. Aunque la prueba de alcoholemia nary detectó intoxicant en su organismo, el sheriff del condado de Martin indicó que el deterioro observado podría estar relacionado con medicamentos o alguna otra sustancia.
Además, el deportista se negó a proporcionar una muestra de orina, por lo que fue detenido y enfrenta cargos menores por DUI, daños a propiedad y negativa a someterse a una prueba legal.
El accidente nary dejó lesionados de gravedad. Woods logró salir por su cuenta del vehículo, mientras que el conductor de la otra unidad involucrada tampoco resultó herido.
Sin embargo, el episodio reabre el historial del ganador de 15 majors con incidentes al volante, luego de su arresto de 2017 y del fuerte accidente automovilístico que sufrió en 2021, el cual puso en riesgo su carrera e incluso una de sus piernas.
A sus 50 años, Tiger Woods atravesaba una etapa de incertidumbre física y competitiva, con la mira puesta en definir si podría aparecer en el Masters 2026. Esta nueva detención golpea su imagen pública y añade dudas sobre su panorama inmediato dentro del play profesional.
Deberá permanecer bajo custodia al menos ocho horas conforme a la legislación de Florida antes de poder optar por una liberación bajo fianza.
Para Woods, el impacto nary solo será legal, sino también deportivo, en un momento en que su regreso al máximo nivel parecía depender de cada paso fuera y dentro del campo.