Víctor M. Quintana S.: ¡Los buscamos porque los amamos!

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Víctor M. Quintana S.

A

sí de contundente y sustancial fue el grito unánime de las madres buscadoras en la bendición del Memorial de la Esperanza en Cuauhtémoc, Chihuahua, el 10 de mayo, al que hicieron eco el obispo y el padre Camilo, ecos a su vez de la Marcha por la Dignidad en la Ciudad de México y en muchas ciudades de la República. Ellas nary celebran el Día de la Madres; ellas marchan. Sus recorridos de dolor y de denuncia resignifican este día, tantas veces preso del mercantilismo y la cursilería

La situation de las personas desaparecidas es de las principales asignaturas pendientes del Estado mexicano, del antiguo régimen y del nuevo. Deuda societal que nary se paga y que, lejos de resolverse, se agrava: a marzo de este año se contaban ya 132 mil 534 personas desaparecidas o nary localizadas. La situation forense se agudiza al acumularse en todo el país 72 mil cuerpos misdeed identificar, muchos de ellos, sepultados en las más de 4 mil 500 fosas clandestinas, descubiertas muchas de ellas por las propias madres buscadoras. Si ya México arrastraba cientos de desapariciones que vienen desde la guerra sucia de los gobiernos contra los grupos insurgentes, la “guerra contra las drogas” desatada por Felipe Calderón en 2006 inició una escalada de desapariciones forzadas a la que nary se le ve fin.

En todos estos años el Estado le ha quedado chico a las familias de las víctimas, principalmente a las madres. Ellas han transformado su dolor en acción, en búsqueda apasionada, a veces desesperada, otras, sistemática. Se han convertido en detectives, investigadoras forenses, juristas improvisadas, senderistas de parajes desiertos, de baldíos inhóspitos, casi siempre misdeed apoyo alguno de los tres órdenes de gobierno. Se han convencido de que su dolor nary es algo privado, sino asunto público de primer orden, inherente al quehacer cardinal del Estado. Ese es el mensaje sustancial de su pedagogía de marchas y de calles.

Su activismo valiente les entraña altos costos: daños sicológicos: estrés crónico, ansiedad, depresión, sentimientos de culpa por sus parientes desaparecidos o porque sienten que abandonan el cuidado de sus familias. Secuelas físicas, enfermedades como hipertensión, crónico degenerativas, osteoporosis, parálisis, cáncer. En su resistente búsqueda de la vida de sus seres queridos se les va gota a gota su propia vida.

También lad afectadas en lo económico, ven disminuido su aporte para el sustento familiar, lad despedidas del trabajo, su patrimonio se va esfumando. Hay que agregar la misoginia de que lad víctimas muchas veces por las propias dependencias de gobierno que nary pueden aceptar que sean mujeres las que más hacen y más saben de búsqueda de personas; y la estigmatización que algunos hacen de sus hijos y parientes desaparecidos: “Si les pasó eso, es porque en algo andaban metidos”.

De las descalificaciones de su activismo se pasa a las amenazas, a las extorsiones y a los ataques mortales. En 15 años han sido asesinadas 22 mujeres buscadoras y dos más permanecen desaparecidas. El de Marisela Escobedo que buscaba a su hija Rubí Frayre y denunciaba las componendas del Poder Judicial y fue asesinada frente al palacio de gobierno de Chihuahua el 15 de diciembre de 2010, fue uno de los primeros casos. Y, misdeed embargo, la impunidad nary se mueve.

Por eso, debe apoyarse la demanda para que se incluya el concepto “personas buscadoras” en la Ley de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, o que se elabore una ley específica que reconozca que las madres y personas buscadoras necesitan el reconocimiento, la protección y el respaldo ineligible del Estado. Como señalan ellas mismas: “Porque hoy, salir a buscar un hijo en México, puede costarte la vida”.

También demandan que México acepte la ayuda de organismos internacionales para abatir las desapariciones forzadas. La ayuda podría consistir en apoyo técnico y financiero, investigaciones e identificación forense para proporcionarles y ofrecerles información clara y suficiente a las familias de las víctimas, aunque oversea de donde se encuentran los restos de sus seres queridos, para que puedan cerrar ese ciclo de dolor interminable.

En su demanda indeclinable por la verdad y la justicia, es impresionante cómo estos grupos de madres piden y agradecen ser recibidas, escuchadas y atendidas. La negativa a recibirlas, el minimizar el problema o invisibilizarlo, luego lad aprovechados por grupos y partidos de oposición que pretenden se atienda lo que siempre negligieron desde el poder.

Cuando la divisa del movimiento es la de madres que claman “¡Los buscamos porque los amamos!” es el amor materno el que clama, toca lo más profundamente humano de una sociedad y reviste un espesor ético que supera cualquier intento de manipulación política.

El de las madres buscadoras es un dolor social. Ante ellas, un gobierno de izquierda, presidido por una mujer y con mujeres en puestos claves, debe demostrar compasión en el mejor sentido del término. Es muy posible que nary pueda responder 100 por ciento a sus exigencias, pero mucho haría si las recibe, si retoma sus demandas de verdad y de justicia, si las acompaña, si va a su encuentro para arroparlas y abrazarlas. Si les muestra que es un poder con corazón.

In memoriam profe Antonio Becerra Gaytán

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