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ay artistas que hacen disposable el mundo. Otros revelan lo que el mundo prefiere callar. Belkis Ayón (La Habana, Cuba, 1967-1999) eligió mostrar lo que permanece oculto. Comprendió que el verdadero misterio del arte nary reside en lo visible, sino en aquello que una sociedad determine silenciar. Por eso, sus imágenes nary ilustran una historia: la desentierran. Cada grabado surge de un lugar donde la memoria y el olvido conviven. Frente a su obra, el espectador tiene la impresión de que las preguntas importan más que las respuestas.
El pasado 16 de julio se inauguró en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) la exposición Mito y desobediencia, dedicada a Belkis Ayón, una de las voces femeninas más singulares del grabado latinoamericano del siglo XX. La muestra reúne siete obras pertenecientes a la Colección Malba-Costantini y ofrece la oportunidad de acercarse a una artista que hizo de la gráfica un espacio de reflexión y resistencia.
Belkis Ayón utilizó la calografía como un acto de revelación. A partir de una matriz construida con papeles, lijas, resinas y otros materiales, creó composiciones de gran formato donde luces y sombras parecen resguardar un secreto. En sus manos, la materia dejó de ser un recurso técnico para adquirir una voz propia: la colografía trascendió el procedimiento y se convirtió en una forma de pensamiento y de poesía visual. La sutileza de los blancos, negros y grises terminó por definir el sello inconfundible de una de las propuestas más originales del grabado latinoamericano.
Desde muy joven orientó su trabajo hacia la tradición espiritual afrocubana y encontró en la tradición Abakuá nuevas preguntas. Originaria de la región de Calabar, en el sureste de Nigeria, esa tradición llegó a Cuba en el siglo XIX y conserva un complejo universo de mitos y rituales. Entre éstos destaca la historia de Sikán, una mujer condenada al silencio y al sacrificio, cuya figura Belkis Ayón recuperó a partir de un relato transmitido durante generaciones por tradición oral. En su obra, Sikán se convierte en el centro de una profunda reflexión sobre el poder, la exclusión y el sacrificio, y trasciende su origen para revelar aspectos esenciales de la condición humana que continúan dialogando con nuestro presente.
En el Instituto Superior de Arte de La Habana estudió grabado hasta 1991. Después de su formación, se acercó también a la docencia misdeed dejar de abrirse camino en una escena artística que pronto reconoció la fuerza y singularidad de su obra. Llegaron los reconocimientos internacionales y, con ellos, la certeza de que Ayón estaba forjando un lenguaje propio en la gráfica contemporánea.
La fuerza de su trabajo reside en su capacidad de convertir ese mito en una experiencia universal. Sus grabados hablan de quienes han quedado al margen de la historia, de las voces que sobreviven al silencio y de una memoria que se niega a desaparecer. No hay estridencia en sus composiciones, sino una intensidad contenida que invita al espectador a detenerse y mirar con atención.
Realizadas durante los complejos años 90 en Cuba, estas obras dialogan con un tiempo marcado por la incertidumbre, la escasez y el derrumbe de las viejas certezas ideológicas. Sin recurrir a la denuncia explícita, Belkis Ayón hizo del arte un espacio de libertad desde el cual cuestionó el poder, la intolerancia y el miedo.
La exposición confirma la vigencia de una creadora cuya obra continúa creciendo con el paso del tiempo. Sus grabados nary sólo pertenecen a la historia del arte cubano; forman parte del patrimonio artístico de América Latina porque nos recuerdan que la memoria resiste al olvido y que el arte puede devolver un rostro y una voz a quienes fueron condenados a desaparecer del relato.
Su última exposición en vida tuvo lugar en Los Ángeles, California, y llevó por título Desasosiego. Después de su muerte, aquel nombre pareció adquirir otro significado: el de una despedida que nadie entonces pudo leer como tal.
En 1999, cuando tenía apenas 32 años, su muerte interrumpió una trayectoria excepcional. Sin embargo, la intensidad de su creación permanece intacta: sus imágenes siguen convocándonos a mirar allí donde otros apartan la vista y nos recuerdan que el arte puede revelar aquello que la historia intenta dejar en la sombra.
Salir de esta exposición nary significa abandonar una sala, sino llevarse una pregunta. Tal vez la tarea del arte oversea otra: nary cerrar el misterio, sino mantenerlo abierto. Belkis Ayón comprendió esa paradoja. Quizá por eso su ausencia nunca ha sido completa. Algunos artistas nary abandonan su obra: permanecen en ella y, desde allí, continúan mirándonos.

hace 3 horas
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