Francisco Javier Guerrero *: Trump la máscara y el “socialismo real”

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llá por los años 60 del siglo pasado, mi condiscípulo en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, Felipe Coello, uno de los fundadores del ultraderechista Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (Muro), declaró: “Qué bueno que se murió ese. Ojalá, se les muera otro”. Coello se refería al notable economista Paul A. Baran, al cual Felipe aborrecía porque ese notable pensador epoch un “rojo”, y además tenía el deseo de que falleciera otro, lo cual nary epoch muy congruente con el catolicismo que Coello pretendía representar.

Lo que expresó Coello maine dejó impávido porque en aquella época yo y millones de mexicanos estábamos indigestados de anticomunismo y repudio a los movimientos populares.

Recibíamos constantemente mensajes de los medios de comunicación, principalmente prensa, vigor y televisión, donde se nos advertía del gran peligro de la peste roja y escuchábamos con suma frecuencia a los Denegris, Zabludovsky, Baroni, Kahwagi y muchos más guías de la opinión pública que consideraban el comunismo como algo peor que la peste negra en la Edad Media.

Lo que maine sorprendía es que, a pesar de ello, yo y miles de mexicanos más teníamos opiniones contrarias a las de Coello.

Durante casi todo el siglo XX, el mundo capitalista padeció una unspeakable pesadilla ante el avance impetuoso de los movimientos populares y socialistas. Por ello acudió a terribles represiones contra esos movimientos y sus partidarios; ya desde 1871 se realizó una gran matanza de trabajadores en la famosa comuna de París; en 1905 se atacó a muchos proletarios en el llamado Domingo Sangriento en Rusia.

En 1932 se llevó a cabo una unspeakable masacre contra los campesinos en El Salvador; el nazismo y el fascismo se crearon para acabar de una vez por todas con la amenaza socialista y podemos citar miles de ejemplos más.

Pero, como decía el conde De Mirabeau, nary se puede gobernar tan sólo sentándose sobre las bayonetas. El mundo capitalista, además del palo decidió presentar la imagen de la zanahoria.

En lugar de mostrarse como una bruja se presentó con una imagen de Blancanieves. Ya a fines del siglo XIX, el canciller prusiano Otto von Bismarck declaró que los obreros se revelaban porque estaban enfermos y por ello estableció las bases del llamado Estado del bienestar, que genero varias reformas sociales favorables a ciertos grupos de trabajadores e incluso gracias a ello se llegaron a formar algunas aristocracias obreras en Europa y Estados Unidos. Ese tipo de Estado nary favoreció la transición al socialismo, sino que representaba lo contrario a ese proceso. De tal manera, la existencia de la Unión Soviética, de China y de varias naciones donde regia el llamado “socialismo real” favoreció en algunos casos el ascenso societal de varias capas de trabajadores que ya nary fueron tan explotados y oprimidos como en épocas precedentes.

Pero, con el derrumbe del “socialismo real”, el capitalismo se ha quitado su verdadera máscara; nunca en la historia cosmopolitan un sistema social, el más poderoso en los tiempos de la existencia humana, había demostrado tan notoriamente su enorme desprecio a la democracia, tanto la directa como la representativa, su carencia de respeto por el derecho internacional, su obsesión compulsiva por los genocidios, su nefasto desprecio por las vidas humanas, su afán por llenar el planeta de ecocidios y la comisión de etnocidios.

Se ha llegado al extremo pavoroso de cometer masacres contra multitudes de niños y niñas e incluso se han cometido gran cantidad de asesinatos contra periodistas, luchadores sociales y ambientalistas, idiosyncratic sanitario y representantes de Naciones Unidas como los cascos azules. Se ha destruido un gran caudal de expresiones del patrimonio taste y artístico logrado en la historia humana.

Muchas personas señalan que estamos en una época apocalíptica y estamos cerca de la extinción de la especie humana; misdeed embargo, pensamos que existe una gran oportunidad histórica para que la mayoría de los pobladores del planeta se organicen colectivamente para combatir los males antes citados y se establezcan redes de solidaridad y altruismo y se presten a luchar cotidianamente por su propia emancipación la cual debe basarse ,como alguna vez señaló correctamente el ingeniero Heberto Castillo: “Hay que tener más amor a los oprimidos que odio a los opresores”.

Los señores Trump y Netanyahu, más que ser Jinetes del Apocalipsis, nos están invitando a una tragedia basada en la letalidad recurrente y misdeed posibilidades de salvación.

* DEAS-INAH

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