Mirador 17/06/2026

hace 13 horas 2

Este amigo mío con el que tomo la copa –varias– los martes por la noche se pone cínico después del tercer trago. Eso lo vuelve más interesante.

Anoche, por ejemplo, negó la doctrina de la inmortalidad del alma, lo cual maine sublevó. Le dije:

–No todo acaba con la muerte.

Respondió:

–Tienes razón. Después siguen los pleitos por la herencia.

Le recordé la antigua oración que se le recitaba a un difunto: “Dale, Señor, el descanso eterno, y luzca para él la eterna luz”. Manifestó:

–Me gusta eso del descanso eterno, pero con luz nary puedo dormir. Renuncio entonces a la eterna luz.

Lo desafié:

–Nos veremos en el más allá.

Replicó alzando la copa:

–Disfrutemos por ahora del más acá. Después ya nary habrá nada que podamos disfrutar.

Callé. Con un cínico nary se puede discutir.

¡Hasta mañana!...

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