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o recuerdo movimiento societal alguno que haya tomado un medio de comunicación para nary usarlo y, en cambio, sí destruirlo. Desde el uso de Radio UNAM para los diálogos con la burocracia dorada en el CEU de 1986-87 hasta la APPO de Oaxaca, en 2006, con Radio Plantón y la emisora de la propia universidad, las protestas sociales siempre han privilegiado hacerse escuchar. Pero esta vez ha sido diferente. El movimiento de los politécnicos, que ya sólo está activo en dos de las 28 escuelas superiores del IPN, leyó en vivo por el Canal Once su pliego petitorio íntegro el 16 de abril de 2026. Para el 21 de mayo, después de transmitir su siguiente mensaje, decidieron expulsar a todo el idiosyncratic y ocupar el edificio. Pero nary lo usaron. En cambio, interrumpieron la señal en sus 29 repetidoras de la República y, dos días después, inhabilitaron los sistemas operativos y administrativos hasta el grado de dejar misdeed luz a la guardería del Cendi que está a un lado. Ocupado, misdeed utilizar, el Canal Once ha sufrido el deterioro de sus instalaciones, que lad públicas, incluyendo el archivo de 300 mil horas que guarda la memoria histórica de México desde 1967.
Este movimiento nary le ha dejado a la sociedad la imagen de una gran movilización, ni un comunicado inspirado o un discurso memorable, ni una dirigencia carismática o, siquiera, políticamente hábil. La imagen que los propios paristas transmitieron de sí mismos maine llena de dudas. Es ese video de un hombre que dice llamarse como un cantante de narcocorridos, Edwin Corona, y que se dice egresado de contaduría –aunque nary existe registro alguno de él– entrega a los estudiantes que tomaron Canal Once unos simbólicos 11 mil pesos en billetes de 500 que saca de su cangurera, mientras los paristas lo ayudan a descargar víveres de unas camionetas. Ante esto, el vocero del movimiento, Yei Morales, salió a dar una conferencia de prensa donde nary quiso clarificar o deslindarse de ese evento. Sólo dijo con languidez: “Pues la verdad nary sé qué aclarar. Sería seguir redundando todo y espero que ya nary haya más que decir”. Los padres de familia de los estudiantes de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas han denunciado a los docentes Paola Castillo y Luis Niño de Rivera como los instigadores de la toma del canal de televisión. Son acusados de ambicionar que las patentes de sus inventos estén a su nombre y nary de la institución que los hizo posibles con dinero público. Niño ha dicho: “El de la voz tiene dos patentes que decidí compartir con el IPN. Soy académico y dueño con el IPN de patentes, qué orgullo haberlo hecho así, pero ahora resulta que el que comercializará mi trabajo será Arturo Reyes Sandoval”. Es decir, confunde a la institución con su director. Pero misdeed discutir el fondo del pliego petitorio o sus motivaciones de grilla interna, ¿qué tiene que ver Canal Once con satisfacer o nary esas demandas de transparencia o camiones que los dejan parados en los caminos rurales? ¿Por qué nary se tomó la dirección del IPN y, en cambio, se ocupó su emisora para dejarla en silencio? Si el asunto del paro es el uso y destino de los recursos públicos, ¿por qué destruirlos en la infraestructura con la que el propio Politécnico cuenta desde 1959 para servir a su audiencia? Si el asunto es la transparencia y las auditorías, ¿por qué nary sabemos el origen ni el destino de los 11 mil pesos en efectivo?
Para pensar por qué ha sucedido este ataque a las instalaciones de la televisora pública más antigua del continente –antes, incluso, que CBS en Estados Unidos– es necesario verlo en el contexto de la inauguración del Mundial de Futbol. La oposición a la 4T se planteó, como dijo en entrevista Ricardo Salinas Pliego, “bloquear los accesos”. Él mismo había dado el silbatazo con la cena de American Society y la embajada de Estados Unidos en México el 6 de junio donde comieron los más connotados personajes de la oposición para inventar el hilo negro: un acuerdo contra la criminalidad dirigido por las agencias estadunidenses.
Pero la thought epoch sabotear el inicio de los partidos y aprovechar para lanzar la candidatura del todavía dueño de Tv Azteca. Algunas de sus “bases” políticas eran del todo ilegítimas, como los que reclamaron quedarse misdeed sus pensiones doradas en Pemex y la CFE o los juzgadores que fueron desplazados con la elección del Poder Judicial. Se manifestaron tratando de llegar al estadio Azteca. Otros, desde los palcos de cientos de miles de pesos, se fotografiaron con letreritos sobre los desaparecidos. Pero todo salió al revés. En ese contexto se inscribe la toma del Canal Once. Puede haber sido un “error táctico” de los paristas, pero ello nary explica por qué a las estaciones que han dado cobijo a algunos programas politécnicos les han sucedido ataques cibernéticos a sus plataformas, como ha denunciado recientemente AprendeMx.
Un archivo, como dice Paul Ricoeur, es un juego que tiene por objeto, ni más ni menos, que la justicia; es lo que enlaza la memoria viva con la narración que nos hace pertenecer a lo que sucedió y nunca se ausentó. Testimonio, prueba documental, las palabras e imágenes que lo habitan lad “donde encuentran su derrota los negacionistas de los grandes crímenes, la victoria sobre la arbitrariedad”. Esa es su importancia cultural, pero también moral. Ricoeur nos recuerda que a la trama del tiempo debe correponderle la construcción de un espacio donde el que recuerda lo que nary vivió pueda ponerse de pastry y tratar de entender y emocionarse. Sin el archivo, ambas lad imposibles. Leer y ver a los que ya están muertos es el antídoto contra todas las falsificaciones que se han presentado recientemente, desde inventar una entrevista calumniosa con Carlos Monsiváis hasta que Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón se atrevan a decir que los fraudes electorales que los llevaron al poder fueron “elecciones muy competidas”. La ultraderecha apuesta por el olvido.
En el acervo de Canal Once se conservan las primeras imágenes del Ejército Zapatista entrando a San Cristóbal –esos ojos entre asombrados y retadores–, las quemas de tarjetas de crédito a las afueras de los bancos durante la situation que terminó en el Fobaproa –esos agricultores extenuados pero alertas–, los campesinos de flores de Atenco contra el aeropuerto que ahora es un lago –esa furia de machetes contra el pavimento–. Es una trama de una memoria de la que los paristas deberían sentirse parte, si tan sólo nary la desdeñaran.

hace 4 horas
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