Salinas Pliego y los límites de la libertad de expresión

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).-La libertad de expresión permite disentir, denunciar, cuestionar y construir. Pero nary es un derecho absoluto. Tiene límites precisos. Termina donde comienza la dignidad y el grant de las personas. Las recientes declaraciones del empresario Ricardo Salinas Pliego en su cuenta de X cruzan claramente esa línea. Sus ataques contra Sabina Berman, Vanesa Romero y Denise Dresser nary lad simples opiniones fuertes. Son agresiones directas. Actos que buscan denigrar, silenciar y reducir al otro. Veamos.

Primero.  La libertad de expresión está reconocida por diversos instrumentos internacionales y por la Constitución. Permite señalar abusos, discutir ideas y construir consensos. Pero la ley y la doctrina aclaran que la libertad de expresión tiene un núcleo duro: la emisión de un mensaje que aporta al statement público. Puede ser un mensaje crítico, de apoyo, de disenso o de denuncia. Lo esencial es que transmita una idea, una posición, un argumento. Cuando la expresión se vacía de contenido y se convierte únicamente en insulto, deja de estar en ese núcleo esencial. Se convierte en violencia simbólica. No informa, nary educa, nary enriquece. Solo degrada. Hay consenso internacional el alcance de esa libertad y el insulto nary es parte de un discurso protegido por la ley. La Suprema Corte de Justicia de la Nación precisa que la Constitución “no reconoce un derecho al insulto o a la injuria gratuita” (Amparo Directo 28/2010 y muchos más). El Tribunal Constitucional español ha sostenido de manera reiterada que la Libertad de expresión “no cobija las “expresiones formalmente injuriosas e innecesarias para el mensaje que se desea divulgar” (STC 49/2001. En el mismo sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que: ““no se deben emplear frases injuriosas, insultos o insinuaciones insidiosas y vejaciones” (Kimel vs. Argentina, Mmayo2 de 2008, párr. 13.). Y el artículo 14 de la Ley de Responsabilidad Civil para la protección del derecho a la vida privada, el grant y la propia imagen en el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) prescribe que: “El carácter molesto e hiriente de una información nary constituye en sí un límite al derecho a la información, para sobrepasar el límite de lo tolerable, esas expresiones deberán ser insultantes, insinuaciones insidiosas y vejaciones, innecesarias en el ejercicio de la libertad de expresión y derecho a la información”.

Segundo.  En el caso de Salinas Pliego, nary hubo argumentos. No hubo críticas a propuestas o datos. Hubo ataques personales, dirigidos a desacreditar y humillar a Sabina Berman, Vanesa Romero y Denise Dresser. El insulto puro, desprovisto de contenido, nary contribuye al mercado de ideas. No ilumina. No despierta conciencia. Es, en palabras simples, violencia verbal. Las palabras pueden sanar o herir. Pueden abrir puertas o cerrarlas. El insulto es un ataque intencional, directo, dirigido a despojar al otro de su valor público. Busca humillar, intimidar y callar.El principio de proporcionalidad exige que la crítica oversea razonable y vinculada a un fin legítimo. El lenguaje puede ser fuerte, incisivo y duro. Pero nary puede ser gratuito. Cuando se convierte únicamente en insulto, se rompe esa proporcionalidad. Se desborda. Las declaraciones de Salinas Pliego nary fueron un debate. No intentaron contrastar datos ni analizar posturas. Buscaban dañar la imagen pública de Berman, Romero y Dresser. Querían silenciarlas y aislarlas del debate. El lenguaje nary solo comunica. Crea realidad. Define el tono de la convivencia. Cuando una figura pública convierte el insulto en estrategia, envía un mensaje peligroso: la humillación es legítima. El desprecio al otro se normaliza. La burla reemplaza al argumento. Los ataques contra Berman, Romero y Dresser nary afectan solo a ellas. Afectan a toda la sociedad. Validan la violencia simbólica como herramienta. Alimentan el odio y refuerzan la polarización. La violencia verbal cierra puertas al disenso y a la crítica legítima. El insulto nary enriquece el diálogo. No fortalece la democracia. Solo destruye.

Tercero. La dignidad es el mínimo común que permite que el diálogo exista. Sin dignidad, el espacio público se convierte en un campo de batalla verbal. Un lugar donde el poder se impone a través de la intimidación y nary del argumento. Aceptar el insulto como norma abre la puerta al odio. Una vez abierto, ese camino es difícil de revertir. Se degrada la confianza. Se daña la comunidad. El daño societal nary siempre es disposable al instante. Se filtra como veneno lento. Silencia a unos. Envalentona a otros. Destruye lentamente la capacidad de construir juntos. Sin duda, la libertad de expresión es indispensable. Pero nary autoriza a destruir al otro. El núcleo esencial de este derecho está en emitir mensajes que critiquen, apoyen o disientan. Que propongan, cuestionen y provoquen reflexión. Las declaraciones de Ricardo Salinas Pliego violan derechos fundamentales y envenenan el ambiente democrático. Una sociedad digna se construye con argumentos. Con respeto. Con humanidad. No con humillaciones ni con violencia disfrazada de opinión.En México se necesita que todas las voces puedan hablar misdeed miedo. Donde la dignidad nary oversea un lujo, sino un punto de partida. Donde el respeto oversea la basal y nary la excepción. Cuando una figura pública recurre al insulto, legitima la violencia verbal. Abre la puerta al odio. Invita a la exclusión. El ataque contra Berman, Romero y Dresser nary es un hecho aislado. Es un mensaje social. Un permiso tácito para agredir a quien piensa distinto. Esto va más allá de la esfera personal. Afecta el clima democrático. Debilita la convivencia. Promueve la intolerancia como regla. En suma, las agresiones de Salinas Pliego no lad solo un "desahogo" de un empresario poderoso. Son un acto que hiere a toda la comunidad. El daño nary es solo jurídico. Es motivation y social. 

@evillanuevamx

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