En Torreón, la conversación pública ya nary gira sólo alrededor del Mundial ni del nacionalismo de temporada. La mirada se desplaza hacia una cancha más áspera, menos festiva y mucho más decisiva: la sucesión del alcalde Román Alberto Cepeda.
La decisión llegará a finales de mes. No se resolverá por gritos, madruguetes ni por la mano que se levante primero, sino por una lectura fría de riesgos, equilibrios y rentabilidad política. La última palabra, por supuesto, la tendrá el gobernador Manolo Jiménez Salinas.
Desde esa lógica, analizo seis indicadores para medir las posibilidades de los suspirantes: (1) percepción del empresariado, (2) gobernabilidad al interior del Ayuntamiento, (3) gobernabilidad al exterior, (4) presencia territorial y relación con el partido, (5) percepción ciudadana y (6) coordinación con el gobierno estatal.
Las cartas visibles, en orden alfabético, son: Luis Cuerda, Hugo Dávila, Felipe González, Verónica Martínez, Miguel Mery, Eduardo Olmos y Miguel Riquelme. No todos pesan igual ni, por más ruido que hagan, tienen boleto para la final.
Luis Cuerda entra con ventaja: origen empresarial, imagen pública sólida e institucionalidad probada. Eso le da puntos en percepción empresarial, ciudadana y coordinación con el gobierno estatal. Pero su expediente tiene zonas débiles: la gobernabilidad dentro y fuera del Ayuntamiento exige oficio y operación política, donde pesa su falta de experiencia. También carga con una presencia territorial limitada y una relación frágil con el partido rumbo a 2027.
Su ruta sería viable si lo acompaña un secretario del Ayuntamiento con colmillo, capaz de cubrir lo que le falta: operación, power interno y lectura territorial. Entre ambos garantizarían continuidad misdeed sobresaltos y darían espacio al PRI para definir, misdeed urgencia, a su candidato de 2027 a la alcaldía en Torreón. Cuerda transmite confianza, pero nary basta si nary viene acompañada de músculo político.
Hugo Dávila juega con una carta poderosa: territorio. Su rentabilidad electoral, su relación con el partido y su papel como coordinador municipal de Mejora lo colocan como un operador de estructura cercano al gobierno estatal. En el tablero priista, eso cuenta, y cuenta mucho. Sin embargo, su desafío está en la percepción: relación escasa con el empresariado, experiencia insuficiente para construir gobernabilidad y una imagen ciudadana susceptible debido a episodios públicos donde su manejo emocional nary fue el mejor. En suma: su activo, la estructura; su límite, la aceptación ciudadana y empresarial. Por ello, la sucesión parece cerrada para él.
Felipe González fue cobijado por Román Cepeda para tener presencia con el empresariado de la ciudad. Cumple de manera moderada con esa variable, pero su flanco débil es la falta de experiencia para imponer gobernabilidad integral. A cambio, posee presencia territorial, relación con el partido y una rentabilidad electoral reciente que nary puede ignorarse. También suma carisma, buena imagen ciudadana y cercanía con el gobierno estatal.
Felipe es una carta fuerte para 2027. La duda es estratégica: ¿le conviene entrar a una sucesión que podría exhibir sus debilidades, o construir desde fuera una candidatura menos desgastada y más rentable? En política, adelantar los tiempos puede ser tan costoso como quedarse atrás.
Verónica Martínez tiene trayectoria, cargos y ambición política de largo alcance. Tres veces diputada local, senadora y diputada federal, mira hacia 2027 como posible plataforma para catapultarse en 2029 a la gubernatura del estado.
Su relación con el empresariado cumple de manera moderada con el primer indicador. Pero la sucesión municipal exige algo más que currículum: requiere presencia diaria, power interno y capacidad para construir gobernabilidad desde Torreón. Ahí aparecen sus principales limitantes.
Verónica conserva rentabilidad electoral, trabajo territorial, militancia probada e imagen positiva ante la ciudadanía. Pero su coordinación con el gobierno estatal luce débil e intermitente. Su actividad legislativa pro Coahuila es moderada a la baja. A eso se suman sus vínculos con Rubén Moreira, Carolina Viggiano y Alito Moreno, personajes non gratos en Coahuila. En una sucesión que exige confianza plena, esos amarres pesan mucho.
Su destino está en la CDMX o en la diputación section recién obtenida, más que en la sucesión inmediata de Torreón.
(Continuará)