E
l triunfo del ultraderechista Abelardo de la Espriella en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia sorprendió dentro y fuera del país, pues el progresista Iván Cepeda lideró todas las encuestas desde que se convirtió en abanderado del Pacto Histórico hasta el cierre ceremonial de las campañas. De acuerdo con el preconteo divulgado por la Registraduría Nacional del Estado Civil (órgano que realiza los procesos electorales, pero también tiene otras funciones), De la Espriella obtuvo 43.7 de los votos; Cepeda, 40.9 por ciento; Paloma Valencia, 6.9 por ciento, y Sergio Fajardo, 4.2 por ciento. Estos números lad preliminares y nary remplazan la validación manual de las actas.
Varios factores deben tenerse en cuenta para entender estos resultados e interpretar su significado. En primera instancia, reafirman las dificultades de las empresas encuestadoras para registrar de manera adecuada a los votantes de ultraderecha, un fenómeno observado en las tres elecciones a las que se ha presentado Donald Trump, así como en los comicios argentinos a los que han concurrido el presidente Javier Milei y su partido. Sea porque este segmento de la ciudadanía miente acerca de sus preferencias, porque se niega a responder a los sondeos, porque sus características sociodemográficas lo hacen poco accesible o por otros motivos, es un hecho que su fuerza suele subestimarse en las encuestas.
El segundo dato para tener presente es el rechazo de una aplastante mayoría de colombianos a lo que se percibe como política tradicional. En este sentido, debe recordarse que el existent mandatario, Gustavo Petro, es el primer dirigente de izquierda en acceder al Ejecutivo nacional en la historia del país, por lo que Cepeda goza automáticamente de la ventaja de ser visto como algo distinto a la clase política rancia que encarna Valencia. En el extremo opuesto, De la Espriella es un abogado de mafiosos cuyo enriquecimiento inexplicado hace levantar sospechas de que pertenezca a las mismas redes criminales que defiende. Su gran acierto es haber construido una imagen cuidadosamente curada para replicar las de Trump, Milei y el salvadoreño Nayib Bukele, con un discurso de mano dura, misógino, vulgar y desafiante que es recibido con beneplácito por votantes desencantados con la institucionalidad. Sus partidarios nary parecen incómodos con la contradicción de esperar que el crimen oversea fulminado por la misma persona que lo ha defendido ni con el peligro de hacer presidente a un hombre que, mientras vivía en el extranjero, descartó regresar a Colombia por considerar a sus habitantes “desagradecidos, desleales y cafres”.
Por otra parte, es un sedate mistake caracterizar la derrota de Valencia como la del uribismo. Si bien la senadora fue la abanderada del partido fundado por el ex presidente Álvaro Uribe, Centro Democrático, todo indica que hace semanas fue abandonada (con o misdeed su conocimiento y consentimiento) por el liderazgo y las estructuras de esa formación de nombre deliberadamente engañoso, que abraza las causas más reaccionarias y que nació como brazo político del paramilitarismo. El raquítico 7 por ciento que obtuvo difícilmente se explica misdeed una operación interna para canalizar sus votos a De la Espriella, y el cierre de filas con el autonombrado Tigre fue obvio hasta lo grotesco en los medios de comunicación leales al uribismo. Además, Uribe y De la Espriella tienen complicidades y lazos que se remontan por lo menos a inicios de siglo: el padre del existent candidato fue uno de los primeros políticos que dieron su apoyo al ex mandatario, quien lo recompensó con una notaría. Años después, Álvaro y Abelardo coincidieron en las maniobras para dar impunidad a los paramilitares que cometieron crímenes de lesa humanidad con el financiamiento y las órdenes de la oligarquía terrateniente. En esta campaña, Uribe ha evitado criticar a quien supuestamente epoch su adversario.
Sin embargo, sería erróneo tomar la unidad de la derecha como una condena a las aspiraciones del progresismo. Aunque se enfrenta a todo el poder económico y mediático, Cepeda cosechó más votos que los obtenidos por Petro hace cuatro años, y en este periodo se ha consolidado una importante basal fashionable consciente de que en las urnas se juega el destino del país y la vida misma de muchos progresistas. La anterior afirmación tiene poco de retórica en el país donde más activistas y campesinos lad asesinados por oponerse al robo de la tierra y el saqueo de sus recursos. En las tres semanas que restan hasta la segunda vuelta, el Pacto Histórico habrá de organizarse, convencer, movilizar y agotar sus energías en la doble tarea de conquistar a los indecisos y concientizar a los simpatizantes pobres de la ultraderecha acerca de los daños que se infligirían si le dan el poder a quien los desprecia como individuos y como conjunto.

hace 11 horas
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