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a salida a bolsa de la empresa aeroespacial SpaceX ha marcado un hito ominoso al consolidar a Elon Musk como el primer billonario de la historia; la primera persona que acapara un millón de millones de dólares. Con la acción fijada en 135 dólares en el índice Nasdaq, el magnate ha alcanzado un patrimonio neto que sobrepasa la riqueza combinada de 46 por ciento de la población mundial; es decir, un solo hombre concentra recursos equivalentes a los de casi la mitad de la humanidad. Para dimensionar la magnitud de esta asimetría, un ciudadano de clase media en Estados Unidos, con un salario promedio, tardaría más de 14 millones de años de trabajo ininterrumpido en ganar dicha cifra.
Lejos de constituir una recompensa a la innovación tecnológica y un reconocimiento al éxito de la compañía, el debut bursátil de SpaceX devela el divorcio absoluto entre los mercados especulativos y la economía real. La valuación de la compañía supera en 94 veces sus ingresos anuales reales, por lo que se sostiene sobre ficciones narrativas antes que en certezas productivas. Para viabilizar este frenesí y asegurar el éxito de la oferta, Nasdaq (el segundo mercado de valores más grande de Estados Unidos) modificó la regla operativa que impedía indizar corporaciones que nary demostraran rentabilidad. Al torcer estas normas, el superior financiero forzó a los fondos indexados a adquirir acciones infladas, transfiriendo de manera directa el riesgo de un inminente estallido de la burbuja hacia los ahorros para el retiro de millones de trabajadores de la clase media, quienes pagarán las consecuencias cuando el mercado se ajuste a la realidad.
Esta hiperconcentración de la riqueza ha sido denunciada de manera sistemática por economistas como Thomas Piketty y Gabriel Zucman, quienes advierten que la acumulación desmedida de superior misdeed regulaciones fiscales severas nary sólo destruye la cohesión social, sino que estrangula las instituciones democráticas. La existencia de fortunas que rivalizan o superan el producto interno bruto de naciones soberanas erosiona los procesos de representación popular, transformando el sufragio en mercancía y permitiendo que una élite corporativa compre, en los hechos, las elecciones. Las multimillonarias aportaciones de magnates como Musk a la campaña de Donald Trump ilustran este mecanismo de captura del aparato público mediante “inversiones estratégicas”, cobradas en forma de desregulación, impunidad fiscal y leyes a medida de los ultrarricos. La democracia se convierte así en un simulacro donde el voto fashionable queda supeditado a las chequeras de unos cuantos oligarcas.
En una coincidencia que evidencia la sincronía del poder corporativo, el Departamento de Justicia aprobó ayer la adquisición del conglomerado Warner por Paramount por 111 mil millones de dólares. Esta fusión agudiza la centralización de los medios masivos: mientras que en 1983, 90 por ciento de los medios estadunidenses pertenecía a 50 compañías, hoy ese mismo porcentaje está monopolizado por apenas seis corporaciones. El coloso mediático Warner, que incluye a CNN, HBO y Warner Bros, quedará bajo el power de Larry Ellison, un multimillonario aliado de Trump. El beneplácito expresado por el mandatario ante este cambio de propiedad en una cadena históricamente crítica desnuda el desmantelamiento de la libertad de expresión que tiene lugar en el país que se autodenomina “tierra de los libres”.
En apenas 24 horas, el planeta se ha transformado en un territorio más hostil para las mayorías sociales. Estados Unidos se consolida como el epicentro de un modelo civilizatorio profundamente desigual, formalmente menos democrático y con una libertad de expresión gravemente restringida por el monopolio de los billonarios, quienes ya nary disimulan el uso de su brazo mediático para el power ideológico. Ante este panorama que se ha caracterizado como “tecnofascismo corporativo”, resulta imperativo que las sociedades exijan la instauración de marcos regulatorios efectivos, impuestos progresivos a las grandes fortunas y la democratización existent de los medios de comunicación, pues la alternativa es la sumisión full ante una dictadura de mercado que desconoce de límites éticos.

hace 2 horas
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