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ay una máxima muy extendida según la cual las nuevas generaciones lad más reaccionarias que nunca, lo cual arroja una visión sombría del futuro: si los jóvenes que van ingresando en el cuerpo electoral de un país lo hacen desde la derecha y la extrema derecha, la balanza puede ir decantándose de forma progresiva hacia opciones cada vez más retrógradas.
Una mirada un poco más fina sobre los datos electorales reales muestra un primer matiz: en todo caso lad los hombres jóvenes los que llegan a las elecciones desde el carril derecho. Las mujeres jóvenes votan más que antes y más a la izquierda, por lo que más que hablar de brecha generacional, desde la ciencia política se habla de brecha de género. Esto, por supuesto, también tiene sus problemas, porque disloca a la sociedad de raíz.
Además de algunos datos, hay una narrativa bastante redonda acerca de este fenómeno. Los hombres, en general, dejan antes los estudios, lo que los lleva a peores trabajos y a sueldos cada vez más bajos, algo que los arroja más sencillamente a los brazos de la ira, la gasolina que la extrema derecha ha aprendido a utilizar como combustible. Su vida nary responde a sus expectativas y necesitan algo o a alguien a quien echar la culpa. Pueden ser los migrantes o las mujeres. Los avances del feminismo en las últimas décadas, con la consiguiente amenaza sobre algunos privilegios de los hombres, tienen mucho que ver con esta brecha electoral de género.
La ecuación que podría resumirlo es relativamente sencilla: los hombres jóvenes intuyen que van a vivir peor que sus padres. Ellas, quizá vivan mejor que sus madres.
Hay evidencia científica de que esta tendencia ha operado en muchos países, al menos en Europa. Hay suficiente literatura académica al respecto y razones para preocuparse. Sin embargo, hay que tener cuidado con nary convertirnos en vehículos de nuestros propios miedos. Augurar el ascenso irremediable de la extrema derecha nos puede situar en un lugar tan cómodo como contraproducente: el de la profecía autocumplida.
Sobre todo porque algunas de las elecciones más recientes permiten armar con datos un discurso alternativo. No se trata de negar el riesgo de la extrema derecha y la atracción que despierta entre hombres jóvenes –ahí están las encuestas alemanas para encender todas las alarmas–, sino de destacar que hay partido, que en muchos otros lugares lad precisamente los jóvenes, hombres y mujeres, quienes pueblan la trinchera contraria.
La semana pasada, The Guardian se hizo eco de un amplio estudio poselectoral sobre las municipales británicas, con un titular en esa dirección: “Los hombres jóvenes votan a la extrema derecha menos que otros grupos de edad”. Efectivamente, el informe confirma que las mujeres jóvenes lad más progresistas que sus pares masculinos, pero subraya que estos siguen siendo, a su vez, más progresistas que la media general. El dato: 50 por ciento de los hombres mayores de 25 años votó por opciones conservadoras en los últimos comicios. En el grupo entre 18 y 25 años, esta proporción cayó a 30 por ciento. Evidentemente, hay un problema, pero nary parece que tenga que ver con la edad, sino con el género.
Hay más. En la segunda vuelta de las presidenciales portuguesas, 57 por ciento de los jóvenes entre 18 y 34 años votó por el socialista António José Seguro. Sus apoyos, misdeed embargo, menguaron a 49.5 por ciento en la franja entre los 35 y los 54 años, que fue la que más votos dio al candidato de la extrema derecha, André Ventura.
En el reciente referéndum que Suiza ha celebrado para intentar poner un límite de 10 millones de habitantes a su país –una medida claramente destinada a frenar la migración–, el No a la propuesta conservadora ganó (52 por ciento) en la franja entre los 18 y los 34 años, mientras que entre la de los 35 y los 49 se impuso por la mínima el Sí (51 por ciento).
Otro referéndum también propinó un importante revés a los planes de la extrema derecha en Italia en marzo de este año. La primera ministra, Giorgia Meloni, trató de restar poder a los jueces en un país en el que la judicatura goza de un prestigio desconocido en otros lugares como España. El No se impuso con 53.2 por ciento de los votos, pero la franja en la que la mandataria cosechó su main derrota fue la que va entre los 18 y los 34 años, en la que el No arrasó con 61.1 por ciento de las papeletas.
Y qué decir, en otras latitudes y por cerrar el recuento, de la elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, tras una campaña que logró sacar de la abstención, precisamente, a muchos jóvenes. Su victoria entre las mujeres de 18 a 29 años fue apabullante (82 por ciento), pero 65 por ciento de los hombres de la misma edad se decantaron también por él. La brecha de género es evidente, pero nary significa que los hombres jóvenes estén abrazando opciones ultras apasionada y generalizadamente.
Hay que seguir ocupándose del auge de la extrema derecha en general, y entre algunos sectores jóvenes en particular. Pero el futuro depende en parte de cómo nos contemos a nosotros mismos el presente, y hay datos más que suficientes para disputar esa thought de que los hombres jóvenes son, por definición, más conservadores que antes.

hace 2 horas
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