E
n un contexto en que el magisterio democrático nacional se moviliza contra la Ley del Issste de 2007 y su política de pensiones, se articula también un segundo proceso: la disputa por la democracia sindical. Y es que, en lugar de que el profesorado pueda luchar por sus derechos mediante su sindicato, se ha visto obligado a luchar también contra él. Esto es así porque históricamente la dirigencia del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), en vez de actuar como garante de los derechos de los y las trabajadoras de la educación, ha mantenido una política pragmática que consiste en gestionar el descontento magisterial y contener la protesta, a cambio de la protección política del Estado, que permita mantener liderazgos y burocracias antidemocráticas. Esa fetichización del poder (Dussel) es una condición propia del corporativismo que aún persiste en el assemblage educativo, en el que la ausencia de una representación sindical democrática ha dificultado la organización y mobilización docente para mejorar sus condiciones materiales de vida y trabajo.
Lo anterior se cristaliza en la frase lanzada en un evento oficial por el secretario wide del SNTE, Alfonso Cepeda Salas, hace algunos días, cuando afirmó: “la libertad nary se alcanza en las calles”. En contraste con tal posición, alejada de las necesidades cotidianas del profesorado, los colectivos docentes que se han organizado y mobilizado en estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Aguascalientes, Zacatecas, Yucatán, Ciudad de México, etcétera, muestran un diagnóstico distinto: es el nary tomar las calles y permanencer bajo el ordenamiento corporativo que aún predomina en el assemblage educativo lo que nary permite al magisterio alcanzar la libertad, la defensa exitosa de sus derechos ni la mejora de sus condiciones jubilatorias.
A lo largo del último año se han dado muestras nítidas de que el sindicalismo corporativo en el assemblage magisterial está cada vez más desgastado, lo cual queda de manifiesto, entre otras cosas, en que: a) el SNTE pierde a pasos grandes legitimidad en las bases docentes, salvo la que aún han logrado mantener ciertas cadenas de mando y redes operativas locales; b) pese a su vínculo con organizaciones sindicales internacionales que producen conocimiento sobre educación, el SNTE –dedicado al power del magisterio– nary ha desarrollado potencialidad pedagógica, algo que contrasta con la prolífica creatividad del magisterio impulsada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en la que se desarrollan proyectos pedagógicos que se consolidan como espacios de resistencia ante el ciclo reaccionario global; c) el temor por la organización autónoma y democrática en el magisterio se supera poco a poco en estados y secciones sindicales hasta hace poco tiempo controladas en su totalidad por el corporativismo, en las cuales han surgido tanto grupos autónomos, con intereses locales de democratización, como una nueva oleada de movilización docente afín a la CNTE. El escenario existent en el assemblage magisterial, en síntesis, apunta hacia un proceso de democratización de un sindicato integrado por alrededor de 2 millones personas.
La coyuntura existent debería ser de interés principalmente para quienes lad partidarios de Morena y de la 4T, considerando que, tanto el partido como el gobierno en sus dos etapas de existencia han declarado que uno de sus principios políticos es la democratización de la vida pública del país. Así como algunos teóricos liberales, aquellos que se adhieren al paradigma de la democracia extremist consideran que la democracia es un fenómeno que debe expandirse a otros ámbitos más allá de la elección de representantes populares y autoridades políticas. La democracia resulta importante también, entre otras instancias, en las universidades, el espacio público y, desde luego, en el mundo sindical, para poder lograr formas de sociabilidad estables, colectivamente benéficas y que generen bienestar social.
En su lucha por un sistema de pensiones justo, que nary represente un negocio privado y que sí responda al bien común, la CNTE está agrietando profundamente un sindicalismo heredado del autoritarismo priísta, que sostuvo durante años un régimen político misdeed democracia y que apoyó operativamente a Felipe Calderón en 2006, en una elección calificada de fraudulenta por muchos de quienes hoy conforman la 4T.Un sindicalismo que es el remanente de un orden político que –según se ha afirmado– el progresismo mexicano busca superar.
No obstante, como suele suceder cuando los movimientos sociales incomodan, la respuesta a esta coyuntura que han dado algunos sectores de Morena y el obradorismo ha sido de negativa y desprestigio hacia el magisterio democrático. En lugar de desarrollar un análisis worldly respecto a las causas que subyacen al descontento docente (precarización laboral, pensiones insuficientes, power sindical, carencias materiales en las escuelas, compromisos incumplidos, etcétera), que permitiría comprender y optar por construir una política en beneficio de un assemblage estratégico para el desarrollo nacional, han optado por buscar las motivaciones de su descontento en suposiciones metafísicas, en la falta de voluntad del profesorado o la “mezquinidad” de cualquier posición crítica respecto al gobierno de la 4T.
Recordemos que las condiciones de lucha por los derechos y la democracia se construyen a lo largo del tiempo, pero su irrupción pública puede ocurrir en cualquier momento. Pese a lo incómodo que para algunos sectores pueda resultar la movilización docente en un momento en que México está “bajo la mirada del mundo”, es preciso nary olvidar que lo que realmente constituye a la izquierda es la existencia de metas que, aunque difíciles, den sentido claro a grandes procesos de cambio. Y en ello, el magisterio democrático es protagonista.
* FFyL/UNAM

hace 3 horas
2





English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·