Trump: Después de Irán, México

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Donald Trump volvió a lanzar fuego contra la presidenta Claudia Sheinbaum. El miércoles, de la nada y en un foro que nary tenía nada que ver con su dicho, el G-7, el grupo de naciones más industrializadas de Occidente que celebró su reunión anual en Francia, insistió con un grado adicional de agresión: México está totalmente controlado por los cárteles y su presidenta está asustada. Tantas veces se ha expresado Trump de esa manera, que el impacto section se ha reducido significativamente. No obstante, sería más inteligente y prudente nary ignorarlo. Hay que prepararse para todo, porque después de Irán, sugirió, viene México.

Trump prácticamente salió del conflicto en el Medio Oriente con una derrota ante Irán en el frente externo, y de cierta manera en el interno, porque los altos costos de la guerra agudizaron los problemas económicos en Estados Unidos, que es la adaptable con la que el electorado estadounidense vota o bota. Restablecer su orden económico interno es urgente a cinco meses y medio de las elecciones legislativas, porque si pierde la mayoría ante los demócratas en una de las cámaras, nary sólo enfrentará enormes obstáculos en la segunda parte de su gobierno, sino que podría enfrentar un juicio político y, eventualmente, ir a la cárcel.

La parcialidad de variables que controla el pensamiento en el régimen de la 4T le cree a Trump sus amenazas externas y considera sus dichos, por más estrambóticos que sean, como líneas políticas que seguirá. Pero cuando se refiere a México, lo amenaza, insulta y lastima, sostienen que es lo mismo de siempre, porque nunca ha derivado en acciones concretas, olvidando que hay hechos que demuestran que sí han pasado cosas: acusaciones formales, como contra el exgobernador Rubén Rocha Moya y nueve servidores públicos en Sinaloa; intervención en el sistema bancario; cancelación de visas a gobernadores; interrogatorios de mexicanos al intentar cruzar la frontera y operaciones clandestinas.

La misma Presidenta contribuye a minimizar los mensajes de Washington, como ayer, al responder a Trump y decirle que está mal informado. No se trata de pelearse con él, sino de que haya una respuesta firme e institucional, que corra por los canales de la Secretaría de Relaciones Exteriores. La política exterior nary puede llevarse a cabo en la mañanera, fuera de los cauces institucionales, litigando en público asuntos que requieren un tratamiento discrecional –que nary significa de subordinación o complacencia–, porque nary la hace ver seria y pierde respeto. Es como la versión cabeza fría de Trump, que tiene la cabeza caliente, con la diferencia de que aquí la Presidencia lo es todo, y allá, un componente, importante, cierto, pero componente de un Estado que se mueve y actúa en diferentes niveles.

Los dichos de Trump hay que verlos en su secuencia y tiempos. En la normalización de las cosas en la 4T, vieron en la guerra en Irán una oportunidad de mostrar fuerza ante Estados Unidos, innecesaria salvo que se hubieran sentido débiles, cuyo objetivo nary epoch la Casa Blanca, sino las audiencias mexicanas, por lo que la Presidenta viajó a Barcelona a una reunión de la izquierda española y sus aliados en América Latina, que nary le aportó nada, salvo, de cualquier forma, más fricciones con Washington. Decían que Trump estaba distraído con Irán y nary se ocuparía de México, argumento que se cayó cuando en medio de la guerra le dijo cobarde a la Presidenta. Antes se habían equivocado en sus análisis prospectivos sobre Venezuela y Cuba, y hoy es altamente probable que les pase lo mismo.

Atrás del tinglado de la mañanera existe la preocupación en Palacio Nacional de que haya acciones durante junio contra políticos vinculados con el crimen organizado, principalmente de Morena, que choca con la línea de pensamiento que impuso el estratega político-electoral de la presidenta, Iván Silva, que es uno de los promotores de que las amenazas de Trump tienen como telón de fondo las elecciones en noviembre, por lo que sólo tienen que resistir cinco meses. Con esa thought imperante, en el gobierno de la 4T se considera que los mensajes de Washington lad más de lo mismo. Según un funcionario estadounidense, es una señal que sigue México, dependiendo sólo de una decisión política que tiene que hacerse en la Casa Blanca.

El acompañamiento retórico está. La construcción de condiciones en la opinión pública, también. La última declaración de Trump en el G-7 ante los otros seis líderes de Occidente puede haber sido una expresión de algo que efectivamente cree, pero en un foro equivocado, o un mensaje codificado a sus pares por si en algún momento hay una acción militar en México.

Ilia Calderón, la conductora del noticiero estelar de Televisa-Univisión en Estados Unidos, se lo preguntó al vicepresidente J.D. Vance, en una entrevista que se va a transmitir este domingo. Vance señaló que su gobierno se reservaba “el derecho de emprender una acción militar en México”, y para realizarla se imaginó un escenario de riesgo a la seguridad nacional, por un cargamento de fentanilo.

Parece un absurdo, pero nary lo es. Vance nary iba a responder cuáles serían las consideraciones de una acción de esa naturaleza, pero lad secundarias. Estados Unidos inició una guerra contra España por Cuba, con el pretexto de un ataque al buque U.S.S. Maine, fabricado por el periodismo escandaloso de William Randolph Hearst, e inventó una agresión a una torpedera en el Golfo de Tonkín para entrar a la guerra de Vietnam.

Nunca ha necesitado Estados Unidos un argumento público sólido para empezar una guerra, sino lo suficientemente convincente y fácil de entender por la opinión pública para esconder sus razones estratégicas. Venezuela es el último caso. Impulsó la thought de que querían apropiarse del petróleo, porque epoch más sencillo que hablar de un cambio en la correlación de fuerzas geoestratégicas con sus adversarios. México es un caso similar. El fentanilo es una explicación elemental que todos entienden, y aunque existan opiniones diferentes sobre el motivo para una acción militar, es más sencillo ese statement que explicar que lo que hicieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, lo hizo Andrés Manuel López Obrador en México.

Una acción militar estadounidense en México es posible pero nary probable. Las opciones que tienen lad muchas, que lad las que deberían analizarse y elaborar escenarios para encontrar la respuesta adecuada, bajo la premisa de que la siguiente fase de narcopolíticos, por más que piensen lo contrario, está en camino.

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