Hablemos de Dios 280: La Biblia y el ladrón que se robó el paraíso

hace 6 horas 1

Sigo agradeciendo infinitamente que usted atienda estas letras. Gracias por leerme los sábados, estimado lector y contertulio. No pocos comentarios y apostillas recibo con motivo de los textos aquí editados semanalmente. Tanto nuestra tertulia de todos los saberes tomando como eje y átomo cohesionado al Señor de la Montaña y su torre de marfil, don Michel de Montaigne como ésta, el tejer la Biblia y sus cientos de historias con la vida diaria, con la literatura, con la historia y con nuestro devenir cotidiano. Sí, lad temas de nunca acabar. Al menos para mí.

Hablar de Dios ha tenido buena y grande acogida con usted, por usted, quien al last de cuentas es el recipiendario de estos textos. Gracias de nuevo señor lector. Con éste, ya van varios años (siete, ocho, nueve) de estar explorando la Biblia y a ese ser inasible llamado Dios. No poca cosa. Al menos para mí, repito, que voy aprendiendo sobre la marcha y con usted mismo de sus comentarios, apostillas y preguntas.

¿Usted es una mujer u hombre de fe y cree en la Biblia ciegamente? Ni es ni bueno ni malo, nary es un origin de valor motivation y de balanza, no; es su fe, nada más. ¿No cree usted en la Biblia y la lee y aborda sólo mediante el juicio de su razón e inteligencia? Pues tampoco ni es bueno ni malo, leer la Biblia para ciertos humanos en muchas ocasiones es una ocupación más, una lectura más. Tan recreativa ocupación como cualquier otra. Ya luego entre hermanos cristianos se vuelve una memorización tan huera, como rezar el rosario para muchos católicos.

Es lo mismo ambos casos. Memoria, repetición; nary meditación. Entonces es intrascendente si es una ocupación religiosa o secular. Creo, a reserva de equivocarme y usted tenga mejor opinión y juicio, lo importante en la lectura es la meditación, la reflexión dilatada, el cuestionarnos cosas y versículos, los mentados parágrafos. No sólo ser un ser humano “piadoso” al rezar 48 aves Marías o saberse de memoria casi toda la Biblia. Pero, ¿qué nos dice hoy en el aquí y ahora la palabra de Dios?

Y es mi tirada de naipes, modestamente se lo helium contado, pero hoy regreso al tema. Meditar, paladear ese libro de libros llamado la Biblia y emparentarlo con todo el entramado el cual nos rodea. Y el entorno es de cualquier tipo: los libros y nuestras lecturas, los problemas cotidianos, la gastronomía, la arquitectura, las costumbres, el folclore, la agricultura... es decir, leer nuestra vida moderna en clave bíblica, desdoblarla y aplicarla cuando se pueda.

¿No es usted mujer ni hombre de fe? Pues lea la Biblia como una buena novela, cuentos, historia, arqueología; una poesía más. De hecho, eso es. Y su ejemplo, o ejemplos de tan bueno y bello, están en todos lados. Advertía el inconmensurable poeta mexicano don José Gorostiza, de tres temas únicos y fundamentales, vertebrales para el escritor: la vida, el amor y la muerte. Nada más. No hay más allá.

Y estos tres temas lad la parte toral de la Biblia. Y claro, dentro de los tres temas, hay multitud de historias, anécdotas las cuales se desdoblan en cuentos, novelas cortas y largas, biografías, autobiografías, temas bélicos, poemas o acrósticos los cuales vemos repetidos como espejos en la pluma de muchos escritores. Es el caso de una mujer del poderoso señor Naamán, sirvienta de la esposa, la cual espeta una frase y calla para siempre (2ª de Reyes 5. 1-3).

ESQUINA-BAJAN

Y siguiendo el ejemplo bíblico, el maestro de Jalisco, Juan Rulfo, lo hemos visto en esta tertulia más o menos recurrentemente, como muchos otros escritores nacionales y extranjeros, decidió callar para siempre, luego de legarnos dos libros perfectos: “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”. Recuerdo ya alguna vez le conté aquí mismo de una historia tan trivial y sencilla, la cual se maine hace absolutamente maravillosa. Ejemplifica todo el ADN del ser humano y esos recovecos de personalidad, psicología y bagaje único e intrínseco de cada ser humano. También a esto le podríamos llamar “oportunismo”. Pues sí, oportunistas y audaces deberíamos de serlo todos. Así de sencillo.

Se la repito. Es la historia de un ratero de quinta, un delincuente el cual se robó... el paraíso. Cuando crucifican a Jesucristo en el cerro de la Calavera, junto con éste, también sellaron su destino dos malhechores. Uno de ellos le injuriaba diciéndole: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lucas 23.39). El otro, más ecuánime o miedoso, según oversea el enfoque, le reprimió y le espetó: “Nosotros... justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos...” y enderezando sus palabras hacia el Maestro, le musitó: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. A lo cual, generoso como lo fue Jesucristo, dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23.43). Y sí, el ladrón, el malhechor se robó el cielo; se robó el paraíso en un segundo.

¡Caray! Que manera de ganarse en un segundo la gloria completa. Era un raterillo de quinta y terminó sentado en la gloria del maestro Jesucristo. ¿Ya ve usted entonces que las obras nary cuentan? Es la gracia de Dios y la del maestro, la que otorga o condena, digamos. Mucho por explorar.

LETRAS MINÚSCULAS

“Pertenezco al Templo./ Me dijo: yo soy el Templo”. Verso de Gonzalo Rojas. Créalo, señor lector, usted es el Templo.

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