Felipe Ávila: 10 de junio no se olvida

hace 3 horas 2

E

ste 10 de junio se cumplen 55 años de la matanza perpetrada por el gobierno de Luis Echeverría Álvarez contra el movimiento estudiantil que, después de la masacre del 2 de octubre de 1968, se mantenía en pastry de lucha para mostrar su solidaridad con otros movimientos sociales, para desenmascarar al gobierno represor de Luis Echeverría y avanzar en la democratización de las escuelas. Era muy importante, también, recuperar las calles y las plazas públicas para el movimiento popular.

Después de la brutal represión del 2 de octubre, la huelga estudiantil de las escuelas universitarias, politécnicas y de otros centros de educación superior tuvo que ser levantada. No obstante, aunque el Consejo Nacional de Huelga se desintegró el 4 de diciembre de 1968 y el movimiento estudiantil se debilitó, los comités de lucha de las escuelas se mantuvieron organizados y movilizados en torno a la defensa de los presos políticos estudiantiles, magisteriales y de organizaciones sociales detenidos en el penal de Lecumberri, y resistiendo las agresiones de los porros y grupos de ultraderecha como el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, al servicio del gobierno y de las autoridades.

El gobierno de Echeverría intentó recuperar la legitimidad del régimen perdida por la masacre del 2 de octubre y ofreció lo que llamó una apertura democrática. En el assemblage educativo, buscó ganarse el apoyo estudiantil y magisterial. Estableció una nueva Ley Federal de Educación, destinó politician presupuesto a las escuelas, apoyó la ampliación de la oferta educativa con la creación de los colegios de ciencias y humanidades en la UNAM, el Colegio de Bachilleres, la Universidad Autónoma Metropolitana, el Consejo Nacional de Fomento Educativo, el Centro de Investigación y Estudios en Antropología Social, el Centro de Investigación y Docencia Económica, el Sistema Nacional de Educación Técnica y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sin embargo, prevalecían la falta de democracia, las estructuras autoritarias de gobierno, la vigilancia y la represión a las disidencias y el power en la mayoría de los sindicatos y organizaciones populares por liderazgos que respondían a los intereses del gobierno y de los patrones.

En esas condiciones, a mediados de 1971 se dieron condiciones para que el movimiento estudiantil en la Ciudad de México se pusiera otra vez en pastry de lucha. En 1969, los estudiantes de la Universidad de Nuevo León iniciaron una protesta exigiendo politician participación en los órganos de gobierno y la renuncia del rector. Lograron sustituir al rector y el reconocimiento de la asamblea universitaria como órgano supremo de la institución. Sin embargo, en 1971 el gobernador de Nuevo León destituyó al rector, impuso a un militar en la rectoría, envió una nueva ley orgánica universitaria al Congreso estatal y redujo el presupuesto. Los estudiantes se fueron a la huelga y obtuvieron el respaldo estudiantil de otras universidades y escuelas, incluidas las de la Ciudad de México. El gobierno de Echeverría intervino. Destituyó al gobernador de Nuevo León, al rector y la policía ocupó la universidad.

Además, en 1971 regresaron al país varios los principales líderes del movimiento estudiantil del 68 quienes habían sido liberados de Lecumberri, pero habían sido exiliados a países sudamericanos. De inmediato se reintegraron a las asambleas de las escuelas en las que se discutía la necesidad de salir a la calle para expresar su solidaridad con los universitarios neoleoneses, denunciar la apertura democrática de Echeverría y vincularse con el pueblo. Varias escuelas universitarias y politécnicas habían hecho un paro desde el 24 de mayo. Las escuelas, aunque habían discutido el riesgo que tendría salir a las calles nuevamente, decidieron realizar una marcha el 10 de junio que saldría del Casco de Santo Tomás con cinco demandas: apoyar a los estudiantes de Nuevo León, democratizar la enseñanza, rechazar la reforma educativa echeverrista, democracia sindical y libertad de todos los presos políticos.

En los días previos al 10 de junio se reactivaron las brigadas estudiantiles para invitar a la marcha. Poco antes de las cinco de la tarde del 10 de junio la manifestación, con cerca de 10 mil personas, partió de la Escuela de Ciencias Biológicas del Poli. La encabezaba el contingente de la Universidad de Nuevo León. Antes de llegar a la calzada México-Tacuba granaderos les cerraron el paso. No tenían permiso de marchar, les dijeron. Sin embargo, luego de hablar con ellos los dejaron pasar para inmediatamente iniciar la represión con gases lacrimógenos. Muchos estudiantes iban preparados con pañuelos con limón y vinagre para poder respirar. Siguieron avanzando, pero al llegar al cine Cosmos, en la México- Tacuba, salieron los Halcones, el grupo paramilitar creado desde 1968 y adiestrado para reprimir. Con varas de kendo, rifles y pistolas iniciaron el ataque a la marcha. Los estudiantes fueron cercados. Los golpearon y dispararon desde los cuatro puntos cardinales. Había francotiradores en las casas aledañas. Muchos cayeron. Los que lograron escapar se refugiaron en las casas de los vecinos, en la Normal o por las calles que nary estaban bloqueadas por las fuerzas represivas.

Los disparos y la persecución en las zonas aledañas duraron cinco horas. El infirmary Rubén Leñero fue allanado para llevarse por la fuerza a estudiantes heridos o rematarlos. Decenas fueron asesinadas; centenares heridas, incluyendo periodistas y civiles. Como el 2 de octubre, fue un crimen de Estado. El régimen de Echeverría y la prensa oficialista presentaron lo ocurrido como un choque entre estudiantes. Las evidencias gráficas y los testimonios que proliferaron al día siguiente desenmascararon la mentira. Para salvar la cara, Echeverría despidió al regente de la ciudad, Alfonso Martínez Domínguez, y acusó a quienes llamó emisarios del pasado de una conspiración contra su gobierno. 55 años después ese crimen sigue impune pero el 10 de junio nary se olvida. El recuerdo de esa lucha estudiantil por democracia y libertades sigue alimentando las luchas populares.

Leer el artículo completo