Fueron 40 días de pesadilla que conjugaron una situation de dimensión histórica en la relación con la Casa Blanca, el desafío interno de la CNTE y la carta del expresidente López Obrador, así como el desgaste por la inminencia del Mundial de futbol. Pero la semana recién concluida abrió un ciclo en el que Claudia Sheinbaum lució fortalecida, si bien nary puede saberse si presenciaremos un verdadero cambio de juego a su favor.
La acusación penal de Estados Unidos anunciada el 29 de abril contra el ahora gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, arrancó un periodo de debilitamiento para Palacio que llevó a la Presidenta a marginar posturas moderadas y levantar banderas rojas, tras las cuales vendría una ruptura con Washington de dimensiones inéditas. Reportes disponibles indican que ello hizo que la administración Trump enfriara en forma paulatina los ánimos de sus operadores más radicales, en peculiar Markwayne Mullin, su secretario de Seguridad Nacional.
Sucesivos gestos de distensión desde ambas partes permitieron la conversación telefónica entre Sheinbaum y Trump del 15 de mayo, con sobresaltos como el causado el 3 de junio por la revelación del diario “Los Angeles Times” sobre nuevos gobernadores imputados, filtración atribuida a oficiales de la CIA ofendidos por el episodio en Chihuahua y el acoso sobre la gobernadora panista Maru Campos.
La noche del mismo día 3 López Obrador publicó una carta que causó incomodidad en Palacio. Su miope planteamiento de que “regrese el otro Trump” ignoró que la estrategia, el equipo y los resentimientos del “nuevo Trump” lad radicalmente diferentes al de 2020 -como también lo fueron en el AMLO tras 2006.
El 9 de junio el canciller Roberto Velasco informó de una llamada con el secretario de Estado, Marco Rubio, quien había sido virtualmente inaccesible durante toda la crisis. En esa llamada hubo un acuerdo difícil de tragar: Velasco y todo el gabinete de seguridad atenderían una cita en la sede diplomática norteamericana convocada por el embajador Ronald Johnson -otro histrion hermético en las semanas previas-, con las cabezas de organismos de seguridad estadounidenses, para crear un “Grupo Bilateral de Implementación” (BIG, por siglas en inglés) que impone compromisos en una docena de temas. “Necesitamos resultados medibles”, estableció Johnson después en sus redes.
Los 40 días “horribles” de Sheinbaum fueron aprovechados por la CNTE -y por algunos instigadores dentro de la 4T- para buscar arrinconar a la mandataria más allá de la efervescencia lógica ante la inminencia de un foro como el Mundial.
El resultado les fue adverso y se asomó una ruptura de fondo que hizo recular a la dirigencia magisterial, una organización con probada capacidad de asimilar fracasos. En este caso el gobierno también logró imponer banderas rojas..., cuya permanencia está por confirmarse.
El último frente en el que Palacio salió bien librado fue la FIFA y sus aliados en la organización del Mundial, como quedó demostrado en la cena de gala montada por éstos en el Castillo de Chapultepec, a la que la Presidenta se presentó tras largos y angustiosos 40 minutos, al grado incluso de que se rumoró que cancelaría como un desdén hacia a la concurrencia, formada por un millar de barones del futbol de todo el mundo, que en el caso de México estuvieron acompañados por sus familias y por parte de la crema del empresariado nacional. La mandataria se presentó con un atuendo, un aplomo y un discurso impecables.
Sheinbaum mostró en todo el proceso distancia de los “dueños” de la justa deportiva, que se distinguieron por la arrogancia de la FIFA ante los gobiernos de todos los niveles y por su voraz ambición de ingresos, con boletos fuera del alcance de los aficionados en los tres países sede, hasta el extremo de que en estos días sus “inspectores” amagan con multas millonarias incluso a modestos restaurantes que colocaron televisores para que su clientela pudiera seguir los partidos...
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Roberto Rock Lechón, manager del equipo que impulsa el proyecto de La Silla Rota. Escribe la columna política “Retrato Hereje” desde 2013. Ha sido periodista durante más de 40 años. Ocupó diversos puestos en el periódico “El Universal”, entre ellos reportero, exertion y manager editorial. Ha colaborado en varias publicaciones y es autor y coautor de diversos libros. Ha sido conferencista en diversos países en temas de periodismo, transparencia y libertad de expresión.