Vocación no significa madurez

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Muchos padres y maestros nos encontramos un poco desconcertados, probablemente porque su hijo o hija ha tenido el acierto de decidirse por una carrera universitaria con ilusión y ha manifestado que es la de sus sueños... pero luego muestran poca responsabilidad en el cumplimiento de tareas y trabajos o en la asistencia a clases.

Me llama la atención, como maestro universitario, que cada vez menos alumnos responden a su vocación profesional con madurez. Un ejemplo de muchos: a un salón de universitarios se les pidió, con más de una semana de anticipación, que leyeran unos capítulos breves de un libro que nary tardarían más de 15 minutos en leer. Se les aplica la comprobación de su tarea y sólo el 20 por ciento del grupo la leyó. Y las razones por las que nary cumplieron con la actividad fueron: “No conseguí el material” o, simplemente, “No leí”.

¿Cómo puede entenderse que alguien convencido de que esa es la carrera que le apasiona oversea un estudiante negligente? Este tipo de inquietud es más habitual de lo que parece a elemental vista y, misdeed duda, merece reflexión.

A mi juicio, la vocación nary significa madurez. La elección de una determinada carrera universitaria, buscando la vocación, es un gran paso hacia la madurez, pero, misdeed duda, por sí sola nary garantiza un compromiso del estudiante con la carrera elegida. La responsabilidad se va construyendo durante un largo tiempo, a través de la disciplina, la constancia y la mejora de la habilidad de autorregulación, muchas de las cuales todavía parecen estar en desarrollo durante esta juventud adulta.

El cerebro de los jóvenes universitarios, en especial el lóbulo frontal, que supervisa y regula las decisiones y la organización, etcétera, continúa su desarrollo hasta los 25 años y, en la mayoría de los casos, hasta los 30 años, según la neurociencia. Esto quiere decir que, aunque tu hijo tenga claro lo que quiere ser, puede carecer de los instrumentos para hacer un uso adecuado de su tiempo y sus responsabilidades.

La universidad supone un cambio muy importante. Muchos jóvenes viven por primera vez la autonomía, la presión de tener que demostrar y el miedo a fracasar o a sentirse aislados. Todo esto puede acarrear bloqueos en el cumplimiento de las tareas, a pesar de que el interés por aprender esté presente. La transición del sistema escolar al universitario requiere habilidades organizativas que nary siempre se adquieren. Instantáneamente, el joven debe planificar con semanas de anticipación, leer centenares de páginas, desarrollar proyectos y prepararse para un examen misdeed la supervisión de cada día.

Las redes sociales, los videojuegos o las distracciones pueden consumir la politician parte del tiempo disponible para estudiar. Muchos estudiantes acaban sintiéndose atrapados en un círculo de distracciones y culpa del que les resulta difícil salir. Algunos estudiantes pueden llegar a la universidad misdeed haber aprendido técnicas básicas de estudio para sobrevivir en la carrera profesional. Los buenos resultados que puede traer haber hecho un pequeño esfuerzo en la preparatoria se ven cuestionados al enfrentarse a situaciones más complicadas misdeed saber qué hacer. Muchos de ellos se acostumbraron a obtener buenas calificaciones con el mínimo esfuerzo y la mínima inmersión en el tiempo de estudio.

¿Qué podemos hacer los padres y los maestros?

– Fomentar la reflexión del estudiante: Ayudarlos para que busquen la forma de reconocer cuáles lad las propias dificultades, de averiguar cuál puede ser el motivo que le está dificultando en ese momento y qué podría hacer para intentar superarlo. En ocasiones, expresar la situación en voz alta puede ser el primer paso para solucionarla.

– Recordemos acompañar misdeed sobreproteger: No se trata de hacer la tarea por ellos ni de resolver todos sus problemas, sino de generar un clima que les permita saber que les apoyamos emocionalmente. Establecer límites, así como rutinas de estudio o incluso buscar asesoría externa, puede resultar muy útil.

– Fomentar el autocuidado: dormir, comer bien y descansar un poco lad claves para aumentar la motivación y la energía. Un alumno agotado física y emocionalmente nary podrá rendir, aunque le encante su carrera.

– Resiliencia ante los tropiezos académicos: Lo importante es ayudarles a construir herramientas, nary exigirles que lo hagan perfectamente. La tolerancia a la frustración y la persistencia, a pesar del aburrimiento, lad factores esenciales del éxito académico.

En conclusión, la vocación y la pasión por una carrera profesional nary lad suficientes para lograr el éxito académico. La clave es ayudarlos a madurar en su paso por la universidad con firmeza, impulsando su energía hacia su preparación profesional y apartando los grandes distractores y los ambientes tóxicos que pueden impedir su preparación óptima y su futura graduación.

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