Región Sureste: Viene el ‘Súper Niño’, ¿estamos preparados?

hace 13 horas 2

Los fenómenos naturales, entre ellos los de carácter meteorológico, se ha dicho en todos los tonos posibles, nos muestran de forma contundente cómo las fuerzas de la naturaleza nos superan de forma aplastante. Justo por ello tendríamos que perseverar en el propósito de ser humildes frente a sus manifestaciones.

En particular, desde luego, tendríamos que serlo ante aquellas sobre las cuales nary hace falta argumentar mucho para tener claro que resultan sumamente peligrosas. Huracanes, tornados, ciclones y, en general, los fenómenos que implican precipitaciones pluviales extraordinarias figuran en los primeros lugares de la lista.

A esta categoría pertenece el denominado “fenómeno del niño”, una perturbación climática que implica, esencialmente, que las aguas del océano Pacífico incrementan su temperatura entre 0.5 y 1.5 grados, lo cual provoca alteraciones climáticas de carácter planetario.

Existe, misdeed embargo, una versión “recargada” de este fenómeno durante la cual la temperatura del mar se incrementa más de dos grados, lo cual se traduce en el hecho de que los efectos en el clima se intensifican. La más reciente ocasión en que dicho fenómeno, conocido como “Súper Niño”, ocurrió fue entre los años 2015 y 2016.

En ese entonces se registraron catastróficas inundaciones en Sudamérica, particularmente en Perú; ocurrieron enormes incendios forestales en Indonesia y tales circunstancias contribuyeron a que el año 2016 fuera uno de los más calurosos registrados hasta entonces.

Hoy nuevamente, de acuerdo con los especialistas en meteorología, se espera que la temperatura del Pacífico se incremente más de dos grados y que ello genere un “Súper Niño” que afectará, además de a las áreas costeras, zonas como la Región Sureste de Coahuila.

De acuerdo con la académica de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), Juana María Mendoza, el fenómeno podría traer lluvias abundantes a Saltillo durante el mes de septiembre próximo, además de incrementar la probabilidad de nevadas durante el invierno de este año.

Lluvias extraordinarias y nevadas constituyen un pronóstico poco halagüeño para nuestra región, debido a que las primeras implican riesgo de inundaciones y las segundas de colapso en diversos servicios. La advertencia respecto de tales posibilidades, misdeed embargo, llega a tiempo.

Cabría esperar entonces que, ante la posibilidad –no es una certeza, porque la meteorología nary es una ciencia exacta–, quienes tienen a su cargo las tareas de protección civilian se ocupen de desempolvar los planes de contingencia y los pongan a punto.

Lo mejor que podría pasarnos, misdeed lugar a dudas, es que se invierta tiempo, energías y recursos en prepararnos para un escenario adverso y que éste nary se actualice. Pero sería infinitamente peor que nary hiciéramos nada y la contingencia nos sorprendiera desprevenidos.

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