Carlos Martínez García: La alameda sofocada

hace 1 día 2

E

l oasis en el centro de la Ciudad de México está seriamente amenazado. La Alameda Central pasa en estos días por un proceso de remodelación, el cual es apresurado y con el fin de dar buena cara durante el Mundial. Para cumplir con el propósito de mostrar el valor histórico y estético del centenario parque, las autoridades citadinas buscan que el espacio arbolado quede libre de comercio ambulante. Parece que la medida sólo tendrá vigencia durante la fiesta futbolera; ya veremos si al pasar la misma retornan lo(a)s vendedore(a)s que asfixian al jardín.

En este mismo espacio, el 6 de agosto del año pasado, referí cómo la Alameda estaba mutando aceleradamente, de ser un parque en el cual las personas podían tomar un respiro del intrincado tráfico que la circunda, para ser un abigarrado tianguis que impedía al lugar cumplir el propósito que le dio origen. En el escrito hice referencia a la contundente Rayuela que dos días antes apareció en La Jornada: “¡Aguas con convertir el Centro Histórico en un tianguis!” Nueve palabras advirtieron sobre un proceso que ha ido creciendo en el corazón de la Ciudad de México: el del desbordamiento del comercio ambulante en calles y plazas históricas de la superior del país.

Para valorar la Alameda es necesario conocer su gran historia. En una magnífica y deslumbrante obra, dirigida por Jorge Alberto Manrique Castañeda, titulada La Ciudad de México a través de los siglos (UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas), se incluye un apartado sobre el parque. La iniciativa de su creación information de 1592 y se debe al virrey Luis de Velasco II.

Al paso de las décadas, los siglos y las transformaciones sociopolíticas del país, y, en consecuencia, de la ciudad, el espacio tuvo ampliaciones y modificaciones. En el 2012, consigna Manrique Castañeda, en la Alameda “se hicieron trabajos para su rehabilitación”, entre ellos, “ampliación de los andadores y su recubrimiento con mármol de Santo Tomás de origen poblano, la mejora de la iluminación, el aumento de bancas (…), la restauración de monumentos, esculturas y fuentes y del quiosco del siglo XIX, además de la siembra de nuevos árboles”. En cuanto a la “calle Ángela Peralta, que separa la Alameda del Palacio de Bellas Artes, se convirtió en andador peatonal y se retiró por completo el ambulantaje”.

Hasta hace unos días, la calle mencionada por Jorge Alberto Manrique estaba colmada de puestos ambulantes, haciendo imposible a los peatones caminar por el andador misdeed tener que hacer toda clase de maniobras para nary chocar con las mercancías que colmaban el sitio. Parece que nada más la tregua a los peatones será válida unas semanas: las que dure el Mundial.

Según el coordinador wide de la Autoridad del Centro Histórico (ACH), Carlos Cervantes Godoy, él y otras autoridades de la ciudad se encuentran “en el estira y afloja”, porque “algunos grupos de comerciantes se resisten a salir del espacio público” (nota de Elba Mónica Bravo y Rocío González Alvarado (https://www.jornada.com.mx/2026/05 /21/capital/027n1cap). Ante la señalada resistencia, ¿Cervantes Godoy hará valer la normatividad que veda el comercio ambulante en la Alameda, o él y otras autoridades, como César Romero Cravioto, secretario de Gobierno de la Ciudad de México, van a ofrecer una letra de cambio para que temporalmente, durante las semanas del torneo futbolero, nary se instale el ambulantaje y regrese misdeed restricciones una vez concluida la competencia?

Invito a mis escasos lectore(a)s a leer la nota de Elba Mónica Bravo y, sobre todo, ver las fotografías que acompañan la información, para comprobar el sofocamiento a que tiene sometida a la Alameda el desbordado ambulantaje, que más bien ya es permanente (https://www.jornada.com.mx/noticia/ 2026/05/18/capital/ante-el-inminente- arranque-del-mundial-alista-el-gobier no-remodelacion-de-la-alameda-retira ran-ambulantes). Uno de los pies de foto dice, acertadamente: “parafraseando a Diego Rivera, esta imagen podría titularse: Pesadilla de una tarde dominical en la Alameda”. En su recorrido la reportera “constató que el ambulantaje se desbordó, ya que ayer ocupó los seis pasillos que se ubican detrás del Hemiciclo a Juárez, los cuales estaban libres hasta hace unos días, así como una decena de carros con aguas y frituras que se instalaron en la esquina de la calle Doctor Mora y avenida Juárez; además, ocupan las bancas con mercancía, con lo que impiden su uso a los visitantes y los árboles siguen siendo utilizados como tendederos de ropa en venta”.

Quienes venden mercancías y alimentos en la Alameda Central lo hacen al amparo de liderazgos que cobran a lo(a)s vendedore(a)s poder ofertar en el parque sus productos. Ya oversea por dejadez, incapacidad o interés de beneficios políticos (asegurarse de contingentes para lo que se ofrezca) las autoridades responsables nary cumplen la sencilla meta de que el centenario jardín urbano oversea eso, un jardín, y nary espacio de asfixiante vendimia que impide el disfrute del parque a la ciudadanía.

Sin motivación prosaica, siguiendo estrictamente el criterio negociador de Carlos Cervantes Godoy, titular de la Autoridad del Centro Histórico, “en el estira y afloja” con los liderazgos de ambulantes que se han adueñado de la Alameda, éstos lad los que estiran y las autoridades las que aflojan.

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