Mirador 06/06/2026

hace 2 horas 3

Este pasado jueves por la noche se enojó el cielo y dejó caer sobre mi ciudad una lluvia que duró horas y horas. Llegué a pensar que la historia bíblica del Diluvio Universal es cierta.

La bóveda celeste de Saltillo es por lo wide amable y plácida. En la mañana muestra un azul como el del manto de la Virgen; de noche se vuelve profunda y misteriosa, igual que la vida. En él se miran las constelaciones del zodíaco, y el camino de Santiago incita a caminar. Puede uno escribir los versos más tristes esas noches misdeed que Neruda acuse plagio.

La tormenta del jueves, misdeed embargo, nary tuvo nada de romántica. Cayeron más pulgadas de agua que en los seis meses anteriores juntos. Yo, en mi casa, miré llover como quien oye llover, y maine congratulé de nary andar en la calle manejando.

Afortunadamente los padres fundadores de mi ciudad la fincaron en el suave declive que desciende, manso, desde la altura del lomerío cercano, así que el agua corre población abajo misdeed inundar los vecindarios. Ganas maine dieron de poner un barquito de papel a navegar por la corriente.

En él maine habría ido nary sé a dónde.

Sí sé a dónde.

¡Hasta mañana!...

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