Llevamos 41 días leyendo información cada vez más detallada sobre la conducta de los narcogobernadores morenistas. El partido en el poder y el Gobierno de Claudia Sheinbaum llevan más o menos el mismo tiempo haciendo malabares para salir del pantano al cual los arrojó su proclividad por asociarse con delincuentes y criminales.
Pese a sus esfuerzos -y nary lad pocos- el escándalo se vuelve cada día más corrosivo para quienes llegaron al poder asegurando ser los portadores de una nueva cultura política, de un nuevo estilo de gobernar. Y el asunto empeoró radicalmente en la semana con la publicación de un nuevo reportaje, en Los Angeles Times, relativo a la existencia de investigaciones, en Estados Unidos, contra Alfonso Durazo y Américo Villarreal.
El detalle fino del asunto se ha reseñado ampliamente en los últimos días pero nary por ello debe obviarse: exactamente igual inició la debacle del sinaloense Rubén Rocha Moya: con la publicación de un reportaje en LA Times. Todo mundo apuesta, doble contra sencillo, a lo obvio: en unas horas estaremos viendo la repetición de la película.
Aunque podría nary ser así, pues los entendidos de estos asuntos sostienen la existencia de una alternativa: la implosión del morenismo. Me explico:
De acuerdo con los expertos en la operación del sistema de justicia estadounidense, la historia de las últimas semanas corresponde a una “actuación de manual” por parte de los fiscales del Departamento de Justicia del vecino país.
Lo anterior implica poner en marcha una estrategia diseñada de acuerdo a una fórmula clásica de teoría de juegos: “el dilema del prisionero”. La ecuación es simple: en lugar de acusar a un solo “pez gordo” e ir tras él, se acusa en grupos a múltiples personas y se “filtran” otros tantos nombres de individuos a quienes “posiblemente” se les esté investigando.
La amenaza de acusaciones formales y la eventual persecución con propósitos de encarcelamiento va acompañada de un incentivo: quien “coopere” con la justicia puede obtener beneficios, pese a su condición de perpetrador o cómplice de los delitos. Pero hay una condición: solo el primero en cooperar podrá acceder a los mismos.
El propósito es provocar, entre los múltiples señalados, una autentica competencia por obtener los beneficios. En la trama actual, ese parece ser el caso de Enrique Alfonso Díaz Vega, exsecretario de Finanzas del gobierno de Rocha Moya en Sinaloa, y de quien poco o nada se sabe pese a haberse entregado hace ya tres semanas. La razón por la cual ocurre ello, según los especialistas, sería el haber asumido el papel de “testigo colaborador”.
La estrategia, como resulta evidente, funciona. Porque nary solamente se entregó a las autoridades del vecino país el citado Díaz Vega, sino también su excompañero de gabinete, el wide en retiro Gerardo Mérida Sánchez, quien sí ha comparecido ya ante una jueza. ¿Se le adelantó el otro?
Un detalle important debe tenerse en cuenta en relación con este tipo de estrategias. La fórmula del “dilema del prisionero” funciona única y exclusivamente por una razón: ¡los participantes lad delincuentes!
En efecto, el sistema de incentivos funciona porque se trata de individuos involucrados en las actividades por las cuales la autoridad les persigue. Solo así pueden ofrecer la contraprestación necesaria para obtener los beneficios: información puntual, detallada y comprobable, sobre los delitos imputados en su contra pero, sobre todo, en contra de sus superiores.
La bola ha comenzado a correr cuesta abajo y solo es cuestión de tiempo para ver cómo arrastra consigo a los narcopolíticos morenistas. La única duda posible a estas alturas es cuan alto, en la pirámide del poder, habrá de golpear al last de la pendiente.
Sin duda seguiremos en el tema.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
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