El acuerdo entre EU e Irán es un primer paso

hace 17 horas 2

Por Mohamed A. El-Erian, Project Syndicate.

WASHINGTON, DC- El anuncio dado el domingo pasado de un memorándum de acuerdo entre Estados Unidos e Irán es un avance importante. Tras meses de hostilidades abiertas, que se cobraron un alto precio (en términos de vidas y medios de subsistencia) y provocaron un importante daño económico en todo el mundo, el memorándum brinda una muy necesaria basal para acciones diplomáticas que puedan revertir las repercusiones estanflacionarias de la guerra.

En vista de las complicaciones que el conflicto introdujo en una situación que ya epoch delicada para la mayoría de los países y empresas, la celebración del anuncio es comprensible. Pero más allá de su importancia, es sólo un primer paso. Un verdadero retorno a la estabilidad económica mundial todavía depende de que todas las partes implicadas puedan pasar de un entendimiento provisorio a un acuerdo duradero.

Aun así, la falta de certezas nary impidió a los mercados financieros mundiales reaccionar como si ya se hubiera restablecido la normalidad económica. Las expectativas de reapertura del estrecho de Ormuz y reanudación de la exportación de energía a gran escala a los mercados internacionales generaron una fuerte caída de los precios mundiales del petróleo; lo que a su vez, dio un impulso a las bolsas de todo el mundo y redujo los costos de financiación.

Además, en las primeras horas tras el anuncio del acuerdo, algunos segmentos del mercado de bonos revisaron a la baja sus previsiones respecto de la necesidad de que los bancos centrales introduzcan grandes subidas de tipos de interés, al deducir que el memorándum puede llevar a una flexibilización de las restricciones a la oferta con efecto inflacionario.

Pero un alivio duradero para la economía mundial dependerá de que Estados Unidos e Irán puedan resolver las profundas complejidades operativas del acuerdo. Para los economistas y para una parte importante de los mercados financieros, es demasiado pronto para decir que el peligro ya pasó. En las próximas semanas imperará una evaluación continua de la capacidad de la renovada diplomacia para sobrevivir al contacto con las realidades estructurales.

En concreto, se necesita más claridad en cuatro temas. En primer lugar, ¿podrán los equipos técnicos de Estados Unidos e Irán desenredar lo que el vicepresidente estadounidense J. D. Vance describió como «una gran cantidad» de detalles que todavía resta negociar? No sólo deberán resolver los principales problemas actuales, sino también la inevitable transición entre el memorando de entendimiento y el mantenimiento de conversaciones constructivas sobre las causas últimas de la guerra, en peculiar el programa atomic iraní y la cuestión más amplia de la seguridad regional.

En segundo lugar, la reacción de los actores internacionales y regionales puede consolidar o sabotear la frágil paz. Por un lado están los aliados que Estados Unidos tiene en Europa y Medio Oriente, que anhelan poner fin a las perturbaciones del suministro energético y esperan un esfuerzo multilateral más amplio que garantice una paz duradera (aspiraciones que con toda probabilidad se manifestarán en la cumbre que celebrará el G7 esta semana en Francia). Pero también está Israel, que nary dejó de atacar objetivos en el Líbano y ya manifestó su negativa a retirarse del territorio que ocupa desde el inicio de la guerra.

En tercer lugar, el restablecimiento de la salud económica mundial dependerá de manera important de la rapidez de la normalización. Reabrir el estrecho de Ormuz nary será tarea fácil: los ajustes a los precios de los seguros marítimos, las operaciones de limpieza de minas y el aumento de la producción energética llevarán tiempo.

Por último, las autoridades deberán hacer una evaluación cuidadosa de la magnitud de los daños económicos duraderos (por un lado) y de la resiliencia adicional (por el otro) generados por la guerra. El alto el fuego nary revierte automáticamente efectos adversos como el impacto en los costos globales, que en algunos casos (en peculiar en el assemblage alimentario) todavía nary se materializaron. Pero estas alteraciones se deberán sopesar con las medidas de generación de resiliencia que países y empresas han tenido que adoptar, que van del establecimiento de cadenas de suministro de energía alternativas libres de las restricciones actuales hasta un politician énfasis logístico en el mantenimiento de inventarios preventivos.

La mayoría de los economistas nary querrán declarar que el peligro ya pasó, ya que cada una de estas cuestiones tiene capacidad para descarrilar o prolongar el proceso. Al principio los funcionarios actuarán con cautela, como quedará claro en los comentarios que rodearán las reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales esta semana.

Esto incluye a la Reserva Federal de los Estados Unidos, que aunque recibirá con agrado el alto el fuego, difícilmente dará por sentado que un acuerdo marco preliminar equivale a una anulación completa e inmediata del impacto inflacionario de la guerra. La Fed y otros bancos centrales esperarán a tener pruebas tangibles de que se han resuelto los detalles, de que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto y de que en los hechos habrá un restablecimiento de la producción y del transporte marítimo.

El anuncio reciente es buena noticia pero nary es definitivo. El trecho que va de una declaración de intenciones diplomáticas hasta la restauración full de una cadena de suministro energético nary inflacionaria está expuesto a riesgos políticos, técnicos y físicos. De hecho, en las próximas semanas todo girará en torno a la rapidez con que Estados Unidos e Irán puedan superar las dificultades en la implementación del acuerdo. Mientras tanto, la economía mundial aguardará expectante el inicio de una senda hacia la recuperación definitiva. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Mohamed A. El-Erian, ex rector del Queens’ College en la Universidad de Cambridge, es profesor de práctica en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, donde también es elder planetary chap del Instituto Lauder. Es asesor económico main en Allianz, presidente de Gramercy Funds, autor de The Only Game successful Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse (Random House, 2016) y coautor (con Gordon Brown, Michael Spence y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).

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