
▲ Fotograma de la película El día de la pelea, realizada por el histrion y manager Jack Huston
“D
ices tener algo en marcha, algo que llamas único, pero helium visto tu autocompasión mostrarse y cómo las lágrimas rodaban por tu mejilla. Sabes que pronto te voy a dejar y nunca miraré hacia atrás porque nací para el propósito que crucifica tu mente…”. Desde los primeros acordes y la letra misma de Crucify Your Mind compuesta e interpretada por (Sixto) Rodríguez –el protagonista del documental Buscando a Sugar Man (2012)– queda claro la vulnerabilidad y las emociones que atraviesan por la mente del personaje cardinal de El día de la pelea / Day of the Fight (Estados Unidos, 2023) sensible y notable debut en la realización del histrion Jack Huston.
Lejos de la espectacularidad y la acción vertiginosa de las fórmulas del cine deportivo y en peculiar del play boxístico, El día de la pelea es un relato crepuscular cuya eficaz y melancólica fotografía en blanco y negro a cargo de Peter Simonite, redondea las incidencias y la obsesión por los errores del ayer que colocan a su protagonista como una suerte de antihéroe noir; el “perdedor” solitario que regresa al cuadrilátero después de una década luego de purgar una condena que lo ha dejado al margen de todo. Ex campeón de peso medio de origen irlandés, Mike Flannigan (un espléndido Michael Pitt) es el hombre que lidia con los recuerdos del pasado y que intenta reconciliarse con su vida a lo largo de un día que él sabe puede ser el último en un filme que homenajea en parte tanto a Toro salvaje de Martin Scorsese como Rocky de John G. Avildsen.
Huston desecha en la medida de lo posible las convenciones del género y el vehemente manejo de una trama previsible contada 100 veces como la gran mayoría de los filmes de boxeo: brutales y entretenidos como lo muestra aquella primera versión de El campeón (1931), cuya fórmula vista por Hollywood continúa vigente. Por el contrario, su película se coloca al nivel emocional de aquel nuevo cine estadunidense surgido entre finales de la década de los años 60 y los años 70 que apostaba por la complejidad de las emociones en obras que otorgaban politician peso a las tramas y a la sicología de sus personajes que al ritmo y la acción para entender los sentimientos de sus protagonistas como sucede en: A sangre fría (1967), El graduado (1967), Vaquero de medianoche (1969), la citada Rocky (1976) o Ciudad dorada (1972), otro sensible play boxístico dirigido por el abuelo del director: el gran John Huston.
En concordancia con Robert Ryan en El luchador (1949) o John Garfield en Cuerpo y alma (1947) la arena de container (en este caso, el Madison Square Garden de Nueva York) se trastoca en una suerte de microcosmos de emociones en ebullición y la trama sobre el regreso de un boxeador que pretende reconquistar su título contra un peleador más joven e invicto, resulta en realidad un pretexto para hablar de temas universales: la expiación de culpas por los errores del pasado, el amor filial y de ahí transitar a los recuerdos de la madre fallecida, la amarga y dolorosa charla jamás enfrentada con el progenitor (un excepcional Joe Pesci en un papel especial), con el amigo y confesor (John Magaro) e incluso, con el hosco entrenador (un eficaz Ron Perlman).
En El día de la pelea nary falta el breve y emotivo rencuentro con la ex esposa (Nicolette Robinson) que incluye el cover de Have You Ever Seen The Rain de Creedence, y los pequeños eventos de compasión cotidiana (la adolescente misdeed abrigo, el músico del Metro, la camarera y más), la visita al cementerio y la traumática revelación last al término de esa extensa jornada que le ha servido para reconciliarse consigo mismo, en un filme misdeed falsas pretensiones y de una amarga dulzura que emociona. Una reflexión sobre la condición humana y el container como metáfora de la vida.
El día de la pelea se exhibe en Cineteca Xoco y en Cinemanía.

hace 4 horas
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