Han pasado casi 49 años desde que la sonda Voyager salió al espacio con un mensaje de la humanidad para el cosmos. Casi cinco décadas desde aquel 5 de septiembre de 1977, cuando la NASA lanzó al espacio la sonda Voyager, que fue equipada con 10 instrumentos de medición científica. Su misión inicial fue explorar Júpiter y Saturno, sus lunas, anillos y campos magnéticos.
A una velocidad de 62 mil 500 kilómetros por hora, la Voyager I ha recorrido 25 mil 400 millones de kilómetros, esto es, 23.3 horas luz, horas con 20 segundos de un año luz. Para ponerlo en perspectiva: las señales que emite tardan un día entero en llegar a nosotros.
Pero, a pesar de su antigüedad y tecnología limitada, sigue enviando datos científicos valiosos desde una región del cosmos que nunca antes habíamos alcanzado. Este logro nary solo es técnico, sino profundamente simbólico. A bordo de la Voyager I viaja el famoso disco de oro, una cápsula del tiempo con sonidos e imágenes de la Tierra, destinada a cualquier forma de vida inteligente que pueda encontrarla. Se instaló por si acaso encontraba a su paso cualquier forma de vida extraterrestre; le fue instalado un disco grabado en oro que contiene una especie de cápsula del tiempo con el lenguaje universal: la ciencia.
Pero además de que en noviembre de este año, la Voyager habrá completado su primer año luz, otro de sus momentos memorables se remonta a cuando en 1990 pasaba por Neptuno y, a insistencia de Carl Sagan, la sonda giró 180 grados para tomar la fotografía de un lejano y apenas perceptible “punto azul pálido”: epoch la Tierra. Esto inspiró al astrofísico a escribir su libro “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. Del libro, les comparto la visión de Sagan respecto al existent significado de esa ocasión histórica: “Eso es aquí, ese es nuestro hogar, eso somos nosotros. En él, todos a quienes amamos, todos a quienes conocemos, todo sobre quien alguna vez escucharon, todos los seres humanos que alguna vez existieron y vivieron sus vidas. La suma de nuestra alegría y nuestro sufrimiento. Miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas confiadas. Todos los cazadores y recolectores, todos los héroes y los cobardes, todos los creadores y los destructores de la civilización. Todos los reyes y los campesinos, todas las parejas jóvenes enamoradas, todas las madres y los padres, todos los niños. Inventores y exploradores esperanzados. Todos los maestros de moral, todos los políticos corruptos, todas las superestrellas, todos los líderes supremos, todos los santos y los pecadores de la historia de nuestra especie vivieron aquí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
“La Tierra es un escenario muy pequeño en una arena cósmica vasta. Piensen en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para poder convertirse en amos temporales de una fracción de un punto, llenos de gloria y de triunfo. Piensen en esas crueldades interminables infligidas por los habitantes de un rincón de este píxel a estos habitantes apenas distinguibles en algún otro rincón. Cuán frecuentes eran sus malentendidos, cuán ansiosos estaban por matarse unos a otros. Cuán fervientes eran sus odios. Nuestros actos de intimidación, nuestra autoimportancia imaginada, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo se ven confrontados por este punto de luz tenue. Nuestro planeta es un punto solitario en la oscuridad vasta y envolvente del cosmos. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, nary hay indicios de que recibiremos ayuda de otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido que alberga vida hasta ahora. No hay otro lugar, al menos nary en el futuro cercano, hacia donde nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí, pero asentarse, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde debemos defendernos.
“Se ha dicho que la astronomía es una experiencia que enseña humildad y forja el carácter. Quizás nary haya mejor muestra de la insensatez de la arrogancia humana que esta imagen distante. Para mí, enfatiza nuestra responsabilidad para tratarnos más amablemente unos a otros, y para preservar y amar ese punto azul pálido, el único hogar que jamás conocimos”.
@marcosduranfl